domingo, 30 de abril de 2017

San Agustín de Hipona - La Trinidad (Libro I: Naturaleza de Cristo) (399).

Uno de los dogmas de fe más conocidos en toda la historia de la humanidad está explicado aquí en este libro de San Agustín de Hipona ¿Cómo se entiende la Santísima Trinidad? De partida sabemos que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y que cada uno es trino y que no pueden entenderse por separado. Aún más, debemos decir que ni el Padre es el hijo ni el Hijo el Padre así como tampoco el Espíritu Santo no es ninguno de los dos. ¿Qué significa este galimatías? Esto tendrá que aclarárnoslo San Agustín en los siguientes apuntes de filosofía.

LA TRINIDAD

La calumnia de los herejes

Han pasado varios años desde que San Agustín se unió a la fe católica y junto con esto se han producido muchos cismas en la Iglesia. Antes de explicar el concepto de Trinidad, Agustín llama a no escuchar a esos hombres que sólo se dedican a refutar las cosas divinas a través de la razón. La lectura espiritual es lo más importante en estas cosas, y tratar de entender a través de la medición o el atributo no es correcto. 

También pide a los lectores que tengan la misma apreciación lectora por sus escritos, es decir, que lo hagan por medio del espíritu más que por la letra.

La conformación de la Santísima Trinidad

Es realmente difícil explicar lo que es la S.T. porque se dice que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que además estos tres conforman un solo Dios. 

Empecemos primero por las S.E. para ver qué podemos descubrir de este fenómeno:

El padre y el Hijo

La primera referencia del Hijo la tenemos en un pasaje de Juan:

''En el principio estaba el Verbo, el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros''
(Juan 1:5)

El Verbo es el mismo Hijo de Dios que apareció entre los hombres porque se hizo carne. Ese Hijo era el mismo Jesús que vino a la tierra a entregar su enseñanza. Por lo tanto, el Verbo que es el mismo Dios es consustancial al Padre. Toda sustancia que no es criatura es Dios, mientras que la sustancia que no es criatura es Dios. Si el Verbo no es criatura de Dios pero sí es sustancia, entonces es consustancial a Dios, pues Dios tampoco es criatura. 

Sin embargo, muchos podrían perfectamente decir que el Padre es superior al Hijo, pues las S.E. dicen:

''El Padre es mayor que yo''
(Juan 14:28)

Jesús dijo esto en el libro de Juan, pero se debemos entenderlo de la siguiente forma: el Padre y el Hijo son iguales, pero el Hijo es inferior al Padre. ¿Cómo? por dos razones: 

  1. Son iguales por naturaleza, pero son distintos por condición porque el Hijo no puede existir sin un padre. 

Esto quiere decir que antes de habitar entre los hombres, el Verbo era de naturaleza perfectamente igual al padre, pero cuando comenzó a habitar entre nosotros el Verbo se volvió esclavo de la mortalidad. Una vez que Jesús es muerto, vuelve a ser como el Padre y a formar parte de la Trinidad. Por otra parte, San Agustín también ha dicho que el Hijo no se puede entender por sí sólo, sino que más bien con un Padre. 

El Espíritu Santo

Absurdo sería alejar al Espíritu Santo del Padre y del Hijo, pues sin este no habría Trinidad. De ahí que digan las S.E. 

''Y yo rogaré al Padre, y os enviará otro abogado que para siempre esté con vosotros''
(Juan 14:17)

Eso sí, el Espíritu Santo es superior al Hijo también como lo dicen las S.E. 

''Quien hablare contra el Hijo del hombre, será perdonado; pero quien hablare en contra del Espíritu Santo, no será perdonado'' 
(Mateo 12:32)

En efecto, el Espíritu Santo incluso se dice que es la morada del Padre y del Hijo. ¿Cómo podrían coexistir Padre e Hijo sin la morada que los contenga? así, también el Espíritu Santo que no es criatura ni del Padre ni del Hijo, es coeterno a ellos por no ser creatura. 

Las dos naturalezas de Cristo

Cristo fue enviado a este mundo para impartir la doctrina de Dios, no la de él. Por esto, todo lo que sale de Cristo (el habla) en realidad es de Dios porque el Verbo de Dios (o la palabra de Dios) es el Hijo mismo (porque el Verbo es el Hijo). 

Ahora, hay otro texto confuso de la biblia que dice:


''Yo no juzgaré. Es mi palabra la que ha hablado la que juzgará''
(Juan 8:15)

¿Qué significa esto? ¿acaso lo que habla Jesús no es el mismo Verbo del Padre y por lo tanto, el mismo Jesús que es Hijo y Verbo? Lo que pasa, es que Jesús en la condición de mortal no es el Verbo, sino que todo lo que habla es el Verbo. Por eso, debemos decir que quien realmente juzgará es el Padre a través del Verbo. 

Para aclarar, el Hijo está separado del padre cuando se hace carne por el Verbo y está junto al padre una vez que resucita y se hace divino. Esas son sus dos naturalezas. 

Conclusión

Una larga explicación sólo para aclarar la relación que el Hijo tiene con el Padre y para saber también cuáles son las naturalezas del Hijo. Todo esto está respaldado con la biblia, pues San Agustín no puede dejar la explicación bíblica fuera de sus teorías sobre la Santísima Trinidad. Falta ver aún más a fondo lo que significa la naturaleza del Espíritu Santo que, si bien ha quedado explicada en este libro, todavía quedan algunas cosas por aclarar por separado. Preparémonos para el siguiente libro de Agustín donde nos hablará del Espíritu Santo.

sábado, 29 de abril de 2017

San Agustín de Hipona - Catequesis para los principiantes (399).

¿Qué es la catequesis? Hoy en la actualidad tenemos un concepto distinto del que tenía San Agustín de Hipona. Por lo demás, lo que veremos ahora es justamente cómo introducir una catequesis y hacer que los alumnos aprendan las verdades cristianas. El catequizante debe ser una persona instruida en las Sagradas Escrituras porque en sus manos está el futuro de todos los catequizando que reproducirán sus enseñanzas a toda la gente. Veamos cuáles son los consejos que da San Agustín para aquellos que se dedican a la catequesis.

Referencias:

(1) Hoy en día la catequesis se hace normalmente sentados en una iglesia. 

Referencias:

(1) Catequesis: proviene del griego κατηχεῖν (katequein) que significa ''instruir''. Como definición normal significa instruir en la doctrina cristiana. 
Catequesis para los principiantes


Deogracias y su petición

Deogracias era un diácono del Imperio Romano dedicado a realizar la catequesis en la iglesia. Un día le preguntó a San Agustín cómo hacer una buena catequesis(1), cuidándose de no cometer errores al enseñar las Sagradas Escrituras. Por otro lado, uno de los problemas que tiene Deogracias es que no le gustan sus propios discursos. Por supuesto, San Agustín acepta encantado de enseñarle lo que él sabe sobre la catequesis. 

Experiencia de San Agustín

Lo primero que dice San Agustín a Deogracias es que no se preocupe de su discurso si este es aburrido. De hecho, el mismo San Agustín dice que nunca quedaba satisfecho con sus discursos y de esta manera, siempre estaba pensando en uno mejor para la próxima vez. 

