martes, 22 de octubre de 2019

San Buenaventura - Breviloquio (Parte I: De la Trinidad de Dios) (1257)

La trinidad representada en vidrio


Comenzamos con la primera obra de San Buenaventura llamada Breviloquio, que es considerada una de sus primeras inspiraciones. En este texto volveremos quizás a pensamientos anteriores con respecto a la religión cristiana, pero con matices filosóficos característicos de aquella época. Por ejemplo, nos encontraremos nuevamente con el concepto de Trinidad, Doctrina y Fe que tanto se ha visto. Es necesario que veamos estos aspectos ya que de otro modo sería inentendible seguir avanzando en las obras de este filósofo. 


Breviloquio


Primera parte: De la Trinidad de Dios

Capítulo I: La Teología

Lo fundamental para comprender a la Trinidad es estudiar la disciplina de la teología. Esta es una ciencia que versa sobre Dios, una ciencia donde termina la filosofía y comienza el conocimiento de las cosas divinas. 

Capítulo II: Unidad de la esencia

Para estudiar la Trinidad se deben considerar tres cosas:


  1. Cómo se compagina la unidad
  2. Cómo se compagina dicha unidad con la pluralidad de las apariciones
  3. Cómo se compagina la pluralidad con los apropiados

Ya sabemos que las tres personas de la Trinidad son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El primero no tiene un orígen, el segundo tiene orígen por generación del primero y el tercero tiene por origen la aspiración  o procesión de los dos primeros.

Capítulo III: La inteligencia de la fe

Como esta Trinidad es comprensible para todos, entonces se entiende que es posible establecer una relación entre las tres personas además de considerarlas como una sola unidad. 

Capítulo IV: Expresión católica de la fe

En la divinidad hay dos modos de predicar:


  1. Sustancia
  2. Relación

Luego tenemos tres modos de suponer:

  1. Esencia
  2. Persona
  3. Noción

Luego cuatro modos de significar la sustancia:

  1. Esencia 
  2. Sustancia
  3. Persona
  4. Hipóstasis

Luego tenemos cinco modos de decir:


  1. Persona (quien)
  2. Supuesto (el cual)
  3. Noción (la cual)
  4. Substancia (lo cual)
  5. Quididad (qué)


Luego tenemos tres modos de distinguirse:


  1. Diverso modo de existir
  2. De haberse
  3. De entender

Si tomamos las categorías del ser de Aristóteles: substancia, cantidad, relación, cualidad, acción, pasión, dónde, cuándo, situación y hábito, veremos que las cinco últimas solo se refieren a los seres corporales, mientras que las cinco primeras se refieren a Dios.

Capítulo V: Multiformidad de apariciones


¿Cuál es el fundamento de que en la biblia se hable de apariciones a los profetas? la respuesta la encontraremos en el principio, es decir, directamente del Padre. Si bien las características de Dios son ser inmenso, incorpóreo e inmutable, también no se debe dejar de pensar que es el principio de las cosas espirituales y corporales. 

De esta forma, la divinidad se da a conocer de tres maneras:


  1. Apareciendo: como un efecto sensible para unir el significado con el signo
  2. Descendiendo: está siempre presente en los cielos, pero se hace presente cuando desciende
  3. Enviando: en efecto, el Padre envía al Hijo para que los hombres reciban el mensaje

Estas son las características de cómo la Trinidad puede aparecer a los hombres. 

Capítulo VI: Multiplicidad de los apropiados

En efecto, en la Trinidad hay una relación pero también un orden jerárquico que a su vez representa una unidad. En este sentido, el Padre es la verdad, el Hijo la bondad y al Espíritu Santo la unidad. Sin embargo, al mismo tiempo los tres también tienen las caracterìsticas que le pertenecen al otro, pero fundamentalmente, si se les mira individualmente estos representan lo anteriormente dicho.

Capítulo VII: La omnipotencia de Dios

Si se entiende que Dios es todopoderoso, entonces al mismo tiempo se entiende que no se le pueden asignar elementos como sentir culpa o miedo; decir mentiras o querer el mal; ni los actos materiales como dormir o caminar; ni actos inconvenientes como poder hacer algo mayor a sí mismo o igual a sí mismo. Como dice San Agustín, todo lo inconveniente es imposible en Dios. 

