sábado, 14 de diciembre de 2019

Ser analógico (en la Edad Media)

Ser analógico

Si bien este término se venía señalando desde la filosofía aristotélica y platónica, la verdad es que en la Edad Media se utilizó de manera algo distinta. Podríamos decir que en la Edad Media se entendía al ser analógico como una extensión probable del conocimiento. 

Avicena

El primero en utilizarlo fue Avicena quien nos decía que existían dos clases de seres: necesarios y posibles. Los necesarios son y no pueden no ser y los posibles pueden no ser, de ahí la distinción entre Dios y los hombres. En este sentido, el ser posible necesita al ser necesario para existir. 

Guillermo de Auvernia

El filósofo francés nos decía que el ser de Dios y el ser de las cosas creadas no son idéntico ni tampoco diferentes sino que análogos; se asemejan y corresponden sin tener el mismo significado. 

Santo Tomás de Aquino

El aquinate irá más allá diciendo que el ser de las criaturas y el ser de Dios no se corresponden, ya que este último tiene el ser y la esencia unidos, mientras que el resto de las criaturas pueden tener separada su esencia. En efecto, los seres que son creados tienen su ser y luego su esencia. 

Solamente Dios tiene el ser por esencia, pues las criaturas tienen el ser por la mera participación de este. Las criaturas son similares a Dios, pero Dios no es similar a ellas. 

De aquí también surgen dos tipos de analogías:

  • Atribución: la medicina es sana y sano es el animal; la medicina es causa de la salud del animal


  • Proporcionalidad: significado entre el ser de Dios y de las otras criaturas

En efecto, cuando se habla de ''sano'' se habla de muchas formas; como adjetivo y como sustantivo. Para llevarlo a un ejemplo más claro y actual veamos estas dos oraciones:

  • El banco del parque está roto
  • El banco cerró temprano


Estos dos términos se escriben de idéntica manera, es decir, son iguales en cuanto a su escritura, pero en cuanto a su significado semántico son diferentes. Como diría el estagirita: ''el ser se predica de muchas maneras''. Esto es lo que en lenguaje se llama ''polisemia''. 

Crítica a la analogía

Duns Escoto fue el mayor crítico de esta teoría analógica que Santo Tomás de Aquino llevó a conocer. De hecho, Duns Escoto nos dice que el ser no es un concepto llevado por analogía, pues este siempre predica la existencia de algo; por ejemplo, si se dice Sócrates es mortal y Dios es inmortal, ambos tienen un concepto unívoco que es el ser (la palabra ''es''). En efecto, esta se entiende a la perfección como dos seres que existen. 

Conclusión

Este concepto del ser visto desde la mirada escolástica es sumamente interesante. Pareciera ser que el concepto  va adquiriendo más sofisticación al comienzo, pero luego se va simplificando cada vez más como lo hace Duns Escoto. Vamos dejando de lado cada vez más el legado tomista aristotélico. 

Univocidad


Univocidad

La univocidad es el término usado por Juan Duns Escoto para designar tanto a los conceptos universales como particulares. En otras palabras, de conceptos universales tener conceptos simples para no caer en ambigüedades. 

Doctrina de la distinción

Para este cometido, Juan Duns Escoto se sirve de la doctrina de la distinción. Esto para que los conceptos universales sean finalmente entendidos de manera simple. Para aquello, Duns Escoto se sirve de tres conceptos: real, formal y modal. Veamos un ejemplo:

Distinción real: Platón y Aristóteles
Distinción formal: Inteligencia y Voluntad
Distinción modal: Iluminación y sus distintos grados

De esto se deduce que los conceptos tienen sus propias características, sin estar mezclados unos con otros. También existiría una distinción de razón que ocurre cuando se descomponen los conceptos más pequeños de un concepto más grande para entenderlo íntegramente. 

