jueves, 25 de marzo de 2021

Nicolás Maquiavelo - El Príncipe (capítulos XVII - XXVI) (1513)



Vamos acercándonos al final del libro ''El Príncipe'' y con ello también exploramos las más oscuras características del mismo. Ya no hay cabida ara las virtudes de antaño que comprometían al príncipe a llevar una vida correcta y siguiendo los preceptos de Dios, ahora, siendo todo lo contrario, el príncipe debe velar solamente por sus propios intereses y actuar en consecuencia con los medios adecuados; medios que le permitan alcanzar sus fines que su vez redundan en la Razón de Estado. Veamos la última parte de esta obra de Nicolás Maquiavelo. 

Referencias:

(1) De ninguna manera hay que confundirlo con el parlamento que se formó en 1789 con la Revolución francesa; al contrario, el Parlamento de París nació el siglo XIII el cual sesionaba dentro del Palacio Real. En realidad, este parlamento era una corte de justicia provincial que trataba solo algunos asuntos políticos. 

EL PRÍNCIPE


CapítuloXVII: Crueldad o clemencia; ser amado o ser temido


Clemencia o crueldad

Ante todo, Maquiavelo nos dice que el príncipe debe ser cruel más que clemente, aunque también debe hacer buen uso de esa clemencia. Todo consiste en darle buen uso a la clemencia, pero también a la crueldad; por ejemplo, César Borgia fue considerado cruel, pero esa crueldad le permitió reordenar Romaña para luego mantenerla en paz. De hecho, esta última actuación pareció más clemente que cruel lo que también hizo que los ciudadanos aprobaran la destrucción de Pistoia. 

La crueldad se debe llevar con mesura y los ciudadanos lo agradecerán, porque otra cosa sería tener un príncipe extremadamente clemente que deje proseguir los desordenes y finalmente destruya un país. 

Ser amado o ser temido

Es más seguro ser temido que ser amado. Para Maquiavelo los hombres en general tienen las siguientes características:

  1. Volubles
  2. Falsos 
  3. Cobardes
  4. Codiciosos

Si los tratas bien te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, pero cuando tú los necesites te darán la espalda. Peor aún si aquellas lealtades se tienen por un precio porque, bien se pueden comprar pero no se tienen. 

Por lo tanto, es mejor que el príncipe se haga temido y de este modo, aunque no sea amado, será capaz de rehuir el odio. En ese mismo caso, el príncipe también debe ejecutar a alguien pero solo si es absolutamente necesario. Lo mismo pasa cuando el príncipe por alguna razón se apodera de los bienes ajenos de sus víctimas. La idea es no hacerlo a menos que exista una gran justificación para ello. 

La fama de cruel también ayudará para tener un ejército que le sea fiel. Un ejemplo inequívoco de ello fue Aníbal, quien infundía su temor a todas las tropas que además eran de distintas razas. Otro ejemplo pero que fue todo lo contrario fue el de Escipión, quien consiguió que sus tropas se le rebelaran debido a su excesiva clemencia. 

En consecuencia, el príncipe tiene como objetivo ser temido, pero a la vez debe evitar el ser odiado. 

Capítulo XVIII: La palabra del príncipe

No cabe ninguna duda de que el príncipe debe ser una persona que mantenga su palabra. Sin embargo, para Maquiavelo la experiencia habla por sí sola. Han sido mucho más grandes aquellos príncipes que no mantienen sus promesas, dejando atrás las lealtades y así con astucia han logrado grandes empresas. 

En este contexto existen dos modalidades de combate:

  • Leyes: propia del hombre
  • Fuerza: propia de las bestias

Sin embargo, cuando la primera no es suficiente será bueno atender a la segunda. Por lo tanto, el príncipe debe saber el manejo de ambas modalidades, pues la una sin la otra siempre son insuficientes. 