Dios también es una potencia divina, es decir, es creador de todas las cosas que están en potencia y en acto. No puede crear cosas que sean imposibles a él mismo por el concepto de inconveniencia que habíamos analizado anteriormente.

Capítulo VIII: Sabiduría, predestinación y presencia de Dios

La sabiduría de Dios conoce tanto las cosas buenas como malas, presentes, futuras y pasadas. San Buenaventura divide el conocimiento de Dios en al menos cuatro aspectos:

  1. Conocer las cosas conocidas: luz
  2. Conocer las cosas vistas y aprobadas: espejo
  3. Conocer las cosas previstas y dispuestas: ejemplar
  4. Conocer las cosas predestinadas y reprobadas: libro de la vida

El concepto de ''ejemplar'' es vital en la filosofía de Buenaventura, pues expresa nada más ni nada menos que la idea platónica del modelo. Es decir, las cosas son lo que son por la idea que tenemos de ellas. 

Capítulo IX: Voluntad y providencia de Dios

Teniendo el antecedente que la voluntad de Dios es perfecta, entonces quiere decir que esta es inmodificable y recta. Sin embargo, esta puede manifestarse de muchas maneras. 

Una cosa es que sea perfecta y recta, y otra es que pueda ser mostrada de distintas maneras para que el ser humano pueda entenderla. En ese caso, la voluntad siendo perfecta es necesaria y sigue una prelación, es decir, un orden indicado por Dios. 

La voluntad puede ejecutar y permitir, y es quizás en el segundo punto cuando uno se pregunta por qué Dios hace lo que hace. Como todo en él es perfecto, entonces su voluntad es perfecta y va dirigida al bien; en este caso, ejecuta justamente y permite justamente.

Conclusión

Por supuesto, lo que tenemos aquí es una pequeña introducción a la sapiencia de nuestro filósofo. Vemos que tiene un lado marcadamente platónico sobre Dios y sobre el ser humano, además de recordarnos algunas ideas y pensamientos de San Anselmo de Canterbury, quien fuera otra inspiración a parte de San Agustín de Hipona. Veamos a lo largo de este descubrimiento con qué más nos sorprende San Buenaventura.



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lunes, 21 de octubre de 2019

San Buenaventura - Vida y obra (1217 - 1274)

Escultura en el cementerio San Buenaventura


Declarado otro de los muchos doctores de la Iglesia Católica quien fuera discípulo de Alejandro de Hales, además de ser llamado el Doctor Seráfico, tenemos para ustedes la vida del gran San Buenaventura, otro escolástico que nos va a dar una alternativa a Santo Tomás de Aquino y que también nos volverá a considerar el platonismo de la mano de San Agustín de Hipona. Siendo franciscano y contrario a las ideas de Aristóteles, vemos con San Buenaventura una nueva forma de ver a la divinidad. 

San Buenaventura


Su vida

Nacido en Civita, lo que hoy sería parte de Bagnoregio en Umbría, muy poco se sabe de la infancia de Juan de Fidanza (que era su nombre en la vida civil). 

Entró a la orden franciscana el año 1243 y el mismo año estudió en la Universidad de París, bajo la tutela de Alejandro de Hales el primer intelectual de la orden franciscana. Tomó el mismo grado que Santo Tomás de Aquino y en el año 1255 recibió el grado de maestría; el equivalente medieval para ser llamado ''doctor''.

Defendió la orden de los franciscanos contra los anti mendicantes y por ello recibió el honor de ser Ministro General de la Orden Franciscana. En el año 1265 fue elegido para ser arzobispo de York, pero nunca fue consagrado y finalmente renunció al año siguiente.

Se dice que su vida estuvo fuertemente marcada por procurar la elección de Gregorio X, quien le otorgó Cardenal de Albano e insistió en su presencia en el Concilio de León en 1274.

No obstante, luego de sus grandes contribuciones a las iglesias griegas y latinas, San Buenaventura muere repentinamente y en misteriosas circunstancias. Sin embargo, su legado llevó a la orden franciscana a las más altas esferas intelectuales hasta la llegada de los jesuítas.  