Univocidad

La univocidad de Duns Escoto es la simplicidad irreductible de un concepto para llevarlo a sus características esenciales. Pero ¿qué concepto puede ser totalmente unívoco? Duns Escoto nos dice que es el ''ser'' o ''ente'' el ser más unívoco pues de este se predican todas las cosas. En efecto, siempre decimos ''esto es'', ''esto no es''; por ejemplo, ''el hombre es un animal''. esta proposición es verdadera y es unívoca pues no podemos decir ''el hombre no es un animal''. 

A estos conceptos unívocos como el ser (que es el más simple) Duns Escoto los llama simpliciter simplices. De hecho, el concepto de ''ser'' es predicable de todo lo que está en la realidad y de lo que se puede imaginar. 

Dios y el hombre

Si analizamos al hombre y a Dios en el concepto de univocidad, veremos que Dios y el hombre se distinguen por lo modal; es decir, Dios es infinito y el hombre es finito. El hombre y Dios comparten el mismo término unívoco ''ser'' porque los dos existen, pero se diferencian en el modo (infinito y finito).

De ahí que Duns diga que podemos entender el concepto de Dios porque compartimos el ser y además sus atributos trascendentales como la verdad, la bondad y la unidad, sin caer en panteísmos. 

Esta visión contrasta enormemente con la que sostenía Santo Tomás de Aquinoel ser analógico 

Conclusión

Vemos poco a poco con estas teorías que la razón, la necesariedad y la filosofía van quedando en segundo lugar con respecto a la filosofía. Es increíble ver como Duns Escoto complementa de un modo completamente distinto la lógica de Aristóteles, en efecto, el estagirita no habló en detalle sobre aquellos conceptos que nunca pueden entenderse de otra forma como el ser. Veamos qué más nos trae este interesante filósofo. 

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¿Qué es la quididad?

¿Qué es la quididad?

Básicamente, la quididad es la traducción literal de la palabra ''sustancia'' o ''esencia necesaria''. Esta traducción provino de las obras que los árabes traducían de las obras de Aristóteles. 

Proviene del latín ''quidditas'' y fue usada ampliamente por los escolásticos para referirse a la mencionada sustancia de Aristóteles. 

Juan Duns Escoto - Ordinatio (La existencia de Dios(I)) (1269)



No podría avanzarse en Juan Duns Escoto sin entender la mirada que este tiene sobre Dios y lo divino, además de presentarnos las pruebas de la existencia del mismo. A lo largo de lo que hemos visto, las pruebas sobre la existencia de Dios han sido múltiples, siendo las más importantes dos: el argumento ontológico de San Anselmo de Canterbury y las cinco vías tomistas. Sin embargo, esta es solo la primera parte de la prueba de la existencia, ya que Duns Escoto analiza primeramente las premisas que nos llevan a decir que Dios existe.


Ordinatio
La existencia de Dios

La finitud

Si existiera algún ser que fuera infinito, entonces el mal no existiría. En efecto, si un cuerpo fuera infinito no dejaría que nada más existiera; por ejemplo, si el sol fuera infinito, entonces no habría frío en absoluto. Por lo tanto, un ser en acto no puede ser infinito. 

Conocimiento evidente por sí mismo 


Como sabemos, Duns Escoto aprueba la idea de Anselmo sobre que nada más grande que Dios puede ser pensado. Esto es conocible por sí mismo, es decir, es tan evidente que la proposición no puede ser no verdadera. Recordemos que las proposiciones son oraciones que afirman o que niegan algo. Por ejemplo, es claro que la oración ''los patos son animales'' es evidente por sí misma y no necesita de ninguna prueba.

En cierto sentido, dependerá netamente de quien esté elaborando las proposiciones, pues, si alguien no entiende qué es un pato o qué es un animal no podría conocer la verdad de las proposiciones ni de la conclusión en sí misma. 