El discurso, dice San Agustín, tiene como prioridad número uno que se entienda a la audiencia, sin importar si este tiene un tono monótono o lento. Cada palabra dicha en el discurso queda impresa en la memoria de quien lo escucha sea como sea. Sin embargo, bien podríamos decir que mucha gente olvida las palabras que se dijeron en un discurso, pero lo que nunca olvida es el sentido del mismo y es sentido se da a través de los signos. 

Tarea del catequista 

Como dijimos anteriormente, la tarea del catequista es darse a entender a su audiencia y no preocuparse por el tono o el ritmo de su discurso. Si pasa que el catequista se aburre de su discurso es simplemente porque siempre se quiere hablar de una cosa actual y no de cosas que ya se conocen. 

Lo más importante es estar feliz en el proceso de catequesis y debiera ser así, pues si Dios pide que se enseñen las S.E. entonces el catequista debe estar feliz al cumplir la labor de Dios. 


PRIMERA PARTE: CATEQUISTA Y CATEQUIZANDO

Metodología y teoría de la catequesis

La catequesis siempre debe comenzar con la primera frase de la Biblia:

''En el principio Dio creó el cielo y la tierra''
(Génesis 1:1)

Luego se debe avanzar progresivamente hasta la historia actual de la Iglesia. Agustín recomienda resumir de la mejor forma posible. lo cual consiste en nombrar los hechos más significativos de la biblia. Incluso si los hechos o los libros se saben de memoria, no es conveniente relatarlos todos al pie de la letra. Lo importante es que se entienda el mensaje de cada uno de los libros de la biblia. 

Otra de las cosas muy importantes que necesita el catequistas es la caridad; en efecto, nada que involucre la enseñanza puede estar exento de caridad que es el deseo de Dios para los catequistas. 

El concepto de amor de Jesús

El más grande concepto de amor que tuvo Jesús por los seres humanos fue morir por toda la humanidad. Jesús amó incluso a quienes lo crucificaron y lo torturaron hasta crucificarlo. Este puede ser el hecho más inspirador de caridad, tanto como de sacrificio por los otros. 

Para San Agustín hay dos clases de amor que provienen de Dios: el primero viene de la miseria y el segundo de la misericordia. ¿Por qué? porque al ser Dios superior debe ver a los que son inferiores a él, en este acto de identificar su miseria, inmediatamente Dios les tiene misericordia. 

Por lo tanto, el catequista reúne tres condiciones imprescindibles hasta ahora: Conocimiento de las S.E., caridad y amor.

Disposiciones del catequizando

Hay dos disposiciones que tiene el catequizando; una en la que el mismo catequizando se muestra reticente y otra en la que se muestra confiado y dispuesto a aprender todo. Sin importar las dos disposiciones, el catequista debe animarlo siempre a aprender las S.E.; si está reticente se le podrá convencer y si ya está con buena disposición, nunca será malo animarlo y proseguir con la enseñanza. 

Si el catequizando se muestra reticente pero aún así dice verbalmente al catequista que sí está dispuesto a recibir la doctrina, entonces el catequista debe ser persuasivo y no exaltarse con el catequizando. El catequista debe actuar siempre como si el catequizando tuviera buenas intenciones, aunque mienta verbalmente. 

Instrucciones al catequizando

Primera instrucción:

Tener a un catequizando en una buena disposición, sería tenerlo con un buen ánimo y exhortarlo a las cosas espirituales antes de entrar en las enseñanzas de las S.E. El catequizando debe poner su fe en las cosas invisibles, para comprender a través del espíritu las enseñanzas de las S.E.

Segunda instrucción:

Una vez realizado esto, el catequista debe exhortar al catequizando tratando de convencerlo de la impiedad del mal y del triunfo del bien por sobre todas las cosas. Por otro lado, también se debe dejar en claro lo diminuto y carnal que es el hombre frente a la gran omnipotencia de Dios, sin despreciar del todo lo corporal, pues toda existencia es buena. 

También se le debe enseñar al catequizando las artimañas y malas acostumbres que usan los matemáticos y astrólogos para convencer a los incautos. A final de cuentas, como dice la biblia, el catequizando no debe poner ''las esperanzas en el hombre''.

Posibles problemas con los catequizando

Los cultos

Es posible que se encuentre con un catequizando muy culto a los cuales se les relatará y enseñará las escrituras de manera breve, pues ya tienen cierto contexto y conocimiento en dichas escrituras. 

Alguno ya tendrán ciertas profesiones como gramáticos, oradores, matemáticos o políticos. Es probable que estos actúen de manera soberbia, y es ahí cuando el catequista debe ser cuidadoso para conducir a este catequizando de vuelta a la humildad de las S.E. 

Causa del aburrimiento

Con ese tipo de catequizandos cultos pasa que se aburren al contemplar cosas que ya son conocidas, mientras que los que no conocen las S.E., pueden aburrirse porque desean quedarse con otros pensamientos más estimulantes. La causa del aburrimiento, dice San Agustín, es que los hombres son agradados más por lo que oyen y piensan que por lo que se construyen en las palabras, es decir, prefieren pensar que hablar. De hecho, cuando se habla, el hombre prefiere pensar en lo que se dijo en vez de continuar hablando. 

Otro de los motivos de aburrimiento es la incomprensión que tiene el catequista con el catequizando. En efecto, cuando el catequizando no es comprendido o no es entendido por el catequista se aburrirá y será difícil volver a entusiasmarlo. Esto quiere decir que el catequista no sólo debe conformarse con el estudio formal de las S.E. También debe tener ''caridad'' para con el catequizando que quiere encontrar una respuesta a las cosas divinas. Si la catequesis no tiene caridad, no hay sentido en el enseñar las S.E.

Puede ser que la causa del aburrimiento del catequizando sea por la repetición de ciertas cosas que hace el catequista. ¿Cómo arreglar esto? el catequista debe enseñar las cosas que se repiten con el mismo entusiasmo y amor que ha enseñado. Una cosa se puede enseñar mil veces si esta es enseñada con amor y como si los dos, catequista y catequizando, estuvieron aprendiendo de la lección. 

Causas del disgusto

Puede ser que el oyente pueda ofenderse por las palabras del catequista, o por las cosas que oyó decir de la biblia y que el catequista contradice. Por supuesto, puede ser que el catequizando o haya leído las S.E. por medio de la letra(lectura literal) y no por el espíritu (lectura interpretativa). 

Bajo estas condiciones, el catequizando puede mostrar su disgusto verbalmente, o dejarlo en silencio. Cuando se hace verbalmente, el catequista debe ser lo más cordial y no olvidar el concepto de ''caridad'' que tiene con el catequizando. Si el catequizando se queda en silencio, ahí será un poco más difícil hacer que vuelve a un estado anterior de curiosidad. 