Pensamiento

San Buenaventura es considerado un agustiniano, es decir, un seguidor de la doctrina de San Agustín de Hipona. Mientras que los filósofos como Roger Bacon, San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino se enfocaban en la visión de las ciencias y la filosofía aristotélica, San Buenaventura analiza el mundo platónico y lo junta con el pensamiento del santo de Hipona.

Compartió plenamente los pensamientos de Santo Tomás de Aquino con respecto a la eternidad del mundo. Combatió junto a Tomás de Aquino contra los averroístas, pero disentía en algunas cosas con el aquinate. 

Estaba de acuerdo con que se podía probar la existencia de Dios, pero su modo distaba totalmente de cómo lo comprendía Santo Tomás, de hecho, San Buenaventura apoyaba mucho más el argumento ontológico de San Anselmo de Canterbury. 

Posición frente a la filosofía

San Buenaventura considera a la filosofía como el camino a la revelación de muchas ciencias, pero no el camino a la verdad. Si alguien se detiene en la ciencia de la filosofía, tarde o temprano caerá en un error porque la filosofía es humana. 

Para San Buenaventura, las visiones de Aristóteles están erradas en cuanto a la filosofía por lo que Platón sería el más adecuado para un estudio filosófico. En todo caso, si hay un mérito que San Buenaventura pueda destacar en Aristóteles, es que el estagirita sí es una autoridad en el campo de las ciencias, más no en la filosofía. 

La crítica más aguda que hace Buenaventura a Aristóteles es que este rechaza la teoría de las ideas de Platón. Al rechazarlas, entonces se dice necesariamente que todo estaría manejado por el azar; de ser así, entonces Dios no podría existir porque Dios es el que da orden al universo.


Obras

San Buenaventura dejó muchos textos escritos, pero son pocos los que nos han llegado (como con todos los filósofos antiguos). Sin embargo, nosotros nos abocaremos a las obras filosóficas de San Buenaventura ya que de analizar todas nos podríamos demorar muchísimo tiempo. 

Si bien los textos parecen ser totalmente religiosos, cabe destacar la importancia que San Buenaventura le da al razonamiento en cada una de sus palabras. 


Conclusión

Como podíamos suponerlo, la historia de la filosofía va avanzando en la dialéctica de Platón y Aristóteles todo el tiempo, incluyendo en el ámbito cristiano. A diferencia de sus predecesores, San Buenaventura no seguirá con el legado tomista, sino que irá por el legado agustiniano defendiéndolo de toda herejía. Estaría demás decir que toda esta influencia la desarrolló en los momentos que estuvo con su maestro Alejandro de Hales de quien ya habíamos hablado. Veamos como nos sorprende San Buenaventura en sus obras. 




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domingo, 20 de octubre de 2019

La Guerra Justa en la Edad Media

Pintura sobre una antigua guerra

La Guerra Justa

El concepto de Guerra Justa llama la atención en tiempos modernos, pues las guerras son dañinas y devastadoras para todos los seres del planeta. ¿Por qué entonces existe un concepto de Guerra Justa? hoy vamos a observarlo y analizarlo desde los distintos filósofos que hemos abordado hasta ahora en Filosofía Apuntes. 


Antigua Grecia

El primer hombre en crear el concepto de Guerra Justa fue Aristóteles en su tratado sobre La Política. Recordemos que Aristóteles creía firmemente en el Derecho Natural por el cual un hombre tenía la justa causa de tener un esclavo, ya que es natural que el más fuerte someta al más pequeño. En efecto, así ocurre en la naturaleza.

En ese sentido, es necesario que la ciudad proteja la libertad cívica para no caer en esta esclavitud natural.  

Antigua Roma

El concepto de Guerra Justa en Roma puede entenderse desde la perspectiva de un país que quiere repeler un ataque, una retaliación o que debe defenderse debido al incumplimiento de un tratado. 

Sin embargo, no era tan fácil declarar la guerra ya que esto significaba que los dioses no favorecerían al territorio porque la guerra era algo prohibido (nefas). Por eso, los romanos siempre consultaban a los sacerdotes feciales quienes se encargaban de decidir si se entraba en la guerra o no. 

