viernes, 1 de diciembre de 2017

Avicena - Tratado sobre el amor

Tenemos un tratado que contrasta con todos los demás libros que hemos presentado en este blog, pero, aunque el tema es distinto, el tema de desarrollarlo es similar pues se vuelven a ocupar los conceptos filosóficos aristotélicos y de otros filósofos. Tenemos este último tratado antes de terminar con la vida y obra de Avicena. Sin duda que el filósofo ha sido todo un descubrimiento (para mi) y mucho más lo será su concepción del amor que, bajo la mentalidad griega, estaba tan clara y resuelta. Veamos si Avicena nos ofrece algo nuevo en comparación a sus predecesores.

Referencias:

(1) Como siempre insisto,  hay que considerar los tiempos en que no se conocía el concepto de gravedad. 

Tratado sobre el amor


Capítulo I: Sobre el poder del amor como penetración en todos los seres

Avicena nos dice que todo ser tiende a la perfección y esa perfección tiene que ver con el amor que siente caad ser a sí mismo. Es decir, para Avicena, el amor es causa y fin de todos los seres ¿por qué sería causa? porque el amor es algo innato en el ser humano.  

Ahora, todo lo que cae dentro de una existencia se presenta en estas tres categorías


  1. Existe por una perfección específica
  2. Existe por un defecto máximo
  3. Vacila entre la perfección específica y el defecto máximo

Por supuesto, lo que es llevado al máximo defecto no puede ni siquiera existir. Ahora, el único modo en que lo que no-existe podría existir es en la metáfora y la metáfora solo puede existir por accidente. De lo que existe no puede existir mayor indagación pues lo que existe nos es evidente a todos. 

También podemos ver otras tres categorías en las cosas existentes:

  1. Ningún ser existente está desprovisto de perfección específica.
  2. Dicho ser no es responsable por su creación.
  3. El ser perfecto no quita ninguna perfección que no le corresponda al sujeto. 
Lo que Dios concede al ser humano como perfección es justamente el amor innato que tiene con otros. 

Es la voluntad de Dios la que hace que los seres sean junto con la incesante característica innata del amor. Solo existe un amor pues si fueran dos uno de ellos tendría que ser superfluo, y una existencia superflua que proviene de algo divino es absurdo. Por lo tanto, solo existe un solo amor.

Si todo lo bueno es deseable, entonces el amor es la esencia del bien siendo que el amor es lo más deseable de este mundo. Esto se ve incluso en la ausencia de los seres queridos, los cuales son añorados a que vuelvan a nosotros. Todas las cosas son aprobadas o por amor y son desaprobadas por aversión, y esta aprobación aumenta con el mérito que se tenga por la cosa deseada. 

Ahora, quien tiene la mayor cantidad de amor y a quien le debemos dicho amor es al ser necesario. 


Capítulo II: Sobre la existencia del amor en los seres simples y entidades inanimadas

Los seres simples se entienden de tres maneras:


  1. Verdadero sentido de la materia.
  2. No pueden subsistir en separación.
  3. No pueden subsistir en accidentes.

Los seres simples son constitutivos de las sustancias y las sustancias son subsisten como una sustancia en acto.

La existencia en acto no resulta necesariamente de la naturaleza de la materia. La verdadera naturaleza de las cosas no cambian con el tiempo porque es lo único definitivamente establecido en el ser humano. 

De hecho, como decía Aristóteles, la materia es inseparable de la forma; sin embargo, si la materia se separara de la forma, ésta tendría que buscar otra forma inmediatamente de manera imperceptible, debido a que la materia se aferra a existir y para eso necesita la forma, es decir, la materia no quiere no-ser.

Luego tenemos las maneras en que el amor innato existe:


  1. Por ser algo que no se separa del sujeto.
  2. La adherencia es siempre dirigida hacia la perfección.

Todos los seres simples tienen  esta adhesión a existir en cuanto tengan materia y forma, en otras palabras, la unión de la materia y la forma representa el amor que los seres se tienen así mismos, a su existencia. 

Capítulo III: Las formas de amor en el alma vegetativa

El alma vegetativa se divide en tres:

  1. Facultad nutritiva
  2. Facultad de crecimiento
  3. Facultad de procreación

Para cada una de estas facultad hay un cierto amor. Para la facultad nutritiva el amor está en la presencia del alimento y sus necesidades de materia por este; además para el mantenimiento del cuerpo. Lugo tenemos el amor en al facultad de crecimiento que es el amor por el incremento de proporciones adecuadas al cuerpo. Finalmente, tenemos el amor en la facultad de procreación que es el deseo de producir otro principio similar a la forma que está procreando en el acto.

Capítulo IV: Amor en el alma animal

Es obvio que todos los seres que tienen un alma animal tienen un amor innato, pues de otra forma no tendrían aversión a las cosas. 