Causa del hastío

Puede que el catequizando sea reticente a manifestar su opinión o su hastío por las lecciones. En estos casos, el catequista nunca debe responder con severidad, pues antes debe ser muy amable para conducirlo de nuevo en las enseñanzas. Lo más importante es nunca perder la confianza del oyente porque de ser así, entonces no podremos nunca enseñar de manera efectiva. 

Lo más ''peligroso'' que puede pasar es que el catequizando se retire antes de terminar toda la lección. En ese momento, el catequista debe ser muy hábil para volver a encantar al catequizando a través de alguna lectura o discurso llamativo, de preferencia que le sea muy familiar, que tenga que ver con el ser y las razones del porqué está aquí en este mundo. 

En las costumbres de las catequesis católicas, los catequizandos deben estar de pie escuchando(1). San Agustín recomienda que no se tenga a los catequizandos parados, sino más bien que estén sentados de principio a fin. La fatiga de estar parado escuchado puede ser una de las principales causas de que el catequizando se marche para no volver. A gusto, puede ser que el catequista comience pidiendo a los catequizandos que se paren, pero cuando se note el aburrimiento, inmediatamente el catequista debe ofrecer un asiento. 


SEGUNDA PARTE: PRÁCTICAS DE CATEQUESIS

Comienzo del sermón


Buenas y malas intenciones para ingresar

Existen hombres que se unen a la catequesis para usar todas estas enseñanzas a favor de ellos y convencer a muchos hombres para sacar ventajas temporales. La iglesia los tolera sólo por un tiempo hasta ver que puedan tornar su mirada al cristianismo; si no lo hacen, entonces tendrán que ser segregados.

Otros hombres entran a la catequesis con verdaderas intenciones de aprender, y es a estos a los que se les debe animar aún más para que no caigan en alguna mala influencia de parte de los impíos.Imaginemos que hay un hombre que viene a hacer catequesis por sus preocupaciones futuras, es decir, sobre lo que pase en la vida después de la muerte. 

Lo primero que se debe hacer es felicitar a este hombre quien se inicia en las catequesis. Por supuesto, dicho hombre está preocupado por su alma o espíritu en contraste a lo que pase con su cuerpo durante toda su vida. Todo lo que estimule los sentidos en la vida carnal no son más que cosas pasajeras, por lo tanto, lo que más importa es el alma en todos los sentidos; todo aquello que no sea el alma engaña. En fin, así debe comenzar el primer discurso. 

Relatos al catequizando

La creación

Lo primero que se debe relatar son los acontecimientos del Génesis, tratando de enaltecer aún más la figura de Dios y el favor que el hombre le debe a éste. También se deben exaltar los conceptos de sabiduría y caridad que se ven a través del primero libro de la Biblia. Por otro lado, de igual manera se debe resaltar la superioridad de Dios en contra del demonio. 

Los salvados

Luego se debe dar a conocer las cosas que Dios hizo para salvar a los hombres y como solamente los que creen en él pueden salvarse. Por ejemplo, uno de los relatos podría ser el arca de Noé o Sodoma y Gomorra. 

Los profetas y las leyes

Después se debe enseñar los pasos que tuvieron los profetas elegidos por Dios, empezando por Abraham. De aquí se deben resaltar los hechos que tienen que ver con el espíritu y no con el cuerpo, aunque sí los hay; el enfoque debe estar en el alma. 

Posteriormente, sigue el relato del éxodo donde Moisés liberó a su pueblo de ser esclavo del reino de Egipto. En este mismo relato, recordemos que se habla sobre las leyes que Moisés por medio de Dios (los mandamientos). 

Reyes y espera del Mesías

Luego de caminar por largo tiempo en el desierto, la historia de la biblia avanza por medio del relato de los reyes y la pelea entre las dos ciudades Jerusalén y Babilonia. Esta es la época donde aparecen los reyes y profetas bíblicos como Saúl, Samuel, David y Salomón. Luego de todas estas figuras importantísimas para el catolicismo (y muchas otras religiones) llega el momento de esperar al Mesías.

Las edades del mundo

Ya habíamos visto en teoría las edades del mundo las cuales, el mismo San Agustín decía que eran 7. La primera y segunda edad van desde el Génesis hasta los acontecimientos antes de Abraham; la tercera, desde Abraham hasta David; la cuarta, desde David hasta la cautividad de Babilonia; la quinta, desde la deportación hasta Jesús; la sexta, desde Jesús hasta su muerte; y la séptima, desde la creación de la Iglesia Católica hasta nuestros tiempos. 

La historia de la Iglesia se basará en todos los relatos sobre los mártires de la Iglesia que fueron muertos ya sea por el Imperio, ya sea por las herejías de una ciudad. 

Últimas exhortaciones

Como ya dijimos, el catequizando debe tener bien clara las diferencias entre interpretar la biblia con la letra y el espíritu. Sólo así podrá comprender lo que en la biblia se dice de manera metafórica. 

El diablo siempre tienta con el placer de los estímulos carnales y el catequizando debe estar fuerte para enfrentar dichos problemas. Nunca se debe olvidar el concepto de caridad y humildad los cuales son contrarios a la soberbia que es el peor pecado que existe de acuerdo con San Agustín.

Conclusión

Aquí podemos ver un manual de catequesis, pero mucho más allá de ser así, es también una primera acercamiento a una práctica pedagógica. En efecto, perfectamente se podría decir que el catequizando es un alumno y el catequista un profesor. De hecho, podríamos estar extrapolando todos los conceptos e ideas presentados por San Agustín y llevarlos a la pedagogía actual donde se estudia el comportamiento de los niños. Quizás, lo que más me sorprendió como profesor fue el análisis del tedio y qué hacer en caso que pase. Es un tema muy importante que recaba los dos tipos de motivaciones: extrínseca e intrínseca. 

lunes, 24 de abril de 2017

San Agustín de Hipona - La naturaleza del bien (399).

La pregunta puede parecer un poco rara, pero es válida hacerla ¿de dónde proviene el bien? por supuesto, de Dios. La otra pregunta sería ¿de dónde viene el mal? del ser humano; sin embargo, ¿acaso este existe porque Dios lo hizo? es una pregunta sensata de hacer bajo la lógica de pensar que Dios creó todo y absolutamente todo lo del universo. Es difícil decidir una respuesta adecuada a estas preguntas, pero San Agustín de Hipona nos lo aclarara bajo el prisma del catolicismo. Veamos la descripción de la naturaleza del bien.

La naturaleza del bien


Capítulo I: De Dios provienen todas las cosas

Dios es el creador absoluto de todo lo que existe en la tierra, y esta creación la hizo a partir de la nada. Todo proviene de este ser supremo y si es así, entonces tendríamos que decir necesariamente que todas las cosas son buenas; así como toda existencia también lo es. 

Todos estos bienes tienen tres cosas fundamentales:

Medida
Belleza 
Orden

Sin estas cosas, nada podría existir. Dios también tiene medida, belleza y orden pero un sentido muy superior al nuestro. 