San Agustín de Hipona

La posición de un país ganador en una guerra era básicamente por disposición del mismo Dios, de acuerdo con San Agustín de Hipona. Por otro lado, también argumenta que el cristiano no debiera sentirse avergonzado si lo fuerzan a ir a la guerra.

En consecuencia, seguir la Guerra Justa en realidad es cumplir un mandato divino. Esto es dicho por San Agustín en su escrito ''La Ciudad de Dios''; sin embargo, luego en el mismo escrito dice que la misma guerra sería un motivo para actuar en contra de las leyes divinas; ''No matarás''. 

Santo Tomás de Aquino

Novecientos años después, Santo Tomás de Aquino elaborará las condiciones para que se pueda librar una Guerra Justa. 

  1. Debe ser con la autorización de una autoridad instituida como lo es el Estado
  2. Debe ocurrir por una justa causa y un buen motivo más que por propia ganancia
  3. La paz debe ser el motivo central entre la violencia

Estos basamentos están considerados bajo el pensamiento de San Agustín de Hipona. De cierta forma, Santo Tomás formaliza lo dicho por el santo. 

Conclusión

A medida que fue avanzando el tiempo, el concepto de guerra tuvo más justificaciones y hoy en día ya se libra por un solo motivo ''la defensa de la democracia''. Sin embargo, pareciera ser que esta defensa de la democracia solo la imponen los países más grandes y fuertes. Los demás solo deben someterse a la coacción que los más pequeños ejercen. Si esto es así, entonces bien podríamos decir que las cosas desde Aristóteles no han cambiado...

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sábado, 19 de octubre de 2019

Principio de doble efecto


Principio de doble efecto

Este es un principio importantísimo no solo para la filosofía sino que también para el mundo de las leyes. Se dice que Santo Tomás de Aquino analizó este fenómeno en su celebre obra ''Suma Teológica'' específicamente en el libro II. 

Básicamente, el principio de doble efecto es el planteamiento que reflexiona si dar muerte producto de la defensa propia está permitido. Para resolver esto existen dos reflexiones:

San Agustín

El santo de Hipona nos dice que matar en defensa propia no está permitido porque la defensa propia solo puede provenir del amor propio. San Agustín no puede justificar la matanza en defensa propia porque es un carácter egoísta que justifica que el hombre pueda procurarse solo sus propios bienes y seguridad. 

Santo Tomás de Aquino

El aquinate nos dirá que ''nada puede evitar que un acto tenga dos efectos''. En efecto, cuando se lleva a cabo una acción esta podría tener consecuencias adversas o coherentes con la primera. Santo Tomás nos continúa: ''mientras un acto tiene intención, el otro no la tiene''.

De acuerdo con lo anterior, el acto de la defensa propia tiene dos efectos:

  1. El amor propio
  2. Matar al agresor


Al contrario de San Agustín, Santo Tomás de Aquino considera que no es contrario a la ley procurarse la vida por amor propio, ya que el amor propio es una función natural que tiene el hombre. Sin embargo, este amor propio no es incondicional, ya que el amor propio se acabaría cuando el hombre en defensa propia excede su violencia, pero si repele la violencia con moderación, entonces ese hombre ha actuado conforme a la ley.

Por lo tanto, para Santo Tomás de Aquino el elemento más importante para que la defensa propia no sea fuera de la ley es que esta se lleve sin la intención de matar al otro, procurándose así la legítima defensa.

Conclusión

Por supuesto, esto no es todo el concepto del principio de doble efecto, pero más adelante veremos cómo es que se desarrolla desde otro punto de vista. En efecto, los utilitaristas mencionarán que la intención en la acción no es relevante para efectos morales, cosa que iría en contra del planteamiento de Tomás de Aquino. Tendremos que ahondar mucho más en este tema. 