La proposición ''Dios existe'' no es verdadera porque se aplica a la realidad, sino que por que sus extremos proposicionales están conectados lógicamente; por ejemplo, Dios, es un ser; por lo tanto, existe. Esto es perfectamente concebible en el intelecto a simple vista, sin necesidad de mayor ahondamiento. Lo que es evidente por sí mismo no puede ser negado por ninguna persona. Como dice el estagirita en Metafísica:

''Es absurdo buscar conocimiento y el modo de conocerlo al mismo tiempo''

Una proposición evidentemente conocida, es aquella que posee una verdad evidente fuera de los términos que no sean propios de ella. Así, ''El todo es más grande que sus partes'' es evidente por sí mismo ya que todas sus propiedades son lógicas.

Ahora, la pregunta es ¿de dónde vienen estas propiedades? Duns Escoto nos dice que vienen tanto de la definición como de lo definido. ¿Dónde se encuentra la definición y lo definido en una proposición? Veamos un ejemplo:

Todo animal es un ser viviente (Primera proposición)
Todo hombre es un animal (Segunda proposición)

Todos los hombres son seres vivientes (conclusión)

En este respecto, ''animal'' sería el término medio y por lo tanto, las dos premisas no difieren en cuanto a que definen lo que es un animal y lo que es un hombre. Si bien las premisas son evidentes por sí mismas (cuando son verdaderas), la conclusión no necesariamente lo es. De hecho, si la premisa y la conclusión fueran lo mismo (el hombre es un ser viviente porque un ser viviente es un hombre) sería una falacia de petición de principio.

En el caso anterior, entonces no podríamos decir que las proposiciones son evidentes por sí mismas, al contrario, necesitaríamos otra premisa para explicar. 

En conclusión, una premisa es evidentemente conocida no por que una proposición sea más conocida (en otras palabras, no ''Todo hombre es un animal'' es verdadero porque ''Todo animal es un ser viviente), sino que porque existe una interpolación (combinación) de términos (animal y viviente) que comparten una misma verdad. Por lo tanto, respondiendo a la pregunta el término medio es la definición y lo definido es la conclusión.´

También se concluye que a partir de una proposición evidentemente conocida y una evidentemente conocible no hay distinción alguna. No se llama ''evidentemente conocida'' porque es literalmente evidentemente conocida por algún intelecto, pues si alguien no la conociera ya no podría existir, sino que por la interpolación de términos verdaderos que posee.

Las premisas concernientes a Dios

Si entendemos que ''Dios'' es una substancia que no es conocida por nosotros, entonces inmediatamente estamos dando existencia conocida al ente de Dios. En otras palabras, no lo conocemos a él directamente, pero sabemos que existe. 

Sin embargo, se puede objetar que aquello que está en el intelecto no tenga nada que ver con Dios ni con ninguna criatura que se le parezca. Pero Escoto no está de acuerdo con esto y lo prueba de cuatro formas:


  1. Todo lo que primeramente pertenezca a algo puede ser demostrado (el hombre es un animal)
  2. Todo puede demostrarse ya sea desde lo universal o desde lo particular (todos los hombres son mortales; Sócrates es un hombre)
  3. Toda proposición es evidente por sí misma a partir de términos evidentes. Sin embargo, la proposición ''hay un ser infinito'' no es evidente en nuestro entendimiento, porque no creemos en la proposición antes de demostrarla salvo que sea por fe
  4. Todas las proposiciones que sean compuestas (no simples) no son evidentes a menos que sus partes estén unidas, de otra forma no podrían ser demostradas

La última forma es clave pues la interpolación de concepto que hablábamos hace un momento, es la unidad misma de la quididad. Esta unidad es el concepto que Duns Escoto nos ha tratado de explicar: la univocidad. Para que exista la univocidad las premisas deben ser necesarias y verdaderas.

Un ejemplo de esto podría desarrollarse con la siguiente premisa:

  • ''Un hombre es un animal irracional''

Esta premisa no es evidente por sí misma porque el sujeto incluye algo en sí mismo que es falso. Tampoco lo sería la siguiente premisa:

  • ''Un hombre es blanco''

Esto porque necesita verse que el hombre sea actualmente (en acto) blanco. De otra forma, se estaría cayendo en un falso concepto. 