Capítulo II: La corrupción del bien

El mal se da justo cuando las tres cosas fundamentales de cada ser (medida, orden y belleza) caen en corrupción. Podríamos decir que el espíritu es mucho mejor que el cuerpo, pero ¿qué pasa cuando el espíritu se corrompe y se hace pecador? si fuera de este modo, el espíritu seguiría siendo superior al cuerpo por su condición de ser inteligible. De alguna manera, podríamos decir que el espíritu es un bien relativo, pues puede caer tanto en el mal como el bien (al igual que el cuerpo).

Lo bueno es que cada espíritu puede volver a ser bueno mediante la pena, es decir, mediante la vergüenza que le da a este ser de su condición de pecador. Progresivamente, el hombre avanzará hacia un estado de bienestar alejándose del pecado. 

Hemos dicho que el cuerpo es inferior que el espíritu incluso si el espíritu fuera malo. También se debe añadir que las cosas no-espirituales no tienen la capacidad de ser felices ni de experimentar ninguna alegría; por lo tanto, sólo el animal y el animal racional pueden ser felices y ser capaces de superar su corrupción. 

Castigo a la corrupción

Por supuesto, todo pecador debe tener un castigo, ya que el pecado es un desorden que debe enderezarse con el orden. Entonces, como el desorden es el mal y el orden el bien, el equilibrio llama al castigo para que el desorden desaparezca. 

Ahora, ¿por qué las naturalezas tienden a hacer el mal si se supone que son buenas al provenir de Dios? Si bien la naturaleza proviene de Dios, ésta fue creada desde la nada, y la nada, como hemos visto en otros libros, es el orígen del mal; por lo tanto, la naturaleza puede corromperse porque su origen es la nada y puede ser buena porque existe (y si existe es verdadera y si es verdadera es buena). 


Capítulo III: La inmutabilidad de Dios

Dios es inmutable y todas sus obras son mutables; todas sus obras tienen un orden en el mundo y es así que hay obras superiores (como el alma) y otras inferiores (como el cuerpo). 

Ahora no porque la materia sea inferior al cuerpo debe ser despreciada. Al contrario, toda obra de Dios es buena y así la materia (hyle), es decir, a la materia sensible que se referían los griegos (no a la materia informe) debe ser de estima. 

El dolor en la naturaleza creada por Dios

Toda naturaleza buena tiende al dolor, pues es ahí donde se prueba su resistencia y su voluntad de querer llegar al equilibrio. Muchos tipos de dolor hacen que los hombres se fortalezcan, mientras que otros hacen que la gente se vuelva peor, por lo que esos dolores serían llamados por San Agustín como ''inútiles''.

Mensurabilidad de Dios

¿Tiene Dios alguna medida? Si Dios tuviera una medida entonces tendríamos que decir que tiene una limitación. Por una parte, no podemos decir que tiene alguna medida., pues eso sería decir que algo o alguien le dio una medida; sin embargo, tampoco podemos decir que es desmedido.

¿Cuál es la ''medida'' de Dios entonces? como Dios está en todas las cosas sin ser ellas, la medida se entenderá en cuanto al reino el cual no tiene fin, pues así dice la biblia:


''Y su reino no tendrá fin''
(Lucas 1:33)

Lo que quiere decir San Agustín es que Dios es la medida misma de todas las cosas. Esto quizás nos pueda recordar a las teorías que había entre Aristóteles y Plotino, en cuanto a la bondad de las medidas. 

Aristóteles decía que el bien está en el justo medio; es decir, entre la cobardía y la temeridad será mucho mejor elegir la valentía. Plotino dice que todo lo que sea desmedido es malo y así justamente es la materia, la cual, si estuviera sin forma, sería infinita; por lo tanto, la unidad que sería lo Uno sería la medición misma de las cosas. 

Como contraste, San Agustín añade que hay cosas que tienen medidas pero que pueden ser malas. ¿Por qué? hay una belleza que comparada con otra es menor y por lo tanto, la menor es la peor, pero esto no se hace con una noción de cantidad, sino que de cualidad. Ahora, esa belleza menor sigue siendo un bien en cuanto sea naturaleza y también puede ser mejor en cuanto se tome las medidas correctas. 

Finalmente, la inmutabilidad de Dios se expresa en las siguientes frases de la biblia:

''Mudarás las cosas y se cambiarán; pero tu siempre eres el mismo''
(Salmos 101:27)

Podríamos citar mil versos de lso Salmos o del libro Eclesiastés donde se hablar sobre la inmutabilidad de Dios frente al ser humano. Por ahora, que nos quede claro el poder de Dios frente a todas las cosas. 

Capítulo IV: La creación del mundo

Puede sonar confuso que Agustín diga que las cosas son hechas de la nada, porque si es así, entonces la nada sería algo y no la ausencia absoluta. ¿Cómo es que podemos entender que Dios hizo las cosas de la nada?

En este capítulo Agustín introduce el concepto de ''nihil'' que significa literalmente ''nada''. Dios no hizo las cosas por sí, es decir, las cosas le pertenecen pero no son Dios. Por lo tanto, deberíamos decir que las cosas se hicieron a través del Verbo de Dios, para que las cosas que no son sean. 

''El cual llama a las cosas que no son para que sean''
(Romanos 4:17)

Por eso decimos también que las cosas salieron de la nada, porque fue la palabra (el verbo) lo que hizo que todas las cosas tuvieran existencia. 

Capítulo V: Los castigos de Dios

El poder de dañar y condenar sólo lo tiene Dios, pero este daño va con justicia por eso es que permite a los malos hacer el mal. Es sólo a través del consentimiento de Dios que se hace el mal. Podríamos decir que la vida misma es una prueba para que se vea que tan buenos somos. 

¿Qué pasa con las criaturas divinas que habitaban junto con Dios? Sabemos que muchas de ellas se volvieron contra Dios ¿es que acaso Dios creó a los ángeles malos? No. Los ángeles, si bien divinos, no dejan de ser inferiores a Dios y la opción de estar del lado del mal fue justamente por su voluntad. 

¿Y qué pasa con el paraíso perfecto de Dios; el Edén? ¿Es acaso que había un árbol malo? No, Dios había prohibido tocarlo por el efecto que este tenía en los hombres. Este árbol fue creado para que el hombre reconozca la omnipotencia de Dios y a la vez tenga discernimiento para conocer el bien y el mal. 

El pecado y sus características

Si analizamos bien lo que es el pecado, nos daremos cuenta que este se realiza por las ganas del hombre de buscar algo más excelente; por ejemplo, la soberbia nos hace olvidarnos de la humildad y buscamos algo que nos haga mucho más de lo que éramos antes; por eso se deja a Dios en lo sucesivo. 

Ahora, en cuanto a las características de las cosas consideradas ''malas'', ¿podremos decir que el fuego es malo? Por supuesto que no, ni el fuego ni siquiera el veneno es malo en la naturaleza. Estas dos cosas serían malas cuando no están en su orden, o cuando las cosas que las rodean no están en el orden que debieran; por ejemplo, cuando el hombre toma el veneno o cuando se quema por el fuego. 

Los bienes de la creación comparados con Dios

Muchos podría decir que el fuego eterno o el alma son cosas eternas al igual que Dios lo es, pero esto sería un error. Cada cosa divina tiene su eternidad pero no en la forma en que Dios lo es. Así, el alma sería eterna pero no en la medida en que Dios lo es. 

