martes, 27 de octubre de 2026

Domicio Ulpiano - Vida y obra (170 - 228)

DOMICIO ULPIANO

Primeros años

Domicio Ulpiano, llamado en latín Domitius Ulpianus, fue un jurista romano originario de Tiro, en Fenicia. Su nombre combina el gentilicio romano Domitius con el cognomen Ulpianus, formado a partir de Ulpius. No se conoce con certeza por qué su familia llevaba esos nombres.

Los antecedentes sobre sus primeros años son escasos. Tradicionalmente se sitúa su nacimiento alrededor del año 170 d. C., aunque esta fecha es aproximada y no está documentada con certeza. Ulpiano procedía de Tiro, una importante ciudad de origen fenicio ubicada en la costa oriental del Mediterráneo, que entonces formaba parte de la provincia romana de Siria. Roma había dejado de ser un centro político dominado exclusivamente por familias originarias de Italia, incorporando progresivamente a hombres procedentes de África, Hispania y las provincias orientales.

Como dijimos, el nacimiento de Domicio Ulpiano (Domitius Ulpianus) suele situarse aproximadamente en el año 170 d. C., aunque no existe documentación que permita confirmar esa fecha. Algunas reconstrucciones proponen incluso el año 172, basándose en estimaciones retrospectivas a partir de su carrera profesional. Tampoco contamos con testimonios directos sobre su infancia. Su vinculación con la ciudad fenicia de Tiro está bien atestiguada, pero conviene mantener cierta cautela respecto de su lugar exacto de nacimiento.

Ulpiano habría nacido durante el gobierno del emperador Marco Aurelio, cuyo reinado se extendió desde el año 161 hasta el 180 d. C. Se trataba de un momento particularmente importante para la historia del Imperio romano, pues coincidía con las últimas décadas de la dinastía de los Antoninos y con el comienzo de importantes dificultades militares, económicas y sanitarias.

Contexto

Marco Aurelio había asumido el poder imperial en el año 161, compartiendo inicialmente el gobierno con Lucio Vero. Ambos pertenecían a la dinastía de los Antoninos, tradicionalmente relacionada con una etapa de prosperidad y consolidación de las instituciones imperiales. Sin embargo, el gobierno de Marco Aurelio estuvo lejos de desarrollarse en circunstancias pacíficas.

Entre los años 161 y 166, Roma sostuvo una importante guerra contra el Imperio parto, una potencia que disputaba su influencia sobre Armenia y las regiones orientales. Aunque las fuerzas romanas obtuvieron victorias importantes, el conflicto exigió movilizar recursos económicos y militares hacia Oriente.

En el año 169 murió Lucio Vero, dejando a Marco Aurelio como único emperador. Por consiguiente, hacia el supuesto nacimiento de Ulpiano en 170, Marco Aurelio llevaba aproximadamente nueve años ejerciendo el poder imperial y apenas uno gobernando sin su antiguo colega.

Al mismo tiempo, el Imperio enfrentaba amenazas en sus fronteras septentrionales. Diversos pueblos establecidos más allá del Danubio, entre ellos los marcomanos y los cuados, comenzaron a ejercer una fuerte presión sobre los territorios romanos. Estos conflictos, conocidos como las guerras marcomanas, obligaron al emperador a dedicar buena parte de sus esfuerzos al mando militar.

La situación se agravó con incursiones que amenazaron directamente el norte de Italia. Esto representaba un problema político considerable, porque demostraba que incluso las regiones próximas al corazón del Imperio podían verse amenazadas.

La imagen de Marco Aurelio como gobernante interesado en la filosofía estoica contrasta, por tanto, con las difíciles circunstancias de su reinado. Mientras reflexionaba acerca de la razón, el deber y el dominio de las pasiones, debía dirigir ejércitos, resolver crisis políticas y mantener la estabilidad de un Estado territorialmente inmenso.

Otro acontecimiento decisivo fue la llamada peste antonina, una epidemia que comenzó alrededor del año 165 y se extendió durante varios años por diferentes territorios imperiales.

Tradicionalmente se ha asociado su propagación con el regreso de tropas procedentes de las campañas orientales. Su identificación médica exacta continúa siendo objeto de investigación, aunque frecuentemente se ha propuesto que pudo tratarse de viruela.

La epidemia afectó tanto a la población civil como a los ejércitos romanos y constituyó un desafío para la organización administrativa del Imperio.

Un acontecimiento particularmente significativo para comprender el ambiente político oriental fue la rebelión de Avidio Casio en el año 175 d. C.

Avidio Casio era un destacado militar romano de origen oriental que ejercía como gobernador de Siria y había recibido amplias responsabilidades militares en Oriente. Durante las campañas de Marco Aurelio en el Danubio circuló una noticia falsa sobre la muerte del emperador, circunstancia que favoreció la proclamación de Avidio Casio como nuevo gobernante.

La rebelión obtuvo apoyos en importantes territorios orientales, pero terminó rápidamente cuando el propio Avidio Casio fue asesinado. Su intento de usurpación duró aproximadamente tres meses.

Sociedad

La sociedad romana se encontraba profundamente jerarquizada. Existían importantes diferencias entre ciudadanos romanos y personas que carecían de ciudadanía, entre individuos libres y esclavos, y entre distintos grupos de ciudadanos según su posición social.

La familia constituía una institución fundamental y se encontraba organizada alrededor de la autoridad del paterfamilias. La propiedad, las sucesiones, los contratos y las relaciones familiares estaban regulados por una tradición jurídica que había evolucionado durante varios siglos.

En el siglo II, el derecho romano ya contaba con una extensa producción jurisprudencial. Juristas anteriores a Ulpiano, como Salvio Juliano y Gayo, habían desarrollado importantes trabajos de interpretación y sistematización.

Cómodo y los Severos

Hacia el año 177 d. C., cuando Domicio Ulpiano habría tenido aproximadamente siete años, el Imperio romano se encontraba bajo el gobierno de Marco Aurelio, quien elevó a su hijo Cómodo a la condición de coemperador. Aunque desconocemos los acontecimientos particulares de la infancia del futuro jurista, este cambio político formó parte del contexto histórico de su juventud, caracterizado por el fortalecimiento de la sucesión dinástica y las continuas dificultades militares que enfrentaba el Imperio.

La llegada de Septimio Severo al poder en el año 193 d. C. constituyó un acontecimiento decisivo para la historia del Imperio romano y para comprender el ambiente político en el que Domicio Ulpiano desarrollaría posteriormente su carrera jurídica.

