LAO-TSE
Lao Tse, también escrito Laozi o Lao-Tsé, es la figura tradicionalmente asociada al origen del taoísmo filosófico y a la composición del Tao Te Ching (Daodejing), uno de los textos fundamentales de la filosofía china. Sin embargo, aquí aparece inmediatamente un problema histórico: no sabemos con certeza quién fue Lao Tse ni siquiera si existió como una única persona histórica.
Su nombre ya resulta interesante. Laozi (老子) suele entenderse como “Viejo Maestro” o “Anciano Maestro”: lao significa “viejo” y zi es un título honorífico que puede traducirse como “maestro”. Por eso, “Lao Tse” probablemente no era un nombre personal en el sentido moderno.
La fuente antigua más importante es Sima Qian, historiador chino que vivió aproximadamente entre 145 y 86 a. C. En sus Registros del Gran Historiador (Shiji), presenta una biografía de Lao Tse, aunque fue escrita varios siglos después de la época en la que supuestamente habría vivido.
Según Sima Qian, Lao Tse procedía del Estado de Chu, en el sur de China. Su apellido habría sido Li, su nombre Er, y también habría sido conocido como Dan, razón por la cual algunas fuentes antiguas hablan de Lao Dan.
La tradición lo sitúa aproximadamente en el siglo VI a. C., convirtiéndolo en un contemporáneo algo mayor que Confucio, que vivió entre 551 y 479 a. C.
Nacimiento
Una de las curiosidades más famosas es la de su nacimiento extraordinario. Tradiciones posteriores afirmaron que Lao Tse habría permanecido durante muchos años en el vientre de su madre y que habría nacido ya con aspecto de anciano. Esto intenta explicar simbólicamente su nombre, “Viejo Maestro”, y reforzar la idea de que poseía una sabiduría excepcional desde el nacimiento.
Contexto
La dinastía Zhou
Los Zhou fueron la dinastía que gobernó gran parte de la antigua China antes de la unificación imperial de los Qin. Su dominio suele fecharse aproximadamente entre 1046 y 256 a. C., aunque durante los últimos siglos el rey Zhou tenía cada vez menos poder efectivo.
Según la tradición transmitida por Sima Qian, Lao Tse trabajó al servicio de la corte de la dinastía Zhou como funcionario encargado de los archivos. Su cargo lo habría puesto en contacto directo con documentos antiguos, registros oficiales, tradiciones rituales y textos relacionados con el gobierno y la memoria política de los Zhou. En la antigua corte Zhou, conservar documentos significaba también conservar la memoria del poder: genealogías, ceremonias, precedentes políticos, normas rituales y registros de la administración. Quien trabajaba allí tenía acceso a una parte importante del conocimiento acumulado por la dinastía.
Los Zhou derrotaron a la dinastía Shang. Para justificar ese cambio de poder desarrollaron una idea fundamental para la política china: el Mandato del Cielo (Tianming). Según esta concepción, el gobernante conserva el derecho a gobernar mientras mantiene un orden justo; si gobierna mal, pierde ese mandato y otra dinastía puede legítimamente reemplazarlo.
Al principio los Zhou controlaban el territorio mediante una red de nobles y familias aristocráticas. El rey Zhou entregaba territorios a distintos señores, quienes reconocían su autoridad. Con el tiempo, esos señores regionales fueron acumulando poder propio, ejércitos y autonomía.
Por eso la historia Zhou se divide normalmente en dos grandes etapas: los Zhou occidentales, cuando el poder real era relativamente fuerte, y los Zhou orientales, cuando la autoridad del rey comenzó a debilitarse. Dentro de estos últimos aparecen los períodos de Primaveras y Otoños y luego los Reinos Combatientes.
¿Por qué “primaveras” y “otoños”? Porque en la antigua tradición china esas estaciones podían funcionar como una manera de referirse al transcurso de los años. Decir “primaveras y otoños” era, en cierto sentido, hablar del paso del tiempo y de los acontecimientos anuales.
Cada estado tenía su propio territorio, nobleza, ejército y administración. Algunos eran pequeños y otros se volvieron muy poderosos. Entre los más importantes estuvieron Qi, Jin, Chu, Qin, Lu, Song y Zheng. El estado de Lu es especialmente famoso porque allí nació Confucio.