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viernes, 18 de octubre de 2019

Alejandro de Hales - Vida y obra (1185 - 1245)



Filósofo y teólogo con una importante obra que se confunde con la excelentísima obra de Santo Tomás de Aquino: Summa Universae Theologiae, Alejandro de Hales sigue el movimiento franciscano junto a su discípulo San Buenaventura. El presente filósofo sigue la misma línea del Doctor Angélico (Santo Tomás de Aquino), es decir, no se acepta la eternidad del mundo, se acepta la teoría de la esencia y el ser, aunque también existen cuestionamientos a este último. Veamos la vida de este gran filósofo. 



Alejandro de Hales


Sus inicios

Alejandro nació en Hales el año 1189 en Shropshire, Inglaterra.  Proveniente de una familia rica, Alejandro estudió en la Universidad de París convirtiéndose en maestro de artes en el año 1210. Luego estudió teología para convertirse en Master Regens, un título conferido en esos tiempos por las universidades medievales equivalente a una maestría de hoy en día. 

Estudios

Para el año 1221, Alejandro de Hales impartía clases sobre las Sentencias de Pedro Lombardo, el cual era un texto de alta importancia para los escolásticos. También fue uno de los filósofos que trató de incorporar las obras de Aristóteles al curriculum universitario de teología. 

Trabajo

Trabajaba principalmente en lo que se conocía como prebenda; una porción de bienes de una iglesia designada a un eclesiástico para que realice ciertas funciones. De igual forma, tiempo más tarde recibió la canonjía, el cual era un título eclesiástico del cual no se percibían rentas. Para el año 1230, Alejandro recibiría su primera diócesis en Coventry y Lichfield. 

Vida franciscana

En el año 1235, Alejandro de Hales se une a la escuela franciscana a los 50 años de edad. Fue el primer franciscano que ocupaba un puesto universitario desde la existencia de la orden, y alineó sus punto filosóficos con los planteamientos de la orden. 

En aquella oportunidad fue llamado Doctor Irrefragibilis (doctor irrefutable) así como también lo llamaban Doctor Doctorum (maestro de maestros). Esto le valió la influencia y el honor de muchos filósofos como por ejemplo, Richard Rufus de Cornwall, Odo Rigaldus, pero el más importante fue San Buenaventura. Practicamente, San Buenaventura lo consideraba como un padre, a pesar de no haber tenido contacto directo con él. No obstante, se refería a él como un padre y un maestro. 

Tiempo más tarde, al regresar de París Alejandro cae enfermo probablemente debido a una epidemia. El filósofo muere el 21 de Agosto de 1245.

Pensamiento

El pensamiento filosófico de Alejandro de Hales está estrechado entre la filosofía de San Agustín de Hipona y San Anselmo de Canterbury. De hecho, Alejandro acepta y reconoce la labor de San Anselmo en el argumento ontológico, además de coincidir con la doctrina del Monologion (obra de San Anselmo). 

Por supuesto, tampoco se puede dejar de lado, como se mencionó anteriormente, que Alejandro siguió la doctrina de las Sentencias de Pedro Lombardo considerando incluso más importante que las lecturas de la biblia.

Sin embargo, lo más destacable de Alejandro fue seguir las líneas de pensamiento de Anselmo de Canterbury. Alejandro nos decía que el pecado era falta de justicia, en otras palabras, el pecado no solo era el castigo sino que además era la causa del mismo. Así, el cuerpo representaría la corrupción el alma representaría aquello que es puro y limpio. Como Dios nos dió el cuerpo, así también nos dio el alma; por lo tanto, Dios es misericordioso al otorgarnos el alma teniendo un cuerpo corrupto. 

También desarrolló la idea de la ''guerra justa'', aunque este concepto ya había sido desarrollado por San Agustín cuando el santo de Hipona se refería al concepto de orden. 

Para que la guerra se produzca se necesitan 6 condiciones:

  1. Autoridad y actitud (quien declare la guerra)
  2. Intención y condición (referente a los soldados)
  3. Mérito (del enemigo)
  4. Justa causa

La justa causa a su vez se divide en tres: el alivio de la gente, coerción de los malditos y paz para todos. Nótese cómo el concepto de paz va en último lugar. 