Septimio Severo nació en Leptis Magna, una importante ciudad de la provincia romana de África, situada en el territorio de la actual Libia. Procedía de una familia acomodada de origen provincial y había desarrollado una carrera política y militar que le permitió alcanzar importantes cargos dentro de la administración imperial. Su procedencia africana constituye un rasgo significativo de su trayectoria, pues refleja la creciente integración de las élites provinciales en las instituciones políticas romanas.

El ascenso de Septimio Severo estuvo precedido por una profunda crisis sucesoria. El 31 de diciembre del año 192, el emperador Cómodo fue asesinado, poniendo fin a su gobierno y abriendo una disputa por el control del Imperio.

Tras su muerte, el poder pasó a Pertinax, quien intentó introducir cambios en la administración imperial. Sin embargo, su gobierno fue extremadamente breve, pues fue asesinado por miembros de la Guardia Pretoriana en marzo de 193. Posteriormente, Didio Juliano obtuvo el reconocimiento imperial mediante una negociación con los pretorianos, circunstancia que contribuyó a debilitar la legitimidad de su gobierno.

La inestabilidad permitió que distintos gobernadores provinciales, respaldados por sus ejércitos, reclamaran el poder.

Entre los principales aspirantes se encontraban:

  • Septimio Severo, gobernador de Panonia Superior, apoyado por las legiones danubianas.

  • Pescenio Níger, gobernador de Siria, respaldado por importantes fuerzas militares orientales.

  • Clodio Albino, gobernador de Britania, quien inicialmente llegó a un acuerdo político con Septimio Severo.

Septimio Severo avanzó hacia Roma y consiguió imponerse a Didio Juliano, quien fue ejecutado en junio de 193. Sin embargo, su reconocimiento como emperador no puso fin a los conflictos, porque todavía debía enfrentarse a sus rivales provinciales.

En el año 193, Pescenio Níger fue proclamado emperador por las fuerzas militares establecidas en Siria. Su autoridad encontró apoyo en diversas ciudades orientales, entre ellas Antioquía.

Sin embargo, Tiro adoptó una posición diferente y favoreció la causa de Septimio Severo. Esta decisión convirtió a la ciudad en un objetivo de las fuerzas partidarias de Níger.

Durante los enfrentamientos, Tiro sufrió un ataque y saqueo por parte de las fuerzas adversarias de Severo. Posteriormente, cuando este último consolidó su autoridad en Oriente, recompensó la fidelidad de la ciudad mediante privilegios políticos y administrativos.

El conflicto terminó en el año 194, cuando Pescenio Níger fue derrotado en la batalla de Issos, en Cilicia.

Después de derrotar a Pescenio Níger, Septimio Severo todavía debía resolver su enfrentamiento con Clodio Albino, quien controlaba importantes fuerzas militares en Occidente.

La disputa culminó el 19 de febrero del año 197, con la batalla de Lugdunum, en la actual Lyon, Francia. La victoria de Septimio Severo permitió consolidar definitivamente su autoridad imperial.

Desde entonces, el emperador pudo concentrarse en fortalecer las instituciones del Estado, reorganizar el ejército y asegurar la continuidad de su dinastía.

Una de sus reformas más importantes afectó a la Guardia Pretoriana. Severo reemplazó a sus antiguos integrantes por soldados procedentes principalmente de las legiones danubianas, con el propósito de asegurar la lealtad de aquella institución.

También fortaleció la presencia militar y emprendió nuevas campañas contra los partos. Estas operaciones culminaron con la ocupación de Ctesifonte y el establecimiento de una nueva organización territorial romana en Mesopotamia.

Los juristas

El período de Septimio Severo también fue especialmente significativo para el desarrollo de la jurisprudencia romana.

El gobierno imperial necesitaba funcionarios capaces de interpretar las disposiciones jurídicas, resolver controversias y asesorar al emperador en materias administrativas.

Los juristas comenzaron a desempeñar funciones cada vez más importantes dentro del aparato estatal, especialmente mediante su participación en el consejo imperial y en la elaboración de respuestas jurídicas a las consultas dirigidas al emperador.

Entre los juristas destacados de este período se encontraba Emilio Papiniano, quien alcanzó una posición de gran prestigio y posteriormente desempeñó la prefectura del pretorio.

La administración imperial se convirtió así en un espacio donde la actividad jurídica y el ejercicio del poder político estaban estrechamente relacionados.

Ulpiano y Papiniano

Papiniano fue uno de los juristas más influyentes del período clásico. Durante el gobierno de Septimio Severo alcanzó importantes responsabilidades administrativas y llegó a desempeñar el cargo de prefecto del pretorio.

Ulpiano aparece mencionado como asesor jurídico de Papiniano, función que le habría permitido participar en el estudio y resolución de asuntos jurídicos relacionados con la administración imperial.

Esta vinculación suele situarse aproximadamente entre los años 203 o 205 y 211 d. C., período correspondiente a la prefectura de Papiniano. No obstante, desconocemos la fecha exacta en que Ulpiano comenzó a trabajar con él.

Su producción jurídica se caracterizó por el examen de controversias concretas y la elaboración de soluciones mediante una argumentación técnica.

A diferencia de los juristas que se dedicaban exclusivamente a la enseñanza o al estudio del derecho, Papiniano combinó su actividad intelectual con el ejercicio de importantes responsabilidades públicas.

Su participación en este ambiente administrativo debió proporcionarle una experiencia especialmente importante para su posterior actividad como jurista y funcionario imperial.

La relación con Papiniano también resulta relevante desde una perspectiva intelectual. Ambos pertenecieron a una tradición jurisprudencial caracterizada por el análisis cuidadoso de los problemas jurídicos y la búsqueda de soluciones mediante la interpretación de las fuentes del derecho.

Hacia el año 203, el emperador había logrado consolidar su autoridad después de las guerras civiles y las campañas militares que marcaron los primeros años de su gobierno. La derrota de Pescenio Níger en 194 y de Clodio Albino en 197 había eliminado a sus principales adversarios.

El gobierno imperial podía concentrarse ahora en fortalecer la administración pública, desarrollar sus instituciones jurídicas y asegurar la continuidad dinástica.

Durante este período, los juristas desempeñaban funciones cada vez más importantes dentro de la organización estatal. El emperador debía resolver numerosas consultas provenientes de particulares, autoridades y funcionarios provinciales. Estas solicitudes podían involucrar conflictos de propiedad, herencias, obligaciones, cuestiones familiares y asuntos relacionados con el ejercicio del poder público.