Conclusión


Tenemos entonces la primera entrada del argumento sobre la existencia de Dios: las premisas pueden ser evidentes por sí mismas. Esto destruye un poco el panorama que Santo Tomás de Aquino había ideado en la escolástica, pues el aquinate nos decía que las demostraciones siempre debían ser a posteriori. Pareciera que volvemos a los argumentos a priori conocidos con San Agustín de Hipona y San Anselmo de Canterbury.




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sábado, 7 de diciembre de 2019

Juan Duns Escoto - Ordinatio (Prólogo) (1296)




Empezamos con la opera prima de este filósofo, obra que nos lleva más allá del entendimiento racional. De hecho, veremos cómo el joven Juan Duns Escoto se encarga de refutar a los mismos filósofos griegos bajo el concepto de lo natural y lo sobrenatural. Los argumentos y contraargumentos que presentará el filósofo no serán de poco valor, pues pone siempre en segundo lugar la razón. Sin embargo, no por esto podemos llamarlo irracionalista, sino que más bien voluntarista. Veamos el primer tratado del Doctor Sutil. 

Ordinatio

Prólogo

Artículo 1: ¿Somos capaces de entender lo sobrenatural?

Sí, en el sentido que el intelecto puede conocer aquello que le es pertinente y pueden entender aquello que va más allá. Lo mismo ocurre con los sentidos, lo que pueden captar ellos también lo capta el intelecto. Sin embargo, los filósofos dicen que ninguno de los dos necesita captar cosas sobrenaturales; por lo tanto, si los sentidos no las captan, el intelecto tampoco. 

El hombre no necesita conocer aquellas cosas que le son sobrenaturales. De hecho, como el intelecto puede captar aquellas cosas que son perfectas, lo sobrenatural le es innecesario. Las cosas de la naturaleza ya son perfectas.

Artículo 2: Rechazo a los filósofos

En este artículo Duns discute la perfección que los filósofos dan a la naturaleza en contradicción a la perfección de la sobrenaturaleza. Sin embargo, los teólogos reconocen una imperfección en la naturaleza y para que esta sea perfecta necesita de la gracia divina. 

Por supuesto, Duns prefiere la segunda opción aduciendo que todas las cosas que actúan a través del conocimiento necesitan un fin. Sin embargo, el hombre por sus poderes naturales no puede conocer su fin; por lo tanto, para conocerlos necesitará de algo más para conocerlos: la sobrenaturaleza. 

Así mismo lo dice Aristóteles quien decía que para alcanzar la felicidad había que entender las substancias separadas. En efecto, ¿cómo es que el hombre desea esta substancia separada? ¿cómo entiende que debe alcanzar la felicidad? si la entiende a través de la naturaleza pero no la puede obtener, entonces es obvio que el hombre necesita de aquello sobrenatural (substancia separada) para sobrevivir en esta vida. 

El hombre necesita la metafísica para entender los conceptos universales más importantes. No obstante, la metafísica va más allá de sus poderes naturales, es decir, entender la metafísica es entender lo sobrenatural. 

Artículo 3: Solución a la cuestión

Para Duns Escoto, lo sobrenatural sería el agente y lo natural el que recibe la forma. En efecto, para el filósofo esto no es más que una relación entre el agente activo y el pasivo. También podría equivaler a la relación entre un ente perfecto y otro imperfecto, tal cual sería equivalente a la materia y a la forma. 

Artículo 4: Sobre las razones contra los filósofos

Quien arremetía contra las razones de los filósofos fue San Agustín de Hipona en su texto La Ciudad de Dios. En este texto el santo decía que los filósofos, entre tanta cosa falsa pudieron ver algo verdadero. 