Oración por la conversión de los maniqueos al catolicismo

Más allá de una enseñanza forma sobre la naturaleza de las cosas, este libro es una exhortación a los maniqueos para que acepten el catolicismo en sus corazones. 

Conclusión

Podríamos decir que este es un resumen de una gran parte de la filosofía agustiniana. Aquí, pues, se aprovecha toda la explicación de la creación junto con la teoría del libre albedrío y la voluntad. No hay que olvidar también la defensa de la inmutabilidad de Dios, que es obviamente un contra-argumento a los maniqueos quienes decían que Dios podía ser mancillado. Nada más podríamos decir que esta teoría sería la defensa del cristianismo y su séquito por siempre. 

domingo, 23 de abril de 2017

San Agustín de Hipona - Acta del debate contra el maniqueo Félix (398).

La lucha contra los maniqueos aún no termina y es ahora el maniqueo Félix quien se enfrenta en este debate contra San Agustín de Hipona. Cabe destacar la buena preparación de los dos contrincantes, pues Las Confesiones de San Agustín han ahondado fuerte en el mundo religioso, mientras que los maniqueos no tienen menos adeptos que la Iglesia Católica. Lo que aquí veremos es una discusión primeramente sobre la carta de Manés en cuanto a la fundamentación religiosa de los maniqueos (que hemos visto en este blog en el siguiente enlace) Luego se hablará principalmente de las cosas del Nuevo Testamento. 

Referencias:

(1) Agustín trata de dejar en claro el argumento ''ad hominem'' que ha hecho Félix y trata de alejarse del mismo argumento. 
(2) Debe decirse que la carta completa no se muestra, sólo se muestra un extracto de ella. 

Definiciones:

(1) Paráclito: es el mismo Espíritu Santo, de hecho, Paráclito significa en latín ''consolador''.
Acta del debate contra el maniqueo Félix


LIBRO I: MANES Y EL ESPÍRITU SANTO

Primera parte de la carta del Fundamento

Manés como el Paráclito

El debate comienza con el reconocimiento de Félix a la carta del fundamento de la secta maniquea, reconocimiento pedido por el mismo San Agustín. Lo primero que Félix hace es leer el comienzo de la carta que reza así:

''Manés, apóstol de Jesucristo por providencia de Dios padre. He aquí las palabras saludables que manan de la fuente viva y perenne. Quien las oiga y primeramente las crea y luego cumpla lo que ordenan, nunca estará sujeta a la muerte, antes bien disfrutará de una vida eterna y gloriosa. En efecto, ha de ser considerado justamente dichoso quien haya sido instruido por este divino conocimiento; liberado por el permanecerá en la vida eterna''

La primera pregunta de San Agustín es: ¿de dónde salió Manés quien no fue nombrado en al biblia como apóstol? Félix responde con una petición a San Agustín y esta se trata de probar de que Manés no fue el paráclito es decir, el Espíritu Santo que Jesús enviaría para decir la verdad. En efecto, en la biblia dice:

''Os envío el Espíritu Santo paráclito''
(Juan 16:7)

Esto pertenece al libro de Juan y fue cuando los discípulos estaba reunidos con Cristo y sintieron que entraba una especie de sonido desde el cielo ''y vieron lenguas de fuego posicionadas en ellos mismos'', es decir, el Espíritu Santo había entrado como una especie de señal ese día que los apóstoles estaban reunido. En ninguna parte se nombra a Manés, al contrario, sólo se describe (en palabras nuestras) un cierto fenómeno. 

La veracidad de los hombres

Félix se ve atrapado en este argumento por lo que cambia la dirección del debate revisando las palabras de San Agustín: ''Yo destruyo la ley de Manés'' a lo que Félix se basa en la biblia para decir:

''Todo hombre es mentiroso, sólo Dios es veraz''
(Salmos 115:2)

Si es así, entonces tendríamos que decir que Félix también es un mentiroso al ser hombre. En ese momento, Agustín le hace una pregunta clave a Félix ¿qué importa quién haya dicho que quiere destruir la ley de Manés? En efecto, ¿qué importa? si el verdadero significado es que se diga si realmente se puede destruir la ley de Manés(1)

Dejando en claro esto, Agustín se mueve a la imagen de Manés para demostrar lo pecador y contrario al Espíritu Santo que él era, citando un pasaje de la biblia que es el siguiente:

''El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se alejarán de la fe prestando atención a espíritus engañadores, a doctrinas de los demonios construidas a partir de la hipocresía de proporciones falsas, que tienen cauterizada su propia consciencia; prohíben el matrimonio y el uso de alimentos que Dios creó para que los tomasen con acción de gracias los fieles y los que conocieron la verdad''
(1 Timoteo 4:1-6)

Este versículo describe perfectamente la secta maniquea, pues estos mismos prohíben el matrimonio y los alimentos como la carne. 

Félix responde que el versículo no prueba nada, pues Manés nunca estuvo en otra secta, es decir, siempre se mantuvo cristiano; por lo tanto, no se podría decir que Manés apostató para seguir otra religión. No obstante, Agustín argumenta que el maniqueísmo ha convertido una gran cantidad de Católicos, así como también otras religiones para su secta. De ahí se podría decir que los ''vendedores'' de espíritus engañadores serían justamente los maniqueos. 

¿Es Manés el Paráclito?

Félix nos dice que Manés es el enviado por el Espíritu Santo, incluso cuando San Pablo no lo menciona. Esto se debe a que Félix recurre a lo dicho por el mismo apóstol en la biblia:

''Parcial es nuestro conocimiento, parcial nuestra profecía''
(1 Corintios 13:9)

Esto quiere decir que ningún hombre podrá saber nunca nada sobre las cosas divinas, mucho menos el apóstol Pablo, por lo que bien puede decir Félix que Manés es el Paráclito del Espíritu Santo. Sin embargo, ¿cómo es que esto no aparece en la biblia, en efecto, nada se dice sobre un Paráclito que vaya a instruir a los hombres por medio de profecías del bien y el mal separados como naturalezas. 

Félix queda nuevamente sin argumentos para probar la autenticidad de Manés, aceptando la superioridad de San Agustín frente a estos temas. 

Segunda parte de la carta del Fundamento

Félix insiste en la superioridad de Manés en cuanto a ser el elegido por Jesús para ser el Paráclito. Aunque sin muchos argumentos, Félix pide que se lea la segunda parte de la carta del Fundamento que reza así:

''Que la paz invisible y el conocimiento de la verdad esté con sus hermanos y amadisimos que también creen y obedecen a los mandatos celestes; pero que también la diestra de la luz os proteja y os libre de toda incursión maligna y del lazo del mundo. Que la piedad del Espíritu Santo abra la intimidad de vuestro corazón para que veais con vuestros propios ojos vuestras almas''


En ese momento, San Agustín no vio nada malo en las escrituras de la segunda carta de Manés. Luego siguieron leyendo y encontraron algunas cosas que a San Agustín no le gustaron mucho(2). Esta parte fue cuando se decía que en el principio existían dos naturalezas: el bien y el mal cada una independiente con un reino. 