Para resolverlas, el emperador contaba con funcionarios especializados y con un consejo asesor conocido como consilium principis.

Este consejo reunía a personas experimentadas en diferentes materias, especialmente en derecho y administración. Su composición y funcionamiento no eran completamente uniformes, pero constituía un importante instrumento para la adopción de decisiones imperiales.

En enero del año 205 ocurrió un acontecimiento fundamental dentro de la corte imperial: la caída de Cayo Fulvio Plauciano (Gaius Fulvius Plautianus).

Plauciano había sido uno de los colaboradores más poderosos de Septimio Severo y ejercía la prefectura del pretorio. Su influencia política era considerable, pero terminó siendo acusado de conspirar contra el emperador y fue ejecutado.

Tras su desaparición, Papiniano alcanzó la prefectura del pretorio, cargo que ejerció aproximadamente desde 205 hasta 211 d. C.

El prefecto del pretorio tenía originalmente la responsabilidad de dirigir la Guardia Pretoriana, encargada de proteger al emperador. Sin embargo, durante el período imperial, sus atribuciones se habían extendido considerablemente.

El cargo comprendía responsabilidades militares, administrativas y judiciales, convirtiéndose en una de las posiciones más influyentes dentro del Estado romano.

Ulpiano habría desempeñado funciones como assessor, término latino utilizado para designar a un asesor que asistía a un magistrado o funcionario en el desarrollo de sus responsabilidades judiciales.

Su función consistía, en términos generales, en proporcionar conocimientos jurídicos especializados para el examen de las controversias y la elaboración de decisiones.

Conflictos de emperadores

Muerte de Septimio Severo

Entre los años 211 y 212 d. C., el Imperio romano experimentó una serie de acontecimientos políticos que transformaron profundamente la dinastía de los Severos. La muerte del emperador Septimio Severo, el enfrentamiento entre sus hijos Caracalla y Geta, el asesinato del jurista Emilio Papiniano y la promulgación de la Constitutio Antoniniana constituyen algunos de los sucesos más relevantes de este período.

Para Domicio Ulpiano, quien habría tenido aproximadamente cuarenta y un años en 211, estos acontecimientos coincidieron con una etapa de importante actividad jurídica. Su trayectoria estaba relacionada con la administración imperial y con el entorno profesional de Papiniano, aunque las fuentes conservadas no permiten reconstruir con precisión todas sus funciones.

El 4 de febrero de 211 d. C., Septimio Severo murió en Eboracum, la actual York, durante una campaña militar en Britania.

El emperador había gobernado desde el año 193 y conseguido consolidar su autoridad después de una serie de guerras civiles. Durante su reinado fortaleció el ejército, reorganizó distintas instituciones administrativas y favoreció la participación de juristas en el gobierno imperial.

Su muerte dejó el poder en manos de sus dos hijos, Caracalla y Geta, quienes debían gobernar conjuntamente.

Sin embargo, ambos mantenían una relación profundamente conflictiva. Las fuentes antiguas describen un ambiente de desconfianza y rivalidad, agravado por sus respectivas ambiciones políticas.

Su madre, Julia Domna, intentó mantener la unidad familiar y evitar el enfrentamiento entre los hermanos. No obstante, los esfuerzos por conservar la estabilidad dinástica resultaron insuficientes.

La situación tenía importantes consecuencias políticas, porque la división entre los emperadores podía extenderse a los funcionarios, los mandos militares y los miembros de la aristocracia romana.

Caracalla y Geta

Caracalla y Geta habían recibido responsabilidades imperiales durante el gobierno de su padre. Sin embargo, después de la muerte de Septimio Severo, sus diferencias se intensificaron.

Según el historiador romano Herodiano, los hermanos llegaron a organizar sectores separados dentro del palacio imperial y desconfiaban profundamente el uno del otro.

La tensión culminó cuando Caracalla ordenó asesinar a Geta, quien habría buscado protección junto a su madre Julia Domna.

La fecha exacta del asesinato sigue siendo objeto de discusión, aunque numerosos estudios modernos lo sitúan en diciembre del año 211. Otras reconstrucciones lo ubican a comienzos de 212.

Tras la muerte de Geta, Caracalla quedó como único emperador.

El nuevo gobernante emprendió una persecución contra personas consideradas partidarias de su hermano. Esta represión afectó a numerosos funcionarios, miembros de la aristocracia y personas vinculadas a la administración imperial.

Asesinato de Papiniano

Entre las víctimas de la represión de Caracalla se encontraba Emilio Papiniano, uno de los juristas más prestigiosos de la época y una figura estrechamente vinculada a la trayectoria profesional de Ulpiano.

Papiniano había desempeñado la prefectura del pretorio durante los últimos años del gobierno de Septimio Severo. Su posición lo convertía en una figura influyente dentro de la administración imperial.

Papiniano fue ejecutado por orden de Caracalla, probablemente entre finales de 211 y comienzos de 212.

Para Ulpiano, este acontecimiento pudo representar la pérdida de una figura importante de su entorno profesional. Sin embargo, no conocemos sus reacciones personales ni existen testimonios que permitan afirmar que presenciara la ejecución.

La muerte de Papiniano evidencia los riesgos que enfrentaban los juristas cuando participaban directamente en la administración del poder imperial. Su prestigio intelectual y sus responsabilidades públicas no les garantizaban protección frente a los conflictos dinásticos.

La llegada de Caracalla al poder exclusivo coincidió con una etapa especialmente productiva en la actividad intelectual de Domicio Ulpiano.

Durante los años siguientes, el jurista desarrolló una parte considerable de sus escritos, incluidos sus extensos comentarios al edicto del pretor y al derecho civil romano.

Tony Honoré, en su investigación Ulpian: Pioneer of Human Rights, sitúa una parte importante de la producción de Ulpiano durante el reinado de Caracalla, especialmente entre 211 y 217 d. C.

Constitución antonina

Uno de los acontecimientos jurídicos más importantes del reinado de Caracalla fue la promulgación de la Constitutio Antoniniana, tradicionalmente fechada en el año 212 d. C., aunque también se ha discutido su posible promulgación a comienzos de 213.

Recibió ese nombre porque fue promulgada por el emperador Caracalla, cuyo nombre oficial incluía el de Antoninus (Antonino).