Conclusión


Me parece de una total importancia la vida de Alejandro de Hales, ya que con este filósofo se empieza a iniciar otro importante capítulo en la historia de la filosofía: el movimiento franciscano a manos de los filósofos. Lamentablemente, no hemos podido encontrar sus obras traducidas al inglés o al español. Por lo tanto, solo dejaremos la vida de Alejandro de Hales de manera general junto con su pensamiento. 

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miércoles, 16 de octubre de 2019

Santo Tomás de Aquino - Ad Bernardum (Sobre Bernardo) (1273).



Esta es una de las tantas cartas que se conocen de Santo Tomás de Aquino. En este caso, es el abad de Monte Casino, Bernardo. Esta vez, creo que más que una carta personal de consulta enviada a Santo Tomás de Aquino, el texto que leeremos a continuación trata sobre una sentencia que escribiría San Gregorio la cual podría dar mucho que hablar en los círculos cristianos. Veamos la última escritura o el último texto que nos dejó el increíble Santo Tomás de Aquino

Ad Bernardum

Bernardo, quien posiblemente sea un abad de Francia, ha enviado una consulta a Santo Tomás de Aquino sobre la siguiente cita de San Gregorio:


Esto debería saberse, dice, que la bondad de Dios otorga a los pecadores posibilidades de arrepentimiento. Si no se vuelven en el tiempo que se les concede a los frutos del arrepentimiento sino que se vuelcan al servicio de la iniquidad, renuncian a lo que podrían haber obtenido a través de la misericordia de Dios. 

El Dios todopoderoso conoce de antemano el momento en que la vida de cada individuo llegará a su fin, y nadie podría morir en ningún momento, salvo en el momento en que muera.  

Porque si tomamos en cuenta los quince años que se agregaron a la vida de Ezequías, esto aumentó el término de su vida desde ese momento, en el cual, por sí mismo, había merecido morir: porque la ordenanza de Dios sabía de antemano el tiempo en que lo sacaría de la vida presente.

Aquí el ilustre doctor nos hace notar dos cosas muy importantes: la dimensión de la persona y la dimensión de la divinidad. En simples palabras, lo que el aquinate quiere decir en esta parte es que Dios conoce el porvenir del hombre porque de no conocerlo, entonces no podría ser perfecto. 

Por otro lado, el hombre no puede saber su destino, es decir, puede saber de cuántas múltiples formas puede morir, pero no puede saber exactamente cuál pues esa característica es exclusiva de Dios. 

Sin embargo, Dios no puede conocer algo ''de antemano'', ya que eso querría decir que Dios tiene tiempo lo cual es absurdo. Comprendiendo que Dios es la eternidad, entonces debemos entender que Dios está tanto en el pasado como en el presente y el futuro. 

Por eso, debemos ver las palabras del santo doctor Gregorio con un tenor interpretativo. 


Conclusión

Muy corta pero también muy conectada con la carta que habíamos visto anteriormente sobre la suerte. Nos queda claro entonces que solo Dios es el que puede saber el destino del hombre, ya que este por sí mismo es incapaz de hacerlo porque es una facultad divina. 

Hemos terminado la mayoría de las obras de Santo Tomás de Aquino. Como han podido ver, hemos dejado fuera todos los comentarios que el santo hizo sobre Aristóteles porque de ser así, el desarrollo de la obra del aquinate sería interminable. 

Muchas gracias por seguirnos. 





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domingo, 13 de octubre de 2019

Santo Tomás de Aquino - De sortibus (Sobre la suerte) (1272).

La herradura es un símbolo de buena suerte

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La suerte es un concepto que nos lleva a muchas interrogantes en esta vida, es decir, ¿Pasan las cosas por algo predestinado o por suerte? Por supuesto, el mundo cristiano nos comenta que nada pasa por casualidad ni mucho menos por la suerte, sino que todo lo contrario. Todo está predeterminado por un ser todopoderoso que comanda este mundo hasta la más mínima de sus creaturas. Veamos como Santo Tomás de Aquino enfrenta esta postura.
De Sortibus


Capítulo I: Información sobre la suerte

Santo Tomás de Aquino nos dice que hay cosas que existen por necesidad como las matemáticas cuando se dice dos más tres es igual a cinco, o de la naturaleza como cuando aparece el sol. Sin embargo, entre todas estas cosas (naturales o matemáticas) la suerte no está considerada en ellas.