El problema de separar el reino del bien y del mal, es que el reino, según los maniqueos, anteceden al Padre (que también consideran eterno) lo que implica eliminar la omnipotencia de Dios, pues no sería el creador de todas las cosas. Más aún, el reino de Dios es tan eterno como el mismo, por lo tanto., ¿cómo Dios que no creó ese reino podría ser el inquilino siendo que él también es eterno? Sin duda es un argumento sin salida, y por lo demás un error grave de los maniqueos. 

LIBRO II: LAS DOS NATURALEZAS OPUESTAS

El bien y el mal

Félix trata de justificar las dos naturalezas contrarias con el Evangelio, pues ahí se dice:

''El árbol que nunca da frutos malos y el árbol malo que nunca da frutos buenos''
(Mateo 7:17)

Por otro lado, también tenemos este versículo:

''¿No sembraste buena semilla en el campo? ¿De dónde salió la cizaña ? Fue del enemigo''
(Mateo 13:27)

Esto prueba las dos naturalezas que existen, en efecto, la palabra enemigo ya nos habla sobre un contrario al bien. Además, Félix añade que Cristo fue crucificado por una fuerza contraria a las fuerzas del bien, porque, de otro modo, si los que lo crucificaron eran buenos, entonces no se entiende que le hayan hecho mal a Cristo. 

San Agustín responde hábilmente diciendo que todo el ''poder'' del mal yace en el libre albedrío, la cual es una construcción de Dios. Todos cometen sus actos a partir de su libre voluntad, lo que significa que si alguien decide hacer el mal, no habría otra naturaleza llamada mal para cometerla, sino que sería el mismo hombre quien ha escogido hacer el mal. Por lo demás, estos hombres no quedarán impunes pues Dios castiga el mal que hacen estos, y que hacen sin necesidad de tener una naturaleza externa a ellos. Si existiera una naturaleza exterior al hombre que lo incite a cometer el mal, entonces tendríamos que librar al hombre de toda responsabilidad del mal que ha hecho, lo cual sería un desastre.

La ''fuerza'' contraria a Cristo

Se cambia el tema de la discusión cuando Félix reprocha a Agustín acusar a Manés de cruel, cuando Cristo había dicho:

''Id al fuego eterno''
(Mateo 25:41)

¿Qué crueldad puede ser ésta tan terrible que dijo Cristo? Recordemos que este pasaje trata de la venida de Dios a la tierra, diciendo a los impíos ''id al fuego''. ¿Quienes son estos impíos? los hombres y mujeres que no asistieron al humilde cuando lo necesitaba. Por supuesto, aquí Félix apela a la poca paciencia y crueldad de Dios para quienes cometieron el ''error'' de esto, pero San Agustín no lo considera un error, pues ignorar al menesteroso es un acto de voluntad. El hombre ha preferido ir al fuego eterno al no obedecer la ley. 

Félix sigue contraatacando diciendo que si existe una naturaleza externa a Dios, o al bien. Félix argumenta que si Cristo vino a ''liberarnos'' como dicen las S.E., entonces el ser humano debió estar sometido a una cierta maldad antes de la llegada de Cristo. Por otro lado, ¿cuál fue el propósito de Cristo al ser crucificado? ¿no fue acaso liberar a los hombres de sus pecados? El pecado, dice San Agustín, se encuentra en el libre albedrío. Esto quiere decir que los hombres que crucificaron a Cristo pudieron ser tanto bueno como malos. ¿A quien liberó Cristo del pecado? a aquellos hombres que por voluntad pecaron.

Sigue Félix tratando de argumentar con otro tópico. ¿Cómo el alma que es divina y que procede de Dios puede ser mancillada? Ésta pregunta tiene sentido en cuanto el alma es creación de Dios. San Agustín dice que el alma no procede de la naturaleza de Dios, sino que enfatiza que es la creación de Dios así como lo fue el hombre y tanto así, el hombre como el alma, pueden ser mancillados. Esto hace sentido a través de la lógica, pues ningún hombre nace iguala su progenitor, así como ninguna creación es igual a su creador. ¿De dónde hizo Dios el alma entonces? Dios creó todo lo que creó de la nada; algo imposible para el hombre.

No obstante, Félix sigue insistiendo en que si el alma proviene de Dios y al mismo tiempo, cuando el alma es mancillada Dios también lo es. Agustín le dice que en un sentido es cierto y en otro no, pero del mismo modo como lo piensa Félix; Agustín sigue recalcando la separación entre creador y creación. 

Como sabemos, los maniqueos dicen que en el reino de la luz, Dios y las cosas divinas fueron mancilladas por el mal. Y así refutaban al cristianismo diciendo que Dios podría ser mancillado por el mal, pero el supremo bien no puede ser condenado por el mal. 


La firma de las actas

Finalmente, el debate se termina firmando ambos contrincantes, un acta donde declaran la condena de Manés. Sí, Félix también acepta los errores maniqueos y condena a su maestro anterior convirtiéndose al mismo tiempo al catolicismo. El primero que comienza es San Agustín:

''Yo, Agustín, obispo de la Iglesia Católica, ya he condenado a Manés, a su doctrina y al espíritu que por medio de él profirió tan execrables blasfemias; era un espíritu que arrastraba no a la verdad, sino al error nefasto: ahora condeno de nuevo al ya mencionado Manés y al espíritu de su error''

Luego se acerca Félix para declarar:

''Yo, Félix, que había dado fe a Manés, ahora le condeno a él, a su doctrina y al espíritu seductor que moraba en él, quien afirmó que Dios había mezclado una parte suya con la raza de las tinieblas, y que la libera de forma tan vergonzosa que trasfigura sus virtudes en hembras frente a los demonios machos, y a su vez, a estas en machos frente a los demonios hembras, y después sujeta para siempre en el globo de las tinieblas a los restos de su propia parte. Condeno estas y las restantes blasfemias de Manés'' 

Los dos firman las actas del debate y se retiran, dejando un aire de victoria al cristianismo frente al maniqueísmo. 

Conclusión

Este es otro de los maniqueos que queda en evidencia de su sacrilegio. Manés ya no parece ser más un ser iluminado ni mucho menos; sin embargo, aún faltan contendientes que esperan debatir con San Agustín. Muchas fuentes indican que el maniqueísmo existió aproximadamente hasta el siglo XX, principalmente en los pueblos asiáticos. ¿Será que existe una naturaleza distinta del bien y que le es contraria? San Agustín insistiría en que no y que lo único que existe es el bien, y que el mal existe en cuando es nuestra voluntad hacerlo. 

sábado, 22 de abril de 2017

San Agustín de Hipona - Las confesiones (Libro XIII: Interpretación alegórica del Génesis) (397).

Seguimos con la interpretación del Génesis, pero esta vez lo haremos desde la perspectiva alegórica, es decir, ayudándonos más del espíritu que de la letra como bien lo dice Corintios 2:6 en el segundo libro: ''La letra mata y el espíritu vivifica''. Como hemos dicho incontables veces (más bien como San Agustín de Hipona dijo incontables veces), el análisis literal de las Sagradas Escrituras no nos deja ver el fondo de lo que realmente significan. Veamos este último libro de las Confesiones que nos trae el santo de Hipona.