Aunque habitualmente lo conocemos como Caracalla, su nombre imperial era Marcus Aurelius Antoninus (Marco Aurelio Antonino).

El nombre «Caracalla» era un sobrenombre relacionado con una prenda de vestir de origen galo que el emperador acostumbraba utilizar.

Caracalla era hijo de Septimio Severo, fundador de la dinastía de los Severos.

Septimio Severo procuró vincular simbólicamente su familia con la prestigiosa dinastía de los Antoninos, a la que habían pertenecido emperadores como Antonino Pío y Marco Aurelio.

Como parte de esa política de legitimación dinástica, su hijo recibió el nombre de Marco Aurelio Antonino.

Por consiguiente, cuando Caracalla promulgó la constitución en el año 212 d. C., el documento quedó asociado a su nombre oficial de Antonino.

En el derecho romano, la palabra latina constitutio designaba una disposición emanada de la autoridad imperial.

Las constituciones imperiales podían adoptar distintas formas, como edictos, decretos, rescriptos y mandatos.

Por eso, la Constitución Antoniniana no era una constitución política en el sentido moderno, como la Constitución chilena, sino una disposición jurídica del emperador.

Esta disposición concedió la ciudadanía romana a prácticamente todos los habitantes libres del Imperio que todavía no la poseían.

Hasta entonces, la ciudadanía romana constituía una condición jurídica que diferenciaba a determinados habitantes del Imperio respecto de otros grupos sometidos a la autoridad romana.

La extensión de la ciudadanía tuvo consecuencias importantes para la integración política y jurídica de los territorios imperiales. No significó que desaparecieran inmediatamente todas las diferencias jurídicas, sociales o administrativas, pero sí transformó profundamente el alcance personal de la ciudadanía romana.

Resulta especialmente significativo que Ulpiano mencionara expresamente esta disposición imperial.

En el Digesto de Justiniano, libro I, título V, fragmento 17, se conserva el siguiente texto atribuido a Ulpiano, procedente del libro XXII de sus comentarios al edicto:

In orbe Romano qui sunt ex constitutione imperatoris Antonini cives Romani effecti sunt.

Su traducción al español es:

«Quienes se encuentran en el mundo romano fueron hechos ciudadanos romanos por la constitución del emperador Antonino».

Obras

Entre los años 213 y 217 d. C., Domicio Ulpiano desarrolló una de las etapas más productivas de su trayectoria intelectual. Después de haber participado en el ambiente jurídico de la administración de Septimio Severo y de haber estado vinculado profesionalmente a Emilio Papiniano, el jurista se dedicó a la elaboración de numerosos tratados destinados a interpretar, sistematizar y explicar las instituciones del derecho romano.

Este período coincidió con el gobierno exclusivo del emperador Caracalla, quien había consolidado su autoridad tras el asesinato de su hermano Geta. La administración imperial continuó desarrollándose en un contexto caracterizado por las campañas militares, los conflictos políticos y las transformaciones jurídicas derivadas de la extensión de la ciudadanía romana.

Si aceptamos provisionalmente que Ulpiano nació hacia el año 170, habría tenido aproximadamente entre cuarenta y tres y cuarenta y siete años durante este período.

Una etapa extraordinaria de producción jurídica

El historiador del derecho romano Tony Honoré, en su obra Ulpian: Pioneer of Human Rights, desarrolló una reconstrucción cronológica de los escritos de Ulpiano a partir del estudio de sus referencias internas, su vocabulario y las alusiones a determinadas disposiciones imperiales.

Según esta investigación, entre los años 213 y 217 Ulpiano habría producido una cantidad extraordinaria de literatura jurídica, equivalente a unos 217 libri. Debe recordarse que los libri romanos no corresponden necesariamente a libros independientes en el sentido editorial moderno, sino a divisiones de obras más extensas.

Honoré denominó este período Quinquennium Ulpiani, expresión que puede traducirse como «el quinquenio de Ulpiano».

La reconstrucción es especialmente interesante porque permite situar gran parte de su producción en un período relativamente breve. Sin embargo, se trata de una propuesta académica y no de una cronología que podamos verificar mediante registros contemporáneos de publicación.

Entre las principales obras asociadas con estos años se encuentran Ad Edictum, Ad Sabinum y De officio proconsulis.

Ad Edictum: los comentarios al edicto del pretor

Una de las principales obras de Ulpiano fue Ad Edictum, un extenso comentario dedicado al edicto del pretor.

El pretor era un magistrado romano que desempeñaba importantes funciones relacionadas con la administración de justicia. Durante la República y el Imperio, su edicto constituyó una fuente fundamental para el desarrollo del derecho pretorio, también denominado ius honorarium.

Mediante sus comentarios, Ulpiano examinó las disposiciones del edicto y analizó su aplicación a diversas controversias jurídicas.

La obra abordaba materias como las acciones judiciales, las obligaciones, los contratos, las relaciones patrimoniales y otras instituciones relacionadas con la protección de los derechos.

La tradición le atribuye ochenta y un libros de comentarios al edicto pretorio urbano, a los que se sumaban dos libros sobre el edicto de los ediles curules. De ahí que algunas enumeraciones mencionen ochenta y tres libros.

Tony Honoré considera que el comentario al edicto fue redactado en diferentes etapas del gobierno de Caracalla.

Ad Sabinum: el estudio del derecho civil romano

Otra de las grandes obras de Ulpiano fue Ad Sabinum, compuesta por cincuenta y un libros.

Esta obra examinaba el derecho civil romano mediante comentarios a la tradición jurídica asociada con Masurio Sabino, un importante jurista del siglo I d. C.

Mientras que Ad Edictum se relacionaba especialmente con el derecho pretorio, Ad Sabinum se concentraba en instituciones propias del ius civile.

Entre las materias abordadas se encontraban las relaciones familiares, las obligaciones, las sucesiones y otros aspectos fundamentales del derecho privado.

La obra refleja la importancia que tenía la interpretación de los juristas anteriores dentro de la jurisprudencia romana. Ulpiano no pretendía construir un ordenamiento completamente nuevo, sino examinar y desarrollar una tradición jurídica que se había formado durante varios siglos.

La investigación de Honoré sitúa una parte considerable de su composición durante la segunda mitad del reinado de Caracalla.

De officio proconsulis: las funciones del gobernador provincial

Entre las obras de este período destaca también De officio proconsulis, conocida como «Sobre las funciones del procónsul».

El tratado estaba compuesto por diez libros y abordaba las responsabilidades de los gobernadores provinciales dentro de la administración imperial.