Metáfora del león y el zorro

Combinando fuerza y astucia, Maquiavelo intenta hacer una metáfora entre el león y el zorro. Por supuesto, el león tiene cualidades que el zorro no tiene y viceversa; en consecuencia, sus habilidades se complementan perfectamente y el príncipe debe seguirlas. Por ejemplo, el león no puede sortear las trampas que le ponen, y el zorro no puede amedrentar a los lobos. Por esta razón se necesitan mutuamente. En sus mismas palabras:

''Necesita ser zorra para reconocer trampas y león para amedrentar a los lobos''

Por esta razón es que el hombre que es solamente león no puede pensar en muchas cosas, necesita tener la habilidad del zorro para guiarse. 

Si el hombre hace promesas poniéndose en solo una de las posturas, entonces fracasará. Por eso, el príncipe no debe hacer promesas sabiendo como es el hombre. Maquiavelo nos recuerda nuevamente que el hombre es malo por naturaleza. Por lo tanto, no puede esperar que el pacto realizado sea cumplido por la otra parte. Si todos los hombres son malos, entonces la promesa, de no convenir tampoco al príncipe, puede ser rota sin ningún problema. 

Esto está demostrado por la experiencia de los gobernadores en la historia. Todas las promesas se incumplen al fin y al cabo; en consecuencia, las promesas son inútiles. El único hombre que ganaría en un pacto como este sería el que actúa de zorro, pues el zorro conoce la naturaleza humana y sabe que la promesa puede incumplirse. 

Cuando llega la hora de hacer una promesa, el príncipe debe dar toda la apariencia de que la cumplirá. Es preciso que el príncipe observe con cuanta crueldad los gobernadores se han deshecho de sus enemigos de esta forma. Las apariencias en ese sentido son muy importantes, pues después de parecer bueno y benevolente frente a otros, la vez que toque ser malvado lo tomará por sorpresa. En palabras del mismo Maquiavelo:

''Todos ven lo que pareces, pero pocos tocan lo que eres''

El príncipe de nuestros días debe predicar la paz y lealtad, pero por dentro debe ser enemigo de la una y de la otra. 

Capítulo XIX: El príncipe debe evitar el odio y el desprecio

El príncipe debe siempre evitar el odio y el desprecio. Para esto siempre deberá abstenerse de ser rapaz con los bienes ajenos. En consecuencia, el príncipe debe salvaguardarse de los siguientes estados:

  1. Voluble
  2. Pusilánime
  3. Inseguro
  4. Frívolo

Al contrario, el príncipe siempre deberá arreglárselas para que todas sus acciones parezcan:

  1. Nobles
  2. Valientes
  3. Graves
  4. Fuertes

Entre los pleitos privados, su sentencia tiene que ser irrevocable, y mantener su compostura a fin de que nadie piense en engañarlo o embaucarlo. 

Mientras mantenga estas apariencias, el príncipe podrá estar seguro de sí mismo porque hay dos cosas que el príncipe debe tener especial cuidado:

  1. Ataque de los súbditos
  2. Ataque de los extranjeros

Es claro que a los extranjeros los combatirá por medio de las armas, pero en cuanto a los súbditos el príncipe siempre deberá mostrarse una persona temerosa pero a la vez bondadosa. Esto evitará que el pueblo se le rebele y también evitara que sus más cercanos conspiren contra él. Por lo demás, Maquiavelo nos dice que la conjura no es algo muy efectivo. 

Un ejemplo. Micer Aníbal Bentivoglio fue asesinado por una conjura de los Canneschi, con el objetivo de dejar de único heredero a micer Giovanni quien era un bebe en ese entonces. Acto seguido, todo el pueblo se rebeló y los Canneschi terminaron asesinados, todos. Maquiavelo nos dice que esto se debía al gran afecto que el pueblo tenía a Bentivoglio. 