Lo importante es que estos estados competían constantemente por territorio, prestigio y alianzas. A veces uno de ellos se hacía tan fuerte que su gobernante actuaba como hegemón, es decir, como líder de varios estados, aunque sin reemplazar formalmente al rey Zhou.
También había mucha diplomacia. Los estados hacían alianzas, matrimonios políticos, pactos militares y luego podían romperlos. Por eso el período de Primaveras y Otoños no fue una guerra continua, sino una mezcla de conflictos, negociaciones y equilibrios de poder. Militarmente, al principio predominaban las élites aristocráticas y los carros de guerra, pero con el tiempo los ejércitos crecieron y la guerra se volvió más organizada y masiva.
Confucio y Lao-Tse
Confucio buscaba en los antiguos ritos y en la formación moral una vía para reconstruir el orden. Lao Tse, en cambio, habría llegado a sospechar que las ceremonias, las normas y las instituciones no bastaban si los hombres habían perdido la sencillez y actuaban movidos por la ambición, el prestigio y el deseo de dominar.
Confucio se pregunta si todos dicen pertenecer al mismo orden Zhou, ¿por qué ese orden ya no funciona?
Según la biografía de Lao Tse transmitida por Sima Qian, Confucio acudió a él para preguntarle por cuestiones rituales. Probablemente se trataba especialmente de ritos funerarios y de duelo, aunque las versiones antiguas no son completamente uniformes.
Lao Tse le respondió con una advertencia bastante dura: los hombres de la antigüedad de los que Confucio hablaba ya habían muerto y solo quedaban sus palabras. Luego le aconsejó que abandonara el orgullo, los deseos excesivos y la ambición, porque nada de eso le sería útil.
- Confucio: “He venido a preguntarte acerca de los antiguos ritos.”
- Lao Tse: “Los hombres de los que hablas llevan mucho tiempo muertos. Solo quedan sus palabras. El hombre virtuoso actúa cuando llega su momento y sabe retirarse cuando no lo es. El buen comerciante oculta sus riquezas y parece pobre; el hombre verdaderamente virtuoso puede parecer simple. Abandona tu orgullo, tus deseos y tu ambición: no te servirán de nada.”
- Confucio a sus discípulos: “Sé cómo vuelan las aves, cómo nadan los peces y cómo corren las bestias. Pero no sé cómo el dragón cabalga sobre el viento y las nubes. Hoy he visto a Lao Tse: es como un dragón.”
Según la tradición transmitida por Sima Qian, después de contemplar la decadencia de Zhou, Lao Tse decidió abandonar el territorio de la corte y marcharse hacia el oeste.
No sabemos con certeza cuál fue la ruta exacta ni cuánto duró el viaje. Lao Tse habría viajado hasta uno de los pasos fronterizos occidentales del territorio Zhou. Allí se encontró con un funcionario llamado Yin Xi, encargado de custodiar el paso.
Yin Xi habría reconocido en Lao Tse a un hombre sabio. Al enterarse de que quería retirarse y desaparecer de la vida pública, le pidió algo muy concreto: que antes de marcharse dejara por escrito su enseñanza.
El Tao Te Ching
Escribió entonces un breve texto de unos cinco mil caracteres, dividido en dos grandes partes: una dedicada al Dao, el Camino, y otra al De, su virtud o potencia.
Cuando hablemos del Tao o del Dao, estamos hablando exactamente del mismo concepto. ‘Tao’ es la romanización antigua más conocida en Occidente; ‘Dao’ es la forma moderna en pinyin.”
Dao significa literalmente algo como “camino”, “vía” o “curso”. Pero en Lao Tse no se refiere solo a un camino físico. El Dao es el curso profundo de la realidad, aquello por lo cual las cosas surgen, cambian y encuentran su manera propia de ser. No es exactamente un dios personal ni una ley escrita de la naturaleza. Es más bien el orden fundamental que precede a nuestras categorías y definiciones.
