sábado, 29 de marzo de 2025

Justicia Armónica

Justicia Armónica

En tiempos de polarización social y crisis institucional, resulta urgente volver a pensar el significado profundo de la justicia. ¿Debe tratarse a todos por igual? ¿O más bien dar a cada quien según su mérito o necesidad? Estas preguntas no son nuevas. Ya en la Antigüedad, filósofos como Aristóteles distinguieron entre distintas formas de justicia: conmutativa (basada en la igualdad) y distributiva (basada en la proporcionalidad). Sin embargo, en el siglo XVI, el pensador francés Jean Bodin, en su monumental obra Los seis libros de la República, propuso un concepto más elaborado: la justicia armónica, entendida como una forma de justicia política que combina las dos anteriores para garantizar el equilibrio del cuerpo social. Este artículo explora esa noción, la compara con las formas clásicas de justicia y reflexiona sobre su relevancia para el pensamiento político contemporáneo.

La justicia conmutativa, según Aristóteles, es aquella que regula las relaciones entre personas consideradas formalmente iguales. Se aplica en los contratos, intercambios, pagos o sanciones: se da lo mismo por lo mismo, sin atender a la condición social de las partes. Su principio es aritmético: una unidad por otra unidad. Esta justicia es esencial para mantener la igualdad legal y la estabilidad en los tratos privados. Sin embargo, aplicada de forma rígida, puede ignorar desigualdades estructurales o necesidades sociales diferenciadas.

Por otro lado, la justicia distributiva, también desarrollada por Aristóteles, se basa en la proporción geométrica: da a cada quien según su mérito, contribución o dignidad. Esta forma de justicia está presente en la asignación de honores, cargos, recursos públicos o beneficios sociales. Busca reconocer la diversidad de roles y capacidades dentro de la comunidad. No obstante, si se extrema, puede justificar desigualdades profundas e injustas, especialmente cuando el “mérito” es definido por criterios arbitrarios o por estructuras de poder.

Frente a estas dos formas clásicas, Jean Bodin propone la justicia armónica como una síntesis superior. Inspirado en el pensamiento pitagórico y neoplatónico, Bodin considera que una república bien ordenada debe reflejar el equilibrio del universo, donde los elementos opuestos —ricos y pobres, nobles y plebeyos, fuertes y débiles— se combinan en una proporción justa. La justicia armónica no aplica reglas fijas, sino que ajusta la distribución de bienes, honores y cargas según las circunstancias sociales, buscando siempre preservar la estabilidad y la paz del conjunto.

En el Libro VI de su obra, Bodin argumenta que una monarquía bien ordenada debe incorporar elementos aristocráticos y populares, y gobernar de forma tal que los diversos grupos de la sociedad se sientan representados y vinculados al bien común. En este sentido, la justicia armónica es también una estrategia política, no solo moral: evita la envidia entre iguales, previene la rebelión de los oprimidos y fortalece la unidad del Estado.

Bodin retoma principios del pensamiento clásico, pero les da una dimensión política moderna: para él, el príncipe sabio no solo debe gobernar según la ley, sino según la proporción que mantiene unido al cuerpo político. Esta justicia, al ser adaptable y contextual, permite responder a las tensiones sociales sin destruir el orden general.

Conclusión

La propuesta de justicia armónica de Jean Bodin invita a repensar el equilibrio entre igualdad legal, mérito individual y cohesión social. En una época donde se enfrentan demandas por igualdad radical y llamados a la meritocracia, la noción de armonía política cobra nueva vigencia. No se trata de negar la justicia conmutativa ni la distributiva, sino de pensar cómo integrarlas en un sistema flexible y prudente, capaz de reconocer diferencias sin caer en privilegios, y de aplicar igualdad sin ignorar contextos.

Quizás hoy, más que nunca, necesitamos una idea de justicia que, como la de Bodin, una en lugar de dividir. Que sea capaz de ver la sociedad como una composición de voces, ritmos y posiciones diversas, y no como un juego de suma cero entre ganadores y perdedores. La justicia armónica no es una fórmula mágica, pero sí un horizonte para pensar políticamente con mesura, sabiduría y sentido del todo.

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