Por lo demás, Agustín también dice lo siguiente:

''Las cosas que son remotas a nosotros no pueden ser conocidas por nuestro propio testimonio. Necesitamos el testimonio de los otros''

En efecto, nada podríamos creer bajo nuestro propio testimonio sino tenemos una confirmación. Sin embargo, la confirmación de nuestro mundo solo la podemos saber por Dios. Ahora, claro, la revelación de este conocimiento no es desconocida, pero nos basta para demostrar que es sobrenatural. 

Artículo 5: A los argumentos de los filósofos

Finalmente, Duns Escoto persuade a los lectores por medio de la razón de que el alma es la conocedora de los objetos; por lo tanto, necesitamos tanto al alma conocedora como al objeto cognoscible. 

Conclusión

Este no solo es el comienzo de la argumentación que tiene Duns Escoto, sino que es un importante precedente para todo el resto de los filósofos que vendrán en la historia. El problema de los sobrenatural exigirá una mayor atención para aquellos que defiendan el mundo natural por sobre el metafísico. Esta distinción entre el mundo natural y el sobrenatural será la tónica del texto que estamos leyendo. 









jueves, 5 de diciembre de 2019

Juan Duns Escoto - Vida y obra (1266 - 1308)


Uno de los teólogos más riguroso en sus planteamientos y sutilezas en la argumentación. Esta última característica lo llevó a que lo llamaran el ''Doctor Sutil'', por la agudeza y sutileza de su pensamiento con respecto a la filosofía y a la teología. Contrario a la filosofía tomista-aristotélica, Juan Duns Escoto abraza la teoría agustiniana no sin ciertas dudas y críticas que veremos a lo largo de su obra. Cabe destacar que empezamos a ver el declive de la escolástica en cuanto a pensamiento filosófico preponderante en el mundo.

Referencias:

(1) Para más información véase la siguiente entrada.

Juan Duns Scoto


Vida y obra


Juan Duns Escoto nació el año 1266 en Escocia en el seno de una familia noble. Recibió el hábito de san Francisco en el año 1278 de su mano de su tío Elías Duns y también recibió las órdenes sagradas (que era un sacramento sacerdotal) a los 25 años.

Se dice que en el año 1300 viajó a Oxford para continuar sus estudios como fraile en la universidad de París. Comenzó las lecturas de Pedro Lombardo (sobre todo ''Sentencias) en el año 1302, pero en ese mismo año fue expulsado de la universidad por adherir al Papa Bonifacio VIII sobre el impuesto a la propiedad de la iglesia. 

En el año 1307 volvería a París para continuar sus cátedras ayudado por alumnos y profesores de la época. Luego fue despachado a Colonia (hoy territorio de Alemania) por motivos desconocidos. Esta vuelta hacia París fue totalmente inesperada para todos pues no se sabía por qué razón Escoto se quedó ahí. En el año 1308 muere inesperadamente en Colonia. En su epitafio se puede ver la frase:


Scotia me genuit. Anglia me suscepit. Gallia me docuit. Colonia me tenet
(Escocia me trajo al mundo. Inglaterra me sustentó. Francia me enseñó. Colonia me sostuvo)


Como vemos, la vida familiar y de su infancia nos es mayormente desconocida, sin embargo, todo su pensamiento lo tenemos plasmado en los libros. 

Pensamiento

Realista

En cuanto a la metafísica, podríamos decir que Duns Escoto trata a los universales (la justicia, la belleza, el amor, etc.) como reales, es decir, Duns Escoto era un realista(1). Sin embargo, Escoto nos dice que hay ciertas cosas que tienen una naturaleza común, por ejemplo, Sócrates, Platón y Aristóteles tienen en común la humanidad. 

Univocidad del ser

Tenía un pensamiento abstraído en parte por Aristóteles llamado ''univocidad del ser''. Este planteamiento era contrario al dicho por Santo Tomás de Aquino. Recordemos que Santo Tomás tenía una discusión acerca del ser y la esencia; por un lado, Santo Tomás decía que Dios era el único que tenía tanto ser como esencia juntos, mientras que en todos los otros seres esta distinción sí existía. 