En opinión de Maquiavelo, uno de los reinos más ordenados era el de Francia. En efecto, existen buenas instituciones que protegían al rey dándole seguridad y libertad. Esta institución era un contrapeso contra los más poderosos porque además era muy conocido el odio que se tenían en contra de los nobles. Esta institución se llama Parlamento o corte provincial(1). El parlamento o corte provincial actuaba como un tercer juez que castigaba a los nobles y favorecía a los pequeños, sin que el rey tuviera alguna responsabilidad en ello. 

Este sistema es perfecto para el príncipe, pues el mismo Maquiavelo nos dice que el príncipe necesita de alguien que haga el trabajo sucio por él. En este caso, castigar a los nobles y favorecer al pueblo. Claro, siempre se tiene que ver bien visto por el pueblo. 

Sin embargo, la evidencia del Imperio Romano puede poner en peligro esta teoría de Maquiavelo. Es por esto que el filósofo se propone explicar porque en el Imperio Romano fue tan difícil aplicar estas medidas. En primer lugar, esto fue porque el emperador no solo tenía que verse bien frente al pueblo sino que también frente a los soldados, lo que le significaba una doble tarea. Los soldados del imperio eran hombres muy ambiciosos y que constituían básicamente un segundo poder. 

Marco, Pertinax y Alejandro

Marco Aurelio fue colmado de honores siempre y fue recordado como un gran emperador. Mantuvo a los soldados y al pueblo siempre en equilibrio. Sin embargo, fue el único que murió sin tener problemas.

Pertinax se granjeó su caída cuando se enfrentó al ejército tratando de reducirlos. Se hundió recién iniciado su gobierno por el solo hecho de desequilibrar la balanza. 

Si bien Alejandro fue un hombre magnánimo y no condenó a nadie sin previo juicio, se le consideraba afeminado y un hombre que se dejaba gobernar por su madre. Finalmente conspiraron contra él. 

Comodo, Severo y Maximino

Severo se hizo del poder de la forma correcta. Para vengar a Pertinax se dio a sí mismo una imagen de hombre benefactor que haría todo lo posible por vengar al injustamente asesinado. De este modo, Severo no mostró ninguna intención de adquirir el trono, cosa que pasó de todas formas luego de vengar a Pertinax y tomar el territorio. 

Comodo fue un emperador enteramente despreciable tanto por el pueblo como por los soldados. Si bien les dio rienda suelta a sus propios servidores, estos finalmente terminaron odiando su personalidad así como también lo hizo el pueblo consecuentemente. 

Maximino también fue despreciado por sus soldados justamente por su extrema humildad. 

Pero ¿por qué ocurría esto en el Imperio Romano y no ocurre en Italia en los tiempos de Maquiavelo? el filósofo nos dice que es porque ningún ejército de Italia está arraigado a los gobiernos y a la administración provinciales, como sí la tenían en los tiempos del Imperio Romano. Por otro lado, en Italia el pueblo es más numeroso que los soldados; por lo tanto, se estará al pueblo antes que a los últimos. 

Capítulo XX: Si la utilidad de las fortalezas entre otras cosas son útiles o no al príncipe

Cuando un príncipe ve desarmados a sus nuevos súbditos debe armarlos él mismo, para así ganarse el favor de ellos. En cambio, aquellos príncipes que ven a sus súbditos poco armados y terminan por quitarles las armas, terminan rebelándose contra el nuevo régimen. 

Si es que el príncipe observa un Estado beligerante, luego de conquistarlo debe desarmarlo excepto a aquellos que le ayudaron a combatir dicho Estado. De hecho, de este modo se ganará la confianza de quienes fueran sus enemigos. 

Un de las tácticas que ocupan los príncipes es armar al Estado de fortalezas. Aunque pudiera parecer en un inicio una buena estrategia, la verdad es que no es así. Es más, Maquiavelo no lo recomienda por la experiencia que ha visto en la misma Italia. El mismo César Borgia destruyó hasta los cimientos de las fortalezas edificadas de su enemigo, juzgando que sin ellas podría volver a perder dichos territorios con más dificultad que como si estuviera fortificada. 