No obstante, hay muchos quienes recalcan y consideran importante el concepto de suerte. 

Capítulo II: El fin de la suerte

La suerte no sería necesaria si todo en la vida del hombre estuviera ordenado y armonioso. Pero cuando no existe el orden y la armonía, entonces el hombre recurre a la costumbre de echarlo todo a suerte. Como dice la biblia:

''La suerte pone fin a las contiendas''
(Proverbios 18:18)

También ocurre que los títulos o las dignidades se han elegido por medio de la suerte. Así, en el Antiguo Testamento algunos individuos entraron al sacerdocio por suerte: Zacarías en el evangelio de Lucas fue elegido por suerte en el sacrificio de los inciensos y Saúl quien fue elegido rey por suerte.  

Bajo este respecto, Santo Tomás de Aquino describe tres tipos de suerte:

  1. Suerte distributiva: cuando algo es desconocido de como debe ser distribuido
  2. Suerte consejera: aquella que da consuelo en tiempos de necesidad
  3. Suerte divina: aquella que los hombres recurren para tener un buen pasar en el futuro

Capítulo III: Los modos de buscar la suerte

Hay algunas cosas que van más allá del esfuerzo humano. Hay algunas señales que son claramente de Dios o del demonio. Los hombres que pueden ver las señales de Dios sobre los acontecimientos, o la suerte de las demás personas son los profetas. Los del segundo grupo, los de las señales de los demonios son llamados nigromantes,  cuyos sacrificios y tributos les permiten ver algunas cosas de la suerte. 

También existen otros que por sus conocimientos de los movimientos de los astros y cálculos matemáticos pueden predecir la suerte. Estos son los llamados matemáticos.

Sin embargo, un tercer grupo tiene que ver con aquellas manifestaciones de ciertos actos donde se deduce una suerte. Esto es por ejemplo la geomancia, ver la suerte a partir de cosas arrojadas al mar o a la tierra, o tirar los dados para adivinar otras ciertas cosas. Este es el grupo que está mucho más relacionado con la suerte que los otros anteriores. 


Capítulo IV: La fuente de poder de la suerte

Si bien el argumento anterior es bueno para calificar a la suerte como un fenómeno futuro, también debemos decir que las cosas que ocurren en el futuro aún no existen. Si esto es así, la suerte tampoco existiría si la consideramos en el futuro. 

Sin embargo, contra este argumento existe el que se dice que los augures del futuro son manifestados por aquello que practican geomancia, ya que en el movimiento de sus manos y cuerpo van manejando la suerte de los demás. 

Por otro lado, también los cuerpos celestes tendrían cierto poder ya que hay ciertas cosas que pueden mover e influir (el movimento del mar por la luna, por ejemplo). Por lo tanto, la suerte también estaría en los astros. 

No obstante, este último argumento es débil ya que los astros no conducen el comportamiento del ser humano. De ser así, entonces podría decirse que el astro, que es un cuerpo material, puede manejar la voluntad del hombre lo que sería absurdo, ya que la voluntad es un proceso intelectivo y no material. En otras palabras, lo material está al servicio de lo intelectual

Ahora, esto no es aplicable a las cosas de la naturaleza, pues ellas sí pueden tener una especie de predicción en el futuro. Por ejemplo, por el clima sabremos qué cultivar en el campo, así como también el movimiento de las estrellas nos ayudará a discernir cuando es la temporada de algún alimento. Como dice Ptolomeo:


''El hombre sabio maneja las estrellas''


Se dice que los astros influyen de cierta manera en el comportamiento del hombre, pero debe tenerse algunas cosas en consideración: los cuerpos celestes actúan naturalmente. Además, las cosas de la naturaleza tienen sólo un principio que es el principio de acción natural; por ejemplo, el crecimiento de la planta solo tiene un solo fin: su crecimiento. 

Por el contrario, la mente humana no está supeditada a un solo fin sino que a múltiples. Las cosas que le ocurren a un ser humano son casualidades, por ejemplo, un hombre que cavando una tumba encuentre un tesoro. Pero lo que es por accidente (casualidad) no es uno, es decir, lo accidental de cavar una tumba y encontrar el tesoro. Sin embargo, la naturaleza no es accidental porque tiene un solo fin. 