Duns Escoto estaba en contra de esto, decía simplemente que la esencia no se podía concebir sin la existencia, por lo tanto ambos son conceptos unívocos. 

Individuación

Duns Escoto elabora una teoría totalmente diferente al Hilemorfismo. Esta se sustenta en tres puntos:


  1. La materia puede existir sin la forma, ya que las cosas pueden estar en constante cambio
  2. No todas las sustancias creadas vienen de la forma y la materia
  3. Una sustancia puede tener más de una forma sustancial; por ejemplo, el hombre puede tener dos formas: la de su cuerpo y la de su alma

Este original principio de individuación será llamado ''Haecceitas'' (hecceidad), que sería más bien la esencia de una cosa. Una esencia particular de cada individuo con respecto a lo concreto y no concreto. La hecceidad denota la individualidad que consiste en la última realidad del ente, que contrae la forma y la materia a una cosa particular.

Voluntarismo

El voluntarismo es la doctrina que consiste en establecer que Dios hace todo mediante su voluntad y no mediante su intelecto. En efecto, Duns Escoto nos decía que la voluntad es superior al intelecto, ya que sin esta nada que el intelecto hace podría hacer posteriormente. La moralidad, por ejemplo, no saldría del intelecto de Dios, es decir, los Diez Mandamientos no serían consecuencias naturales (leyes naturales) de los hombres sino que justamente preceptos divinos más allá del hombre. 

Esto va en contra de la filosofía socrática del ''intelectualismo'', pues esta estaba basada en que la razón es más poderosa que la voluntad. 

Otro argumento que estaría en contra del voluntarismo proviene del mismísimo Santo Tomás de Aquino, quien nos decía al igual que los griegos que todo lo que hacía Dios era necesario e inmutable. De hecho, Duns Escoto logra probar que esto no es así, pues Dios no puede conocer el futuro, al contrario, solamente conoce la contingencia del ser.

Una última explicación del voluntarismo es la natural y obvia procuración que tenemos hacia la felicidad. En efecto, nadie tiene repulsión a la felicidad; al contrario, todos quieren procurarsela. Cuando el hombre quiere algo, lo quiere porque no le da un mal. Si esto es así, entonces aquello que es bueno es aquello que se quiere; por lo tanto, la voluntad es más importante que la razón, aunque la razón pueda preceder a la voluntad, pues para tener voluntad se necesita razón. Sin embargo, la decisión de hacer el bien o el mal la tiene la voluntad. 

De hecho, se puede ver claramente cuando un hombre quiere algo incluso a falta de razón. Por lo tanto, la voluntad sigue siendo la decidora entre el bien y el mal. Por esto, Duns Escoto nos dice que Sócrates se equivocaba al decir que el mal era producto de los errores que cometía el hombre, al contrario, el mal es producto de la voluntad del hombre. 


Obras

Sus obras son realmente numerosas, pero la barrera del latín nos impide conocer más allá. Anotamos las principales obras y aquellas que analizaremos en el blog. 





Conclusión

Interesante la vida de Juan Duns Escoto, pero aún más interesante es su pensamiento y su modo de ver la voluntad como algo primario dentro de un orden lógico. Ciertamente su obra no puede dejar indiferente a nadie, pero esto también significa una cosa, que vamos dejando de lado poco a poco al racionalismo que caracterizaba a todos los filósofos como Aristóteles, Avicena, Averroes, Santo Tomás de Aquino, quienes también nos dejaron una máxima inspiración en sus obras. Bastará ver cómo se pavimentará el camino después de este intelectual. 



sábado, 23 de noviembre de 2019

Razones seminales



Razones seminales

Las razones seminales son aquellas partes de la razón divina de donde surgen las cosas. Esto quiere decir que todas las cosas tienen un poco de la divinidad, al ser la misma divinidad quien las crea. Dios creó al mundo a partir de una semilla con ciertas potencialidades que con el paso del tiempo se desarrolla y constituye en un ser. 