Por eso el Tao Te Ching comienza diciendo, en esencia, que el Dao que puede expresarse completamente con palabras no es el Dao permanente. La idea es que la realidad última siempre desborda los nombres que utilizamos para describirla.
De (o Te), en cambio, suele traducirse como “virtud”, pero esa palabra puede confundir porque hoy pensamos en virtud principalmente como bondad moral. En el contexto de Lao Tse, De también puede significar potencia, eficacia, cualidad propia o capacidad de una cosa para realizar naturalmente aquello que es.
Por ejemplo, el agua posee su propio De: es flexible, desciende, se adapta y, pese a su suavidad, puede erosionar lo más duro. Su “virtud” no consiste en obedecer una regla moral, sino en manifestar plenamente su naturaleza.
El libro se llama Tao Te Ching porque trata precisamente del Tao, el Camino fundamental de la realidad, y del Te, la virtud o potencia mediante la cual ese Camino se manifiesta. ‘Ching’ significa ‘clásico’, de modo que el título puede traducirse como ‘Clásico del Camino y de la Virtud’
Cuando la tradición afirma que Lao Tse dejó escrito el Tao Te Ching, no debemos imaginar un libro encuadernado. En la China antigua, los textos podían escribirse con pincel y tinta sobre tiras de bambú atadas entre sí. De hecho, algunos de los manuscritos más antiguos conservados del Tao Te Ching han llegado hasta nosotros precisamente en ese tipo de soporte.
Después de la composición de ese texto, según la tradición biográfica, Lao Tse simplemente abandona el paso fronterizo y desaparece. Sima Qian no ofrece un relato detallado de sus últimos años ni una muerte concreta. Esa desaparición forma parte importante de la imagen tradicional del sabio que se retira del mundo. Sin embargo, su obra comienza a circular, a hacerse famosa.
Con el tiempo, esos materiales asociados a Lao Tse fueron adquiriendo una forma cada vez más estable. De hecho, los manuscritos antiguos que conocemos muestran que el Tao Te Ching no siempre tuvo exactamente el mismo orden que posee hoy.
Por ejemplo, los manuscritos de Guodian, de finales del siglo IV a. C., contienen fragmentos relacionados con el Daodejing, pero no presentan todavía la obra completa tal como la conocemos actualmente.
Más tarde aparecen los manuscritos de Mawangdui, del siglo II a. C., que ya contienen versiones mucho más completas. Curiosamente, allí el orden tradicional de las dos partes aparece invertido: primero viene la sección del De y después la del Dao.
Mucho después, durante los primeros siglos de nuestra era, comenzaron a consolidarse las versiones comentadas que influirían decisivamente en el texto moderno. Uno de los comentaristas más importantes fue Wang Bi, del siglo III d. C., cuya edición y comentario tuvieron una enorme influencia posterior.
Con el paso de los siglos, Lao Tse dejó de ser únicamente el nombre asociado a un antiguo texto filosófico. Dentro del taoísmo religioso, su figura fue adquiriendo un carácter sagrado. El sabio que, según la tradición, había abandonado Zhou y desaparecido hacia Occidente terminó siendo venerado como una manifestación del propio Dao.
Se dice que Yin Xi habría viajado junto a Lao Tse hacia Occidente, atravesando regiones lejanas, y su destino final habría quedado también envuelto en misterio. Incluso se le atribuyó posteriormente una obra llamada Guanlingzi, compuesta supuestamente por nueve capítulos, aunque esto pertenece a la tradición legendaria y no puede tratarse como una autoría históricamente segura.
Filosofía del Tao Te Ching
El Tao Te Ching es una obra breve, formada por 81 capítulos o secciones muy cortas. No es un tratado sistemático al estilo de Aristóteles. Está compuesto por aforismos, paradojas, imágenes, consejos políticos y reflexiones sobre la naturaleza, el lenguaje y la conducta humana.
La filosofía del libro gira en torno a una idea fundamental: la realidad posee un curso propio que no depende de nuestras categorías ni de nuestros deseos. Ese curso es el Tao.