Bajo este respecto existen dos tipos de amores:

  1. Amor natural: ese amor que no es forzado y que es inherente a todos los seres. Este amor nunca está en reposo, pues siempre se mueve al ser natural. Por ejemplo, el movimiento natural de una piedra es hacia abajo, por más que la tierra sea arrojada hacia arriba esta bajará. Puede que algo impida a la piedra de caer, pero esta insistirá siempre en ir hacia abajo, ese es su amor natural(1).
  2. Amor espontáneo y voluntario: ese amor que contiene un impulso consciente del cual el ser se procura beneficio. Por ejemplo, cuando un gato ve a un perro huye de él para resguardarse. Otro ejemplo sería todo animal que procura comer para no tener dolores. 

Para los animales, el amor de estos tiene que ver con la facultad vegetativa porque además tiene el mismo fin que la facultad apetitiva. La diferencia recae en que la facultad vegetativa no tiene libre albedrío, mientras que la facultad apetitiva sí. 

Capítulo V: Amor por aquellas cosas externas y por aqeullas cosas inteligibles

La facultad racional asiste a la facultad animal para que pueda cumplir sus objetivos. Por otro lado, la facultad racional también ayuda a la imaginativa a cumplir sus objetivos, pero claro, el alma racional es mucho más sofisticada que la no-racional aunque también es utilizada para alcanzar cosas superficiales.

En efecto, podría ser que el alma racional tenga el objetivo de satisfacer necesidades sexuales, mucho más allá de tener los propósitos de procrear. También se puede ver en el ejemplo de la alimentación, es decir, comer por placer o comer para preservar las facultades del cuerpo. La satisfacción del placer sexual y la ingesta de comida por placer no serían consideradas exceso en la facultad no-racional, por lo que los animales lo hacen sin tener consciencia de aquello. 

La pregunta sería ¿dónde está el verdadero amor? de acuerdo con Avicena, el verdadero amor debe estar más cerca del ser necesario y verdadero que sería Dios, por lo tanto, todas las acciones que pertenezcan a la facultad racional serán las apropiadas para los humanos, mientras las de la facultad animal serán las propias de los animales.

La conducta de enfocar las facultades racionales del amor al mero deseo sexual es una conducta reprobable, pero si el humano tiene su facultad racional enfocada a las cosas intelectivas, entonces existe la aproximación a las cosas nobles y el incrementos de la bondad. 

El amor externo es el amor a la forma del humano y esta se puede dar de tres formas de atracción:


  1. Abrazar
  2. Besar
  3. Unión sexual

La tercera es totalmente perteneciente a la facultad animal si ésta no está subyugada a la facultad racional. Hay mucho mayor aumento del pecado si se realiza el coito sin dominio sobre la facultad animal. 

En cuanto al abrazo y al beso, estos no tienen ninguna especie de pecado o algo parecido, sin embargo, pueden ocultar los verdaderos deseos de la facultad no-racional.

Capítulo VI: Amor de las almas divinas

La primera causa es idéntica al más puro de los bienes que es absoluta esencia. La bondad del bien no deriva de algo más porque si fuera así, entonces tendríamos un movimiento ad infinitum, es decir, una bondad de otra bondad de otra bondad y así. En cambio si aceptamos la bondad como una esencia entonces no sería necesario ad infinitum.

El tema es ¿dónde está la máxima bondad? ¿En la Causa Primera o vive por sí sola? Si estuviera por sí sola entonces la máxima bondad (donde está el amor) se debería a algo más, lo cual es absurdo porque la Causa Primera es lo primero que existe. Por lo tanto, el amor y la máxima bondad está en la Causa Primera. 

Si esto es así, entonces debemos decir que la Causa Primera contiene en sí todas las perfecciones que se conocen, incluyendo el amor y la bondad. Todos los seres que estén más cerca de la Causa Primera, están más cerca del amor y de la máxima bondad. Para eso debemos dejar todas nuestras inclinaciones a los deseos sustanciales de la facultad racional. 

Capítulo VII: Conclusiones generales

Queda claro entonces que el amor a la Causa Primera sería el amor a todas las cosas que están en él. Por supuesto, algunos humanos no tienen la facultad o la capacidad de contemplar las cosas divinas, pero sólo unas pocas reciben una especie de inspiración. 

Existen ciertos seres que reciben la inspiración sin intermediarios y estos serían los ángeles. Otros seres que son inferiores a los ángeles necesitarán de un intermediario para conocer el amor de la Causa Primera (un profeta por ejemplo). 

Finalmente, Avicena exhorta a todos los humanos a perseguir los bienes intelectuales más que los corporales que llevan al hombre a la perdición, y al deseo inacabable de lo superficial. 

Conclusión

En mucho tiempo, este ha sido un tratado del amor (en este blog) que no hemos visto desde Platón o Aristóteles quizás. De todos modos, esto nos recuerda mucho al mundo inteligible de Platón, es decir, que las inclinaciones humanas deben estar enfocadas en este mundo más que al mundo sensible. Sin embargo, me parece que este tratado del amor es mucho más directo que el de los pensadores griegos. Por otro lado, también se nota demasiado la influencia de la religión musulmana en este texto. 

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