Estoicos

Esta teoría pertenece principalmente a los estoicos y neoplatónicos. De hecho, los estoicos hablaban de las razones seminales cuando hablaban del pneuma (espíritu) que es el contenido esencial de todas las cosas que existen. La traducción griega es logoi spermatiko que viene a su vez de la teoría de Anaxágoras quien también planteaba una teoría similar. Podríamos decir que en verdad, el verdadero orígen de esta idea la tiene el filósofo presocrático Anaxágoras. 

Neoplatónicos

Los neoplatónicos aceptaron el logoi spermatiko, pero su traducción cambió a ''razones seminales'' donde la palabra ''seminal'' significa ''semilla''. Para los neoplatónicos estas se encontraban en todas las cosas existentes. 

Plotino

Plotino discrepa totalmente de los neoplatónicos diciendo que la razón seminal se encuentra en el alma, quizás volviendo y reviviendo la idea de los estoicos. 

San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino

Por supuesto, San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino considerarán a las razones seminales como propiedades de todas las cosas que tienen vida. Es decir, todas aquellas cosas que tienen movimiento y pueden desplazarse o razonar como lo hacen los seres humanos. 

Sin embargo, especialmente Santo Tomás de Aquino dice que es finalmente Dios el que mueve la naturaleza, luego la naturaleza hace lo suyo según Dios. Es así que las razones seminales consideradas divinas son responsables de los milagros, pues el hombre común sin razón seminal no podría hacer ningún milagro. 

San Alberto Magno

Debido a la gran investigación que Alberto Magno hizo sobre los minerales, además de las lecturas que dio a los tratados de Avicena, el santo pudo dar cuenta de dicho ''poder mineralizador'', pero que él llamará ''poder formativo''. Esta vez vemos que la teoría aristotélica vuelve a aparecer alejando a Dios de las razones seminales. 

Alberto Magno, apoyado por la teoría de la Generación Espontánea de Aristóteles, observará que algunas piedras son formadas por ciertas condiciones que no se deben a un ''formador externo'', tal y como se explica en la teoría del hilemorfismo donde debe existir una causa eficiente. Esto rápidamente lo llevará a sacar la conclusión de la que la materia en sí misma tiene un principio formador. Un principio formador que lleva en su interior y que a partir de este puede originar otro ser en base a dicha forma que se encuentra en la materia.

Sin embargo, hay ciertas dudas que pueden presentarse porque bien podríamos preguntarnos ¿de dónde viene el principio formador que tiene la materia? y la respuesta sería que viene predeterminado en cada ser (cada materia). Por lo tanto, estaríamos aquí frente a una teoría de orientación platónica, ya que estamos hablando de estructuras pre-existentes en un cuerpo, tal y como lo diría Platón con respecto a las ideas. 

De ahí que exista una ''incoación'' que significa ''inicio'' y ''formae'' que es la misma forma. Esto podría entenderse como una especie de razón seminal ya que tiene que ver con el principio que luego da forma a una cosa. 

San Buenaventura

San Buenaventura siguiendo los preceptos de sus antecesores dirá igualmente que en la materia se encuentra una razón seminal, es decir, los gérmenes que luego determinará la naturaleza.

Si Dios tiene es el que tiene la ratio causalis (razón causal o causa de todo) la naturaleza tiene la ratio seminal (el germen de todo lo que existe en la naturaleza. De este modo, a Dios se le deja de atribuir absolutamente todo lo que la naturaleza origina, pues la naturaleza lo hace de manera propia a través de la razón seminal. 

Podríamos decir que la razón seminal de San Buenaventura es una afirmación de la incoación de la forma de San Alberto Magno



Conclusión

Podríamos decir que las razones seminales son el orígen de las especies de los cristianos. Estas incoaciones (como las llamara San Alberto Magno) son las justificaciones que tienen para describir la causalidad de las cosas que ocurren en la naturaleza. La descripción y la teoría de las razones seminales no termina aquí, pues muchos científicos y filósofos se encargarán de estudiarla en detalle en los próximos años.