El Tao no es exactamente un dios, ni una persona, ni una ley escrita. Es aquello de lo que surgen las cosas y según lo cual se desarrollan. Pero Lao Tse insiste en que no podemos encerrarlo completamente en palabras. De ahí la famosa apertura del libro: el Tao que puede ser expresado mediante palabras no es el Tao permanente.
A partir de ahí aparece una consecuencia muy importante: si la realidad tiene un curso propio, el problema humano comienza cuando intentamos forzarla constantemente.
Por eso uno de los conceptos centrales es wu wei (無為). Literalmente puede traducirse como “no acción”, pero no significa quedarse inmóvil o no hacer absolutamente nada. Significa más bien no actuar de forma artificial, excesiva o contraria al curso de las cosas.
Un buen ejemplo es el agua. El agua no lucha contra los obstáculos de frente: se adapta, rodea, desciende y continúa avanzando. Parece débil, pero con el tiempo puede desgastar incluso la piedra. Esa es una de las grandes imágenes de Lao Tse.
El concepto de vacío también tiene una importancia enorme. Lao Tse explica que muchas cosas son útiles precisamente porque contienen un espacio vacío. Una vasija puede utilizarse porque en su interior hay espacio. Una habitación sirve porque existe un vacío entre sus paredes. Con estas imágenes intenta mostrar que aquello que aparentemente “no está” puede ser justamente lo que hace posible la utilidad de lo que sí está.
Otra característica de su pensamiento es la relación entre los contrarios. Para Lao Tse, muchos conceptos solo existen porque los comparamos con sus opuestos. Comprendemos lo alto porque existe lo bajo, lo difícil porque existe lo fácil y lo bello porque distinguimos lo feo. Esto significa que nuestras categorías no siempre son absolutas, sino que dependen unas de otras. Los opuestos pueden incluso transformarse mutuamente.
La filosofía de Lao Tse también contiene una fuerte crítica al deseo excesivo. Cuando las personas quieren acumular constantemente riqueza, prestigio o poder, aumenta la competencia y con ella el conflicto. Por eso el Tao Te Ching propone la simplicidad y la moderación. No se trata necesariamente de eliminar absolutamente todos los deseos, sino de evitar que estos se conviertan en una fuerza que nos aleje del equilibrio.
Estas ideas también tienen una dimensión política. Lao Tse no piensa solamente en la vida individual, sino también en el gobierno. El gobernante ideal es aquel que interviene poco y evita imponer continuamente nuevas obligaciones. La mejor autoridad sería aquella cuya presencia apenas se percibe, porque permite que las personas desarrollen su vida sin una interferencia constante. Aquí el wu wei se convierte también en un principio político: gobernar sin forzar.
Todo esto se relaciona con otro concepto importante, ziran, que puede entenderse como espontaneidad o como aquello que es “así por sí mismo”. Lao Tse valora aquello que surge naturalmente, sin excesivo artificio. El ideal consiste en recuperar una forma de vida sencilla, flexible y menos dominada por las construcciones artificiales que producen ambición y conflicto.
Por eso, la filosofía del Tao Te Ching puede entenderse como una invitación a vivir de acuerdo con el curso profundo de la realidad. El Tao representa ese curso; el Te es la manera en que ese principio se manifiesta; el wu wei es la forma de actuar sin violentarlo; y la simplicidad, la humildad y la flexibilidad son algunas de las actitudes que permiten acercarse a él.
Conclusión
La vida de Lao Tse permanece envuelta en una mezcla de historia, tradición y leyenda. La tradición lo presenta como un funcionario de la corte Zhou, conocedor de los antiguos ritos y archivos, contemporáneo de Confucio y testigo de la decadencia política de su tiempo. Después de abandonar Zhou, habría dejado por escrito su enseñanza antes de desaparecer hacia Occidente. Sin embargo, no podemos reconstruir con certeza su biografía ni afirmar que todos estos episodios ocurrieran exactamente como fueron transmitidos. Con el paso de los siglos, Lao Tse dejó de ser solamente un sabio asociado al Tao Te Ching y se transformó también en una figura religiosa. Así, su biografía resulta tan enigmática como su propio pensamiento: cuanto más intentamos fijar con precisión quién fue, más se confunden los límites entre el hombre histórico, el maestro filosófico y el personaje legendario.
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