Su contenido resulta especialmente interesante porque permite observar la relación entre las instituciones jurídicas y el ejercicio del poder político.

La obra examinaba cuestiones relacionadas con la administración provincial, las competencias de los gobernadores y la aplicación del derecho.

Además, contenía importantes desarrollos sobre derecho penal romano. En particular, los libros VII a IX conservan valiosos testimonios sobre delitos y materias penales.

Una edición académica reciente sitúa su composición aproximadamente entre los años 213 y 217 d. C.

Acontecimientos en Alejandría

Durante el invierno de 215–216, Caracalla visitó Alejandría, una de las principales ciudades del Mediterráneo oriental.

Su presencia estuvo relacionada con acontecimientos violentos que provocaron numerosas muertes entre la población local.

Los historiadores antiguos, especialmente Casio Dión y Herodiano, describieron la represión ejercida por las fuerzas imperiales. Sin embargo, las causas precisas, el desarrollo de los enfrentamientos y la magnitud de las víctimas continúan siendo objeto de investigación.

Algunos estudios modernos han propuesto distinguir diferentes episodios de violencia durante la estancia del emperador en la ciudad.

Estos acontecimientos ilustran las tensiones políticas y militares que caracterizaron los últimos años del gobierno de Caracalla.

En el año 216, Caracalla inició operaciones militares contra el Imperio parto, aprovechando las tensiones existentes entre sus gobernantes.

El emperador avanzó hacia territorio oriental y emprendió campañas que tuvieron importantes consecuencias militares y diplomáticas.

Sin embargo, no alcanzó a concluir el conflicto.

Durante los primeros meses de 217, Caracalla permanecía en Mesopotamia, preparando nuevas operaciones. Su autoridad dependía considerablemente de la fidelidad del ejército, mientras continuaban las tensiones dentro de la administración imperial.

El 8 de abril del año 217 d. C., Caracalla fue asesinado durante un desplazamiento cerca de Carras, en Mesopotamia.

Según Herodiano, el atentado estuvo relacionado con una conspiración en la que participó el prefecto del pretorio Macrino, quien temía por su propia seguridad.

El asesinato fue ejecutado por un soldado mientras el emperador realizaba una visita fuera de su campamento.

Después de su muerte, Macrino alcanzó el poder imperial, poniendo fin al gobierno de Caracalla.

La muerte del emperador marcó también el cierre del período al que se atribuye una parte considerable de la producción jurídica de Ulpiano.

Macrino y Heliogábalo

Tras el asesinato de Caracalla, el poder imperial quedó en manos de Macrino, quien había desempeñado el cargo de prefecto del pretorio.

Macrino fue proclamado emperador por las tropas el 11 de abril de 217. Su ascenso fue particularmente significativo porque procedía del orden ecuestre y no había desarrollado una carrera senatorial tradicional.

Además, había alcanzado el poder desde una magistratura que combinaba responsabilidades militares, administrativas y judiciales.Esta circunstancia demuestra la creciente importancia política de los altos funcionarios imperiales, especialmente de quienes tenían autoridad sobre las fuerzas militares.

Durante su breve gobierno, Macrino debió enfrentar las consecuencias de la política militar de Caracalla, particularmente el conflicto con el Imperio parto.

Su autoridad, sin embargo, se encontraba debilitada por las tensiones dentro del ejército y por la aparición de nuevos aspirantes al trono.

En el año 218, Macrino fue desplazado del poder por una rebelión que favoreció el ascenso de Heliogábalo, conocido también como Elagábalo.

El nuevo emperador procedía de Emesa, una importante ciudad de Siria, y estaba vinculado a una familia sacerdotal dedicada al culto de una divinidad solar local.

Su llegada al poder fue impulsada especialmente por su abuela, Julia Mesa, quien pertenecía a la familia imperial de los Severos.

Heliogábalo era todavía adolescente cuando fue proclamado emperador. Su legitimidad política se apoyaba en sus vínculos familiares con la dinastía precedente y en el respaldo de importantes sectores militares.

Su gobierno se caracterizó por los conflictos entre diferentes grupos de la corte, las tensiones con las instituciones tradicionales romanas y la creciente influencia de su entorno familiar.

Las fuentes antiguas lo presentan frecuentemente como un gobernante extravagante y contrario a las costumbres romanas. Sin embargo, debemos recordar que buena parte de esos relatos procede de autores hostiles a su figura, por lo que sus descripciones deben examinarse críticamente.

Problemas con Ulpiano

La Historia Augusta, una colección de biografías imperiales redactada mucho después de los acontecimientos, afirma que Heliogábalo apartó de su entorno al jurista.

En la biografía de Heliogábalo, capítulo 16, se señala que el emperador destituyó a Ulpiano debido a su rectitud moral.

Sin embargo, debemos considerar dos problemas.

El primero es que la Historia Augusta contiene numerosas anécdotas cuya autenticidad histórica resulta discutida. La investigación moderna ha demostrado que algunas de sus narraciones responden a intereses literarios y políticos, e incluso incorporan acontecimientos ficticios.

El segundo problema es que el testimonio no permite establecer con precisión cuánto tiempo estuvo Ulpiano apartado de la administración imperial ni demuestra por sí solo que hubiera sufrido un destierro territorial.

Por esta razón, es más prudente afirmar que la tradición antigua atribuye a Heliogábalo el apartamiento de Ulpiano de determinadas funciones, pero que las circunstancias exactas de ese episodio son inciertas.

Durante los últimos años del gobierno de Heliogábalo, las tensiones políticas se intensificaron.

Julia Mesa, que había desempeñado un papel fundamental en su ascenso, comenzó a favorecer la posición de otro de sus nietos: Alejandro Severo.

Este último era primo de Heliogábalo y contaba con el respaldo de su madre, Julia Mamea.

En el año 221, Heliogábalo adoptó a Alejandro y lo reconoció como heredero mediante su elevación a la dignidad de césar.

Sin embargo, esta decisión no puso fin a los conflictos dentro de la familia imperial.

La popularidad creciente de Alejandro entre los soldados terminó convirtiéndose en una amenaza para el propio emperador.

En marzo de 222, Heliogábalo fue asesinado por miembros de la Guardia Pretoriana, junto con su madre Julia Soemias.

Alejandro Severo se convirtió entonces en el nuevo emperador, inaugurando una etapa en la que Ulpiano alcanzaría una influencia política extraordinaria.