Referencias:

(1) En efecto, en esos tiempos el concepto de hombre servía para referirse tanto al hombre como a la mujer. 

Las Confesiones

LIBRO XIII: INTERPRETACIÓN ALEGÓRICA DEL GÉNESIS

El mérito de los espiritual por sobre lo terrenal

Todas las cosas estaban en confusión, en caos y en tinieblas las cuales no significaban nada (porque las tinieblas son la nada absoluta). Dios fue quien dio luz a todas las cosas dándoles existencia a cada una de ellas. Cabe destacar que este mundo fue hecho creado a una cierta semejanza a las cosas más divinas, por eso en la biblia se dice que también el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios. 

Pero ¿cómo se entiende lo que Dios dijo después ''Hágase la luz''? porque bien podríamos decir que ''hacerse la luz'' es dar la esencia espiritual a las cosas. San Agustín dice que en el principio de la creación, las cosas ya tenían cierta divinidad y que al decir ''Hágase la luz'' se completaba. 

El concepto de Trinidad

El concepto de Trinidad ha sido unos de los más discutidos durante la historia, e incluso hasta nuestros días cuesta entender. 

Dilema con el Espíritu Santo

Si existe una Trinidad y nos basamos en la lectura del Génesis, entonces ¿cómo podemos entender esto si el Espíritu Santo apareció cuando se hizo la luz? ¿Y el Verbo (o el hijo) dónde se realizó? San Agustín nos dice que el verbo se hizo en el principio, pero el Espíritu Santo después. 

Para dar solución a esto, San Agustín toma la frase de la biblia ''se cierne'' es decir, el espíritu de Dios (el Espíritu Santo) se cierne sobre las cosas para darles vida. El Espíritu Santo se cierne en todas las cosas que existen desde el mismísimo principio.  

Ahora, bajo la premisa anterior puede surgir una nueva duda: si el Espíritu Santo se cernía sobre las cosas ¿acaso no hacía lo mismo el Padre y el Hijo? Obviamente, si son una trinidad entonces se tiene que decir necesariamente que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se cernían sobre las cosas. Sin embargo, ¿por qué en la biblia se nombra sólo al Espíritu Santo (que en este caso se cernía sobre las aguas)? De acuerdo con San Agustín, es el mismo don de Dios el que dirige al Espíritu Santo y por lo tanto, mientras el Espíritu Santo esté en cierto lugar, también lo estará la Trinidad. 

Entendiendo la conformación de la Trinidad

Así como la Trinidad es el Padre, el hijo y el Espíritu Santo, el ser humano también tiene una especie de Trinidad entendida en términos de ''ser'':

- Ser
- Conocer
- Querer

Cada una de ellas comprende otras tres cosas que se toman de la vida práctica que serían la vida, la mente y la esencia. La misma manera tiene la Santísima Trinidad para unirse, por supuesto, no es exactamente lo mismo que nosotros, pero se entiende alegóricamente que la Santísima Trinidad son estas tres cosas: Padre, hijo y Espíritu Santo. 


El conocimiento sobre Dios

Así como el hombre es como la luna y Dios como el sol, entendiendo que la luna es cambiante y el sol siempre es uno, la ciencia y el conocimiento exacto de las cosas es como la luna, pero Dios es mucho más que esto, pues la Sabiduría está por sobre el conocimiento. 

El conocimiento de Dios lo tiene el alma, y el alma proviene de la creación de la tierra, entendiendo por ''tierra'' la creación de todas las cosas ya sena visibles o invisibles. No obstante, el alma siempre va a ser mejor que la materia y cuando esta se deja llevar por el pecado de la soberbia, se muere. Por lo tanto, no podemos dejar nuestra alma en las cosas materiales, pero tampoco dejarla al conocimiento soberbio de la ciencia, pues así se dice:

''No os acomodeis al mundo presente''
(Romanos 12:2)

Lo que significa que el alma no puede quedar atrapada en nada que este mundo tenga (soberbia o materia). El hombre debe acercarse a Dios y amar a Dios para encontrar la felicidad.

Los hombres fueron hechos a imagen y semejanza de Dios, pero bien podemos distinguir al macho y a la hembra(1). Si bien los hombres se distinguen corporalmente, todas las almas son iguales

Bendición de los animales

¿Qué pasa con los animales y las cosas de la tierra? ¿Acaso ellas no son bendecidas o no pueden ser bendecidas? en efecto, el único que puede ser bendecido es el hombre a través del bautismo, pero ni las cosas ni los animales pueden tener tal cosa. ¿Será que  las cosas fueron creadas en vano para no ser bendecidas? No, porque ya se podría tomar como bendición cuando Dios dijo:

''Creced y multiplicaos''
(Génesis 1:28)

Esto por supuesto, se aplica a todos los seres vivos que existen en el mundo; sólo quedaría pensar en las cosas de la naturaleza. 

Propósito de la naturaleza

¿Qué dice realmente la biblia en cuanto a la naturaleza? Veamos lo que dice el Génesis en cuando a ella. 

''Toda hierba de semilla que existe sobre la haz de  toda la tierra y todo árbol que lleva fruto de semilla, todo animal terrestre, para toda ave de los cielos y para todo ser animado que se arrastra sobre la tierra''
(Génesis 1:30)

Todas las cosas naturales fueron creadas para el uso y el alimento humano; por lo que no habría ningún pecado en comerlas o usarlas; cosa contraria a la doctrina maniquea o judía quienes sólo comían cierto tipo de alimentos. 

La totalidad de la creación de las cosas es supremamente buena, ya que toda existencia es buena, y si existe es verdadera y como verdadera es buena. 

Conclusión

Con la palabra ''Amén'' se termina el último libro de las confesiones de San Agustín. Podríamos decir que este libro es un agradecimiento final a todas las cosas hechas por Dios que en su totalidad son buenas. En cuanto la interpretación del Génesis, la verdad que noes muy diferente a las que hemos visto en contra de los maniqueos. Por lo demás, aún queda un voluminoso texto de la interpretación del Génesis que es mucho más extensa que está. Dejamos las confesiones de San Agustín para movernos por otros libros.

jueves, 20 de abril de 2017

San Agustín de Hipona - Las confesiones (Libro XII: Análisis del Génesis) (397).

San Agustín de Hipona ya nos tiene acostumbrados a las grandes exégesis que hace sobre los textos bíblicos, sobre todo del Génesis con el cual se sirvió para contradecir a los maniqueos. El Génesis tiene una importancia tremenda en la biblia, pues es el principal libro de todos y el que introduce el concepto de creación en el hombre, un fenómeno que por cierto, ha dado mucho que hablar últimamente. Este episodio nos lleva a una de las discusiones más antiguas, pues es aquí donde veremos que está primero en la constitución del ser humano: la materia o el alma. 

Referencias:

(1) Las tinieblas son la misma nada para San Agustín.