En otras palabras, encontrarse un tesoro mientras cava no es algo natural porque surgen dos fines: cavar y encontrar el tesoro, pero sí sería natural que el hombre, teniendo un medio como cavar para encontrar un tesoro, pues hay un solo fin: encontrar el tesoro. Pero esto interviene también con el supuesto con el que se dice que lo material no maneja lo intelectual; por lo tanto, los astros no pueden manejar el comportamiento del hombre ni puede decidir sus fines. Por lo demás, encontrar un tesoro es un fin humano y no natural.  

Como la voluntad no puede ser manejada por la naturaleza (en la naturaleza incluimos los astros), debe existir una voluntad superior que incline a los hombres a realizar ciertos actos: esta voluntad superior es Dios. 

En suma, la suerte del hombre es manejada por Dios. Dios hace a los hombres afortunados o desdichados. La sola voluntad del hombre no es manejada autónomamente, sino que Dios la hace posible al ser una voluntad superior. En este sentido, así como una materia superior puede mover una materia inferior, una mente superior puede mover una inferior. Por el contrario, una materia (los astros por ejemplo) no pueden mover el intelecto pues el intelecto siempre es superior a la materia. 


Capítulo V: Si es permitido usar la suerte

No es permitido usar los artificios de los demonios en un cristiano que cree en la divinidad. Las creencias o costumbres que traen buena suerte a través de los demonios son llamadas por San Agustín de Hipona como ''nulidad supersticiosa''. En efecto, Santo Tomás pone el ejemplo de cuando un hombre se siente mal y toma alguna medicina, este se cura y por lo tanto aquí no hay ninguna superstición; ya que justamente la medicina sirve para curar un mal. En cambio, un hombre que lleva un amuleto y dice que ese amuleto lo curó, entonces estamos frente a una nulidad supersticiosa, ya que un accesorio que no tiene que ver con la medicina que cura la enfermedad, no puede curar esta (valga la redundancia). 

Por lo tanto, pedir a un astrólogo si lloverá o no en el futuro no corresponde a una suerte sino más bien a algo natural que es probable de predecir. Sin embargo, que un hombre encuentre un tesoro es algo encargado por los demonios ya que no pertenece a la naturaleza. 

Tampoco lo sería si se ve a los pájaros huyendo de un lugar pensando que existe algún peligro; esto no sería superstición. Lo que sí sería superstición sería creer que el susurro de los pájaros predice eventos futuros. 

La pregunta es ''¿se puede pecar usando la suerte?'' la respuesta es sí, pero desde cuatro puntos de vista:


  1. Cuando un hombre recurre a los métodos de adivinación para saber cómo vendrá el futuro. Esto implicaría probar a Dios ya que él es el único que sabe nuestro destino
  2. Cuando se quiere saber del futuro sin haber realizado las correspondientes ovaciones a Dios
  3. Cuando se quiere saber la suerte de cosas banales o tengan relación con la vanidad
  4. Cuando se deja por suerte y no a la inspiración divina los cargos eclesiásticos

Santo Tomás de Aquino termina este capítulo sobre la suerte citando un pasaje de la biblia:

''No os toca saber a vosotros saber los tiempos o las razones, que el Padre puso en su sola potestad''
(Hechos 1:7)

Finalmente, podemos entender que Santo Tomás de Aquino considera la suerte, pero como una oportunidad que Dios da a los hombres. Los hombres por otro lado, no tienen conocimiento de esta ya que es solo el Padre quien sabe su destino. 

Conclusión

Es primera vez que de los filósofos que hemos tratado en el blog hable de este tema tan relevante para la vida y la filosofía. Siento que de alguna manera la suerte está en las circunstancias, pero también es cierto que muchas cosas se pueden predecir, entonces, la pregunta es ¿puede ser suerte si es predecible? si todo es predecible o todo cae en el rango de la posibilidad, entonces no podemos hablar de suerte ¿o sí? realmente es un tema que confunde pero interesa.