El 31 de marzo de 222, poco después del ascenso de Alejandro Severo, una constitución imperial conservada en el Código de Justiniano menciona a Domicio Ulpiano como prefecto de la annona y jurista. El emperador también lo identifica como amigo suyo.

Este testimonio permite establecer que Ulpiano ocupaba una importante función administrativa durante los primeros días del nuevo gobierno.

El praefectus annonae era un funcionario imperial encargado de importantes responsabilidades relacionadas con el abastecimiento de Roma.

Entre sus competencias se encontraban la supervisión del suministro de cereales y aspectos de la organización destinada a asegurar la disponibilidad de alimentos para la población.

El cargo tenía una considerable importancia política.

Roma dependía de redes comerciales y administrativas que conectaban la capital con las provincias productoras de alimentos, especialmente aquellas situadas alrededor del Mediterráneo.

Los problemas en el suministro podían provocar dificultades económicas, disturbios y tensiones políticas.

Por ello, el prefecto de la annona debía contar con la confianza del emperador y con capacidad para dirigir una organización administrativa compleja. Ulpiano había alcanzado una posición destacada en la administración imperial antes de convertirse en prefecto del pretorio.

La vinculación de Ulpiano con la nueva familia imperial resulta fundamental para comprender su ascenso político.

Julia Mamea, madre de Alejandro Severo, ejerció una influencia considerable sobre el joven emperador.

Según la tradición histórica, Ulpiano llegó a convertirse en uno de los principales asesores del nuevo gobierno.

La cercanía entre el jurista y la familia imperial también es examinada por Tony Honoré en su estudio sobre Ulpiano.

Últimos años

Los últimos años de la vida de Domicio Ulpiano estuvieron marcados por su ascenso a una de las posiciones más importantes del gobierno imperial y por las tensiones políticas que finalmente provocaron su asesinato. Después de haber desarrollado una extensa producción jurídica durante el reinado de Caracalla, Ulpiano alcanzó una influencia considerable bajo el gobierno de Alejandro Severo, quien llegó al poder en marzo de 222 d. C.

Sin embargo, su participación en la administración imperial se produjo en un ambiente particularmente difícil. La Guardia Pretoriana había adquirido una considerable influencia sobre los acontecimientos políticos y los conflictos entre las autoridades civiles y militares amenazaban constantemente la estabilidad del gobierno.

El asesinato de Heliogábalo, ocurrido el 11 de marzo de 222, permitió el ascenso de su primo Alejandro Severo, quien todavía era adolescente.

Debido a su juventud, el nuevo emperador dependía considerablemente del asesoramiento de personas experimentadas, especialmente de su madre Julia Mamea y de funcionarios vinculados a la administración imperial.

En este contexto, Ulpiano adquirió una posición de gran importancia.

Como estudiamos anteriormente, el 31 de marzo de 222 una constitución imperial lo menciona como prefecto de la annona, función relacionada con la administración del abastecimiento de alimentos de Roma.

Posteriormente, fue promovido a la prefectura del pretorio.

El 1 de diciembre de 222, Ulpiano ya aparece documentado como prefecto del pretorio, según una constitución imperial conservada en el Código de Justiniano, 4.65.4. Esta referencia permite establecer con seguridad que había alcanzado aquella magistratura antes de finalizar ese año.

El praefectus praetorio era originalmente el comandante de la Guardia Pretoriana, cuerpo militar destinado a proteger al emperador.

Sin embargo, durante el Imperio, sus funciones habían adquirido una extensión considerable.

El prefecto del pretorio podía ejercer responsabilidades relacionadas con:

  • La dirección de la Guardia Pretoriana.

  • La administración imperial.

  • La resolución de controversias judiciales.

  • La supervisión de determinadas materias militares.

  • La participación en el consejo imperial.

  • La colaboración directa con el emperador.

Durante la dinastía de los Severos, la importancia jurídica del cargo había aumentado significativamente.

Papiniano, por ejemplo, había desempeñado aquella magistratura durante los últimos años del gobierno de Septimio Severo.

Antes de que Ulpiano alcanzara la prefectura del pretorio, el cargo había sido desempeñado por dos funcionarios llamados Flaviano (Flavianus) y Cresto (Chrestus).

Las fuentes antiguas ofrecen versiones complejas sobre la relación entre estos funcionarios y Ulpiano.

Según el historiador Casio Dión, Ulpiano consiguió que Flaviano y Cresto fueran ejecutados, lo que le permitió ocupar su posición.

Este testimonio resulta especialmente importante porque procede de un historiador contemporáneo de los acontecimientos.

En su Historia romana, libro LXXX, Casio Dión sostiene que Ulpiano intentó corregir diversas irregularidades introducidas durante el gobierno de Heliogábalo, pero también lo vincula directamente con la muerte de sus predecesores.

Por consiguiente, sería históricamente incorrecto presentar a Ulpiano exclusivamente como una víctima de las intrigas políticas de otros funcionarios.

Las fuentes también lo muestran como un personaje que participó activamente en los conflictos por el control de la administración imperial.

No obstante, el testimonio de Casio Dión tampoco permite reconstruir todos los detalles jurídicos y políticos de las ejecuciones de Flaviano y Cresto.

La autoridad de Ulpiano como prefecto del pretorio dependía en gran medida de su capacidad para ejercer control sobre la Guardia Pretoriana.

Sin embargo, las relaciones entre el jurista y los soldados se deterioraron progresivamente.

La Guardia Pretoriana era una institución con una larga tradición de participación en los conflictos sucesorios del Imperio.

Sus integrantes habían intervenido en la destitución y asesinato de diversos emperadores y funcionarios, convirtiéndose en un actor político de considerable importancia.

Ulpiano, por su parte, representaba una administración imperial que pretendía reforzar la autoridad del nuevo gobierno.

Casio Dión relata que, durante su prefectura, se produjo un grave enfrentamiento entre miembros de la Guardia Pretoriana y sectores de la población romana.

Los disturbios se prolongaron durante tres días y provocaron numerosas muertes entre ambos bandos.

La muerte de Ulpiano constituye uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia de la jurisprudencia romana clásica.

Según Casio Dión, miembros de la Guardia Pretoriana se levantaron contra el jurista y lo atacaron durante la noche.

Ulpiano intentó escapar y buscó refugio en el palacio imperial, donde se encontraban Alejandro Severo y su madre Julia Mamea.

Sin embargo, la presencia del emperador no logró protegerlo.