Las Confesiones

LIBRO XII: ANÁLISIS DEL GÉNESIS

La tierra y sus elementos

Hemos visto evidentemente en muchos libros de San Agustín donde el cielo y la tierra tienen dos divisiones: una divina y otra terrenal; la primera no la conocemos mientras que la segunda es justamente donde vivimos. Pero antes de la creación de este mundo, todo era vacío y tinieblas porque nada existía(1)

Este razonamiento en que la nada sea una especie de ausencia total abrumó mucho a San Agustín. En efecto, el mismo nos dice que ninguna materia puede imaginarse sin forma y por supuesto esto es imposible; sin embargo, la nada sí se puede intuir y razonar como diciendo: la total ausencia de todo. 

Como en el universo no había nada antes de la creación, San Agustín nos dice que Dios creó todo a partir de la nada, es decir, antes de la creación existía Dios y la nada. 

La creación del mundo

Las cosas que perecen

Habiendo dejado claro lo anterior ¿de qué materia se sirvió Dios para hacer todo lo que hizo? simplemente de materia informe. Es decir, una cosa fuera de cualidad y magnitud. 

El cielo y la tierra y todas las cosas que habitan ahí fueron hechas de esta materia informe. Sin embargo, podríamos preguntarnos ¿hay cosas que fueron hechas eternas e inmutables? porque muchas de las cosas que están en la tierra son perecederas e inmutables. 

Las cosas que no perecen

Existen cosas que si bien sufre modificación no es perturbable en cuanto a contemplación, pero tampoco pertenece a Dios. Estas cosas son las que preceden a las cosas materiales, por ejemplo, el alma precede al cuerpo y esta no perece. Así, todas las cosas de este mundo fueron creadas a una ''imagen y semejanza''. 

Las palabras del Génesis decían así:

''En el principio, Dios creó el cielo y la tierra''
(Génesis 1:1)

¿Es acaso este cielo el que conocemos? No. La verdad es que éste versículo puede entenderse como una metáfora, es decir,  el cielo es ese lugar donde están todas las cosas (la luz), mientras que la materia es el caos (las tinieblas). 

¿Qué es Dios para que haya creado todo lo que existe desde la nada? por supuesto que es el supremo bien y el bien absoluto pues desde el mal, que es la nada, nada puede existir. Dios es la infinita sabiduría, como lo dice la misma biblia porque, en efecto, el supremo bien es así. 

Distintas maneras de entender ''cielo y tierra''

Agustín nos habla sobre unos hombres que no acuerdan con su interpretación en cuanto al Génesis 1:1. Obviamente, estos hombres son los mismos maniqueos quienes no reconocen las palabras divinas. Estos dicen que cuando Dios creó el cielo y la tierra, creó justamente eso: el cielo y la tierra ''sensibles'', o, en otras palabras, todo lo que puede verse y tocarse. 

Otra interpretación del Génesis 1:1 puede ser que la creación del cielo y la tierra represente todas las cosas visibles, pero también las invisibles. 

Luego hay una tercera interpretación del mismo versículo que el cielo es la creación de todo lo espiritual y la tierra la creación de todo lo material. 

Por otro lado, también se puede interpretar como si el cielo fuera el Verbo y la tierra fuera la carne donde se sitúa el Verbo mismo. 

Lo que quiere decir estas diversas interpretaciones, es que en la existencia siempre hay algo que precede a la materia que sería justamente esta materia informe de la que habla San Agustín.

Distintas maneras de entender ''la tierra caótica''

El siguiente versículo del Génesis sigue así:

''La tierra era algo caótico y vacío y las tinieblas estaban sobre el abismo''
(Génesis 1:2)

También este versículo tiene diversas interpretaciones que San Agustín nombra a continuación. 

Una de ellas es que justo en ese momento se estaba creando la materia informa de las cosas corporales. Otra podría ser que se comenzaba a formar la materia visible e invisible de las cosas y finalmente otros dicen que es tanto la formación material como espiritual. 

¿Cómo saber lo subyacente del testimonio?

Sin embargo, hay una objeción. ¿En qué parte de la biblia Dios designó esta materia informe? a menos que por ''tierra'' se haya referido justamente a esta materia informe. Tampoco se nombra que Dios haya creados los ángeles y los querubines, lo cual hace la discusión aún más misteriosa. 

¿Cómo resolver esto? es decir, ¿cómo saber lo que quería decir el autor? con Dios no se puede dudar por lo que nada debemos cuestionar en cuanto a su palabra, pero ¿qué pasa con estas palabras dicha en la biblia las cuales fueron pronunciadas por Moisés? En efecto, Moisés dijo ''En el principio Dios hizo el cielo y la tierra'', pero ¿cómo podemos saber lo que pensaba Moisés en ese momento al pronunciar dichas palabras? San Agustín dice que por tierra y cielo, Moisés quiso decir la creación de absolutamente todas las cosas. En todo caso, por todas estas cosas, Agustín acepta la palabra de Moisés sin duda alguna, ya que a este le habló nada más ni nada menos que Dios; entonces, no habría porqué dudar. Así lo dice la misma biblia:

''No hay, pues, que propasarse de lo que está escrito y que nadie se apasione por uno contra otro''
(1 Colosenses 4:6)

Además, ¿quién podría decir verdaderamente lo que pensaba Moisés? asegurarlo sería una temeridad y se caería en una mentira. Lo único que se tiene es el testimonio bíblico y si no se cree este, entonces la discusión no tendría sentido. 

Aseverar un razonamiento con base a algo difícil de averiguar (como es el pensamiento de una persona) es una cuestión muy arriesgada lo cual podría conducir a equívoco. Nada más quedaría en este caso que guiarse por la autoridad de los escritos porque es imposible saber qué pensaba el autor. 

Distintas maneras de entender ''En el principio''

Unos se refieren al principio como la Sabiduría, pues la creación debió tener una esencia buena y no existe nada más bueno que la Sabiduría. Otros también lo entienden inmediatamente como el principio de las cosas tanto visibles como invisibles. 

Sin embargo, para San Agustín el hecho de decir que el principio es la creación instantánea de las cosas visibles e invisibles ¿qué fue lo que creó después? recordemos que después de decir ''En el principio Dios creó el cielo y la tierra'', lo cual habría una paradoja al afirmar que el principio fuera la creación de todas las cosas. 

Otra de las cosas discutidas es que si luego del principio, estas cosas como el cielo y la tierra fueron creadas con tiempo, lo que tiene una respuesta negativa porque el tiempo nació justamente con el comienzo del cielo y la tierra. 

Conclusión

Fuera de la interpretación del Génesis que San Agustín hace en este libro (y que ha hecho en otros también), me parece mucho más importante la lección que nos deja en cuanto a la interpretación de un escrito. En efecto, nada más nos queda que acatar la autoridad, así como el mismo Agustín lo ha explicado en su máxima ''Nisi credideritis non intelligetis'' (Sin creencia no se comprende). Toda nuestra mente está llena de prejuicios y lo único que queda (muchas veces) es basarse en lo que tiene un hecho; de lo contrario, sólo podremos especular.