domingo, 22 de julio de 2018

Pedro Abelardo - Diálogo entre un filósofo, un cristiano y un judío (Parte I: Ley natural y Ley mosaica) (1121).

Un diálogo que dará mucho de qué hablar tanto en la Edad Media como en las épocas que siguen, pues no es de poca importancia que un hombre quiera juntar la religión con la filosofía. Ya lo habían hecho hombres como Al-Farabi, Averroes y San Anselmo de Canterbury, y esta vez le toca a Pedro Abelardo hacerse cargo de esta misión. Veamos que nos tiene esta vez el filósofo Pedro Abelardo en comparación a los demás filósofos. 

Un diálogo entre un filósofo, un cristiano y un judío
(Parte I: Ley natural y Ley mosaica)


Primer encuentro entre los tres


Abelardo comienza con el relato brevemente diciendo que en una visión nocturna se le acercan tres personas: un filósofo, un cristiano y un judío. El filósofo es el primero que habla y le dice a Abelardo que está empeñado en buscar la verdad  y que para eso necesita la guía de la razón. A juicio del filósofo, el judío es necio y el cristiano está loco, por lo tanto, sólo Abelardo puede ayudarlos, ya que él tiene el conocimiento tanto de la filosofía como de la teología. 

Comienzo de la discusión

Planteamiento del problema

Filósofo:

El filósofo parte poniendo la primera pregunta a los dos religiosos:

¿Ha sido la razón la que los condujo a la doctrina, o por la opinión de los hombres?

El filósofo expone su opinión inmediatamente diciendo que todo lo que es creído se recibe por educación y después se toma en cuenta por la razón. En efecto cuando se consulta la biblia dice:

''El hijo no puede hacer nada sin el Padre''
(Juan 8:19)


El hijo cree todo lo que el padre le dice con una fe obstinada, incluso si de él no entendieran alguna palabra. Desde niños, pareciera que la fe no necesariamente debe ser entendida, sino que al contrario, pareciera ser más de boca que de corazón.  

El problema de los judíos

Judío:

El judío comienza diciendo que no sería adecuado responder conjuntamente con el cristiano, y que por eso el comenzaría respondiendo. 

Observando el juicio que el filósofo hace con respecto a los niños, los cuales solo pueden entender cosas a través de la fe, una vez adulto el hombre busca la verdad y se encamina por el lado del Señor. 

La obediencia a las leyes sagradas no tiene ninguna contradicción, ni tampoco ninguna maldad. En efecto, si las reglas de Dios son coherentes y razonables, entonces no tendría ninguna objeción en cumplirlas. Si el hombre tuviera libre elección de credo, entonces este no podría vivir en paz y no podría corregir a nadie que hace el mal, pues todos pueden hacer lo que les plazca aunque estén invadidos por el instinto. 

El judío comienza a explicar las pruebas y barbaridades que su pueblo ha tenido que pasar a lo largo de la historia. Son culpados continuamente por los cristianos, siendo cada barbaridad que les ocurre una justa venganza de Dios contra ellos. 

Filósofo:

El filósofo asume que lo dicho por el  judío es verdad y que su pueblo no ha hecho más que seguir las leyes de Dios. Sin embargo, el filósofo cuestiona el hecho de que lo que dice Dios sea racional o no, y para eso sigue en el debate. 

Si bien los judíos han sido desdeñados por los cristianos y otros paganos, también es verdad que han sido acompañados por Dios en todas sus desgracias. Es sabido que los judíos eran el pueblo que heredaría la tierra prometida. 

Sin embargo, muchos castigos han recibido a pesar de ser el pueblo de Dios ¿cómo se explica esto? ¿cómo se explica tanto pesar en su pueblo siendo que eran los primogénitos? El filósofo responde que mucho más allá de las leyes mosaicas están las leyes naturales, es decir, aquellas que todos obedecemos por supervivencia (comer, hablar, beber, etc.), y que estas son las leyes que realmente valen y que debemos seguir. Esto se debe a que muchos hombres que no siguen la ley mosaica pero sí la natural no se han visto dañados ni perjudicados. 

Ninguna queja puede existir entre los judíos si su pacto con Dios que se selló con la circuncisión es exclusivo de ellos y de nadie más.

Judío:

Si bien es cierto que los antiguos sabios solo se sirvieron de la ley natural y no necesitaron de los preceptos judíos, no por eso debemos llamar inútiles a aquellos preceptos dados a nuestro pueblo. 

Los preceptos de Dios se han hecho para afianzar aún más la fe con respecto de los otros pueblos, de alguna manera, para diferenciarse de los infieles. 

Por otro lado, lo dicho por el filósofo está mal, es decir, aquello de que la circuncisión solo pertenece a los judíos porque dice la biblia:


''A los ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros, de generación en generación, tanto el nacido en casa como el comprado con dinero y a cualquier extraño que no sea de tu casa''
(Génesis 17:13)

Como vemos, todo hombre debe ser circuncidado sea judío o no, por lo que el judío refuta lo dicho por el filósofo. La ley de Dios convoca a todos aquellos que quieran acercarse, y no solo a un pueblo. 

Por otro lado, todo aquello que pertenece a la ley natural que habla el filósofo, está contemplado también en la ley mosaica que perfecciona de alguna manera la ley natural, ya que la ley de Moisés es por sobre todo espiritual.

Filósofo:

Sin embargo, dice el filósofo, muchas cosas son exclusivas de los judíos, por ejemplo, cuando Dios se llevó a Enoc a los cielos, cosa que no hizo con ningún otro judío. 

A los extranjeros que no sean judíos, el judío tiene como obligación darle la carne que el judío desprecia. Se dice que a los extranjeros había que darle carne muerta naturalmente, cosa que los judíos no hacen pues les está prohibido comer carne de un animal muerto de causas naturales. De hecho, el filósofo presenta un pasaje de la biblia que pone al descubierto esto:

''Si un hombre cualquiera de la casa de Israel, o de los forasteros que residen en medio de ellos, come cualquier clase de sangre, yo volveré mi rostro contra el que coma sangre y los exterminaré en medio de su pueblo''
(Levítico 17:10)

Pareciera ser que hasta este punto el judío se vería entrampado en los argumentos del filósofo. Pero antes de que el judío pudiera contestar, el filósofo torna a hablar con el cristianismo inmediatamente. 

Conclusión

Esta primera parte se enfoca principalmente en la conversación que el filósofo tiene en el judío. Podemos ver una crítica aguda de parte del racionalista y que el judío no tiene oportunidad de contestar aún a la segunda réplica. En la próxima parte tendremos la discusión entre el filósofo y el cristiano, donde obviamente el cristiano defiende en parte el punto de vista judío para deshacerse del argumento del filósofo. Esperemos la siguiente parte.

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