Los soldados terminaron asesinándolo, pese a que había buscado amparo junto a las máximas autoridades imperiales.

El relato aparece en la Historia romana de Casio Dión, libro LXXX, capítulo 2. La fecha exacta de su asesinato continúa siendo discutida.

Una parte importante de la historiografía moderna sitúa su muerte en el año 223 o, a más tardar, durante los primeros meses de 224.

El asesinato de Ulpiano refleja una contradicción fundamental del gobierno imperial romano.

Por una parte, el Estado necesitaba juristas especializados capaces de administrar justicia, interpretar las disposiciones imperiales y organizar las instituciones públicas.

Por otra, el poder político dependía considerablemente de la fidelidad de las fuerzas militares.

Ulpiano había alcanzado una posición extraordinaria gracias a sus conocimientos jurídicos y a su experiencia administrativa, pero esas cualidades no fueron suficientes para garantizar su autoridad frente a los soldados que formalmente se encontraban bajo su mando.

Su muerte también puso de manifiesto las limitaciones del joven Alejandro Severo, quien no consiguió impedir el asesinato de uno de sus principales colaboradores.

Pensamiento jurídico y filosófico

Sus planteamientos se conservaron principalmente gracias al Digesto de Justiniano, una compilación jurídica elaborada en el siglo VI d. C., aproximadamente trescientos años después de su muerte. Esta obra incorporó numerosos fragmentos de los juristas clásicos y permitió transmitir sus doctrinas a las generaciones posteriores.

Para comenzar, estudiaremos especialmente dos fragmentos procedentes del libro I de sus Institutiones, conservados en el libro I, título I, del Digesto.

El Derecho

Ulpiano comienza sus Institutiones destacando la necesidad de comprender qué significa el derecho.

En el Digesto 1.1.1, introduce una definición atribuida expresamente al jurista Celso:

Ius est ars boni et aequi.

«El derecho es el arte de lo bueno y de lo equitativo».

Es importante destacar que esta definición pertenece originalmente a Celso y es recogida por Ulpiano, quien la considera especialmente apropiada para explicar la naturaleza del derecho.

La expresión presenta una concepción del derecho que no se limita a identificarlo con las normas jurídicas establecidas por una autoridad.

La palabra latina ars designa una actividad que requiere conocimientos, habilidades y procedimientos orientados hacia una finalidad determinada. En consecuencia, comprender el derecho como un arte significa reconocer que su ejercicio exige capacidades intelectuales y prácticas.

Por su parte, los términos bonum y aequum introducen una dimensión valorativa. Lo bueno y lo equitativo aparecen como criterios relevantes para la actividad jurídica.

Desde esta perspectiva, el jurista no debería limitarse a conocer las disposiciones existentes, sino también comprender su finalidad y las consecuencias de su aplicación.

Sacerdotes

Una de las afirmaciones más interesantes de Ulpiano aparece inmediatamente después de su referencia a Celso.

En Digesto 1.1.1.1, Ulpiano sostiene que los juristas pueden ser llamados sacerdotes de la justicia, porque se dedican a distinguir lo equitativo de lo injusto y lo permitido de lo prohibido.

También señala que su actividad busca promover las buenas conductas y que, mediante el estudio del derecho, los juristas aspiran a una filosofía verdadera y no simplemente aparente.

Esta afirmación tiene una considerable importancia histórica.

Ulpiano presenta la jurisprudencia como una actividad que no se agota en la aplicación mecánica de reglas, sino que requiere conocimientos relacionados con la conducta humana y con la distinción entre lo justo y lo injusto.

La comparación entre los juristas y los sacerdotes posee además un significado simbólico. En Roma, la actividad jurídica había mantenido históricamente vínculos con las instituciones religiosas, especialmente durante los primeros períodos de su desarrollo.

Sin embargo, en tiempos de Ulpiano la jurisprudencia ya constituía una disciplina técnica altamente especializada.

Por eso, su referencia a los sacerdotes puede comprenderse como una reivindicación del prestigio intelectual y moral de quienes se dedicaban al derecho.

Definición de justicia

Una de las formulaciones más conocidas de Ulpiano se encuentra en el Digesto 1.1.10.

Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi.

«La justicia es la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno su derecho».

Esta definición merece especial atención porque presenta la justicia como una disposición de la voluntad.

La justicia no consiste solamente en realizar ocasionalmente una acción correcta, sino en mantener una orientación estable hacia el reconocimiento de lo que corresponde a cada individuo.

Una persona no puede considerarse justa únicamente porque actúe correctamente en una circunstancia particular. La justicia exige una disposición que permanezca a lo largo del tiempo.

Por otra parte, la expresión ius suum cuique tribuendi introduce el problema fundamental de determinar qué corresponde jurídicamente a cada persona.

Esto significa que la justicia presupone algún criterio mediante el cual se pueda identificar aquello que pertenece o corresponde a cada individuo.

Sin embargo, Ulpiano no desarrolla en esta breve definición una teoría completa sobre cómo establecer ese criterio en todas las circunstancias.

La fórmula también debe interpretarse dentro del contexto social romano, donde las personas poseían condiciones jurídicas diferentes y no disfrutaban necesariamente de iguales derechos.

Desde una perspectiva filosófica, podemos relacionar esta concepción con la tradición antigua que entendía la justicia como una virtud vinculada al reconocimiento de lo que corresponde a cada individuo.

No obstante, una semejanza conceptual con otros pensadores, como Aristóteles, no demuestra por sí sola una influencia directa.

Preceptos del derecho

Inmediatamente después de definir la justicia, Ulpiano presenta tres principios fundamentales.

En el Digesto 1.1.10.1 establece:

Honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere.

Su traducción es:

«Vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo».

Estos tres preceptos representan una de las formulaciones más conocidas de la tradición jurídica romana.

1. Vivir honestamente

El primer principio, honeste vivere, destaca la importancia de la conducta personal.

La honestidad aparece como una cualidad relacionada con el comportamiento adecuado dentro de la comunidad.

Sin embargo, el concepto romano de honestidad debe interpretarse dentro de las concepciones morales y sociales de su época.

No equivale necesariamente a todas las exigencias éticas que actualmente asociamos con esa palabra.

2. No dañar a otro

El segundo precepto, alterum non laedere, establece una orientación hacia el respeto de los demás.

Desde una perspectiva jurídica, esta formulación puede relacionarse con la preocupación por las consecuencias perjudiciales de la conducta humana.

Es importante advertir que el precepto no constituye, por sí solo, una teoría sistemática de la responsabilidad civil.

No obstante, expresa un principio general que posteriormente adquiriría gran relevancia dentro de la tradición jurídica occidental.

3. Dar a cada uno lo suyo

El tercer precepto, suum cuique tribuere, se encuentra estrechamente relacionado con la definición de justicia.

Su finalidad es destacar la importancia de reconocer aquello que corresponde a cada individuo.

Pero también plantea una pregunta filosófica fundamental: ¿cómo determinamos qué corresponde a cada persona?

Las respuestas dependerán del sistema jurídico, de las instituciones existentes y de las concepciones de justicia utilizadas.

Definición de jurisprudencia

Ulpiano también proporciona una definición de jurisprudencia que sería extraordinariamente influyente.

En el Digesto 1.1.10.2 encontramos:

Iuris prudentia est divinarum atque humanarum rerum notitia, iusti atque iniusti scientia.

«La jurisprudencia es el conocimiento de las cosas divinas y humanas, la ciencia de lo justo y de lo injusto».

Esta definición resulta especialmente significativa porque presenta la jurisprudencia como una forma de conocimiento.

La expresión divinarum atque humanarum rerum notitia refleja una concepción amplia de la realidad que el jurista debe comprender.

Por otra parte, iusti atque iniusti scientia establece que su conocimiento debe orientarse hacia la distinción entre lo justo y lo injusto.

La jurisprudencia aparece así como una disciplina que combina conocimientos técnicos con una dimensión valorativa.

Es importante recordar que el término latino iurisprudentia no debe confundirse automáticamente con el significado predominante que posee actualmente la palabra jurisprudencia en Chile.

En el lenguaje jurídico chileno, generalmente utilizamos «jurisprudencia» para referirnos a las decisiones judiciales y a los criterios interpretativos desarrollados por los tribunales.

En cambio, Ulpiano emplea el concepto para describir una disciplina de conocimiento jurídico mucho más amplia.

Esta diferencia resulta fundamental si posteriormente deseas relacionar sus planteamientos con la tradición jurídica chilena.

El derecho natural (ius naturale)

Ulpiano sostiene:

Ius naturale est, quod natura omnia animalia docuit.

«El derecho natural es aquel que la naturaleza enseñó a todos los animales».

Esta definición resulta extraordinariamente interesante porque Ulpiano no considera que el derecho natural pertenezca exclusivamente al ser humano.

Por el contrario, sostiene que existe un conjunto de comportamientos que la naturaleza ha establecido tanto para los seres humanos como para los demás animales.

Entre sus ejemplos se encuentran:

  • La unión entre machos y hembras.

  • La reproducción.

  • La crianza y educación de las crías.

¿Por qué Ulpiano considera que estas conductas pertenecen al derecho natural?

Porque no dependen necesariamente de una legislación creada por los seres humanos. Se manifiestan en la propia naturaleza y pueden observarse en distintas especies.

Sin embargo, debemos comprender esta definición dentro del pensamiento antiguo. Ulpiano utiliza el concepto de derecho natural de una manera distinta de la empleada por muchas teorías modernas de los derechos humanos.

Para Ulpiano, el derecho natural tiene una dimensión biológica, puesto que comprende determinadas inclinaciones compartidas por los seres vivos.

Esto plantea una cuestión filosófica: ¿puede hablarse propiamente de derecho cuando no existe una comunidad capaz de establecer normas jurídicas?

Ulpiano no desarrolla aquí una respuesta sistemática. Su definición refleja una utilización amplia del concepto de ius, vinculada al orden de la naturaleza.

El derecho de gentes (ius gentium)

La segunda categoría es el ius gentium, expresión que generalmente traducimos como «derecho de gentes».

Ulpiano explica que este derecho es utilizado por los pueblos humanos y se diferencia del derecho natural precisamente porque este último también es común a los animales.

El derecho de gentes comprende instituciones que se encuentran extendidas entre diferentes comunidades humanas.

Dentro de la tradición jurídica romana se relacionaba, entre otras materias, con determinadas formas de contratación, intercambio y relaciones jurídicas entre personas de distintas comunidades.

Uno de los aspectos más interesantes es que Ulpiano vincula la esclavitud con el derecho de gentes.

En el Digesto 1.1.4 sostiene que las manumisiones pertenecen al derecho de gentes y explica que, conforme al derecho natural, los seres humanos nacían libres, mientras que la esclavitud surgió posteriormente como una institución del derecho de gentes.

Esta distinción es filosóficamente significativa.

Ulpiano reconoce una diferencia entre la condición natural del ser humano y determinadas instituciones jurídicas establecidas históricamente.

Sin embargo, ello no significa que propusiera abolir la esclavitud. Su actividad como jurista se desarrolló dentro de un ordenamiento que reconocía y regulaba jurídicamente esa institución.

El derecho civil (ius civile)

Finalmente, Ulpiano distingue el derecho civil.

En el Digesto 1.1.6, explica que el derecho civil no se aparta completamente del derecho natural ni del derecho de gentes, pero tampoco coincide íntegramente con ellos.

Cuando una comunidad agrega o modifica algo respecto de ese derecho común, establece su propio derecho civil.

Esto significa que el ius civile corresponde al derecho particular de una determinada comunidad política.

En el contexto de Ulpiano, se relaciona especialmente con el ordenamiento jurídico romano.

Conclusión

La vida de Domicio Ulpiano refleja la estrecha relación entre el derecho, la justicia y el poder político durante el Imperio romano. En medio de las transformaciones y conflictos de la dinastía de los Severos, destacó como uno de los juristas más influyentes de su época, alcanzando importantes cargos administrativos y desarrollando una extensa obra jurídica. Aunque su trayectoria terminó trágicamente con su asesinato a manos de la Guardia Pretoriana, su pensamiento trascendió las circunstancias de su tiempo. Sus reflexiones sobre la justicia, el derecho natural y la jurisprudencia fueron preservadas en el Digesto de Justiniano, convirtiéndolo en una figura fundamental para la historia del derecho y el pensamiento jurídico occidental.

1 comentario:

  1. Me da la sensación que Ulpiano buscaba la sustancia misma de lo justo. Así mismo la justicia como un imperativo ético en cualquier orden social "Ius Gentium" (Derecho de Gentes).
    En generaciones posteriores su visión del derecho y su obra fue en cierta medida parte de la influencia escolástica.
    Se agradece su trabajo profesor.

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