¿Cuándo construir fortalezas entonces? Maquiavelo nos dice que si el príncipe teme al pueblo más que a los extranjeros, entonces tendrá que construir la fortaleza, en caso contrario, hay que dejar las fortalezas de lado. Para Maquiavelo, la mejor fortaleza es no granjearse el odio del pueblo. 

Capítulo XXI: Lo que conviene a un príncipe para ser estimado

Lo que conviene a un príncipe para ser estimado son las grandes empresas y dar de sí ejemplos singulares. Uno de los casos que propone Maquiavelo es Fernando de Aragón quien pasó de ser un príncipe débil a un príncipe muy fuerte, el primer rey de los cristianos. Hagamos un resumen de sus hazañas:

  • Conquistó Granada en 1492
  • Sostuvo el ejército con el dinero de la iglesia y del pueblo
  • Empleó la crueldad para expulsar a los judíos de su reino
  • Atacó África 
  • Conquistó Nápoles
  • Atacó Francia para deshacerse de Navarra

Todas estas gestas dieron una alta reputación a Fernando de Aragón quien es considerado un verdadero príncipe. 

Otra de las cosas que se debe considerar para el buen gobierno del príncipe es la amistad y la enemistad, es decir, ser buen amigo y ser buen enemigo. En otras palabras, Maquiavelo llama al príncipe a no ser neutral. Esto porque el resultado de ser neutral llevaría a entender que temes al posible vencedor o que no le temas. En ambos casos, es mejor estar del lado de alguien porque en primer lugar, si no lo haces, entonces siempre serás presa del vencedor.

Para esclarecer este punto aún más Maquiavelo nos da un ejemplo:

Antíoco entró en Grecia para expulsar a los romanos. Envió una legación de arqueros a los aqueos, que eran amigos de los romanos, para que fueran neutrales, mientras que los romanos los instaban a que atacaran a Antíoco. Finalmente, la deliberación de los aqueos en su tribunal resolvió: En relación a lo que ellos dicen, a saber, que no os inmiscuyais, en la guerra, nada es más ajeno a vuestro interés: sin respeto ni dignidad seréis premio del vencedor


Es mucho más seguro obtener un compromiso cuando el príncipe se compromete a luchar con sus aliados, es decir, cuando se decide por uno de los dos bandos. Lo que sí advierte Maquiavelo es que el príncipe no forme alianza con aquellos que son más poderosos que él, porque de vencer el más poderoso entonces el príncipe quedaría como rehén. Solamente podría recurrir a esta alianza por extrema necesidad

Para comprobar lo anterior Maquiavelo señala dos ejemplos: cuando los venecianos se aliaron con Francia para obtener Milán, el resultado es que terminaron arruinados (los venecianos). En un segundo ejemplo, España y el papa atacaron Lombardía durante la guerra de la Liga Santa, alianza que se necesitó por parte tanto de papa como de España. 

En consecuencia, el príncipe debe elegir muy bien a sus amistades y siempre tomar bando y no quedarse neutral. 


Capítulo XXII: Los secretarios de los príncipes

Los secretarios serán buenos según la prudencia de cada príncipe. De hecho, la primera opinión que se forma de los príncipes es a partir de los hombres que le rodean; esto hace que incluso se estime la inteligencia del príncipe. Para Maquiavelo hay tres clases de inteligencia:


  • Por sí misma
  • Discierne lo que otros comprenden
  • Ni por sí misma ni por medio de los demás

El filósofo florentino nos dice que la primera es eminente, la segunda excelente y la tercera es inútil. En efecto, al que le falte la primera puede servirse de segund., 

¿Cómo elegir un buen ministro o un buen secretario? es necesario para esto ver los intereses de dicho ministro; por ejemplo, si sus acciones son llevadas solamente por sus intereses, entonces no le servirá al futuro príncipe. Por otro lado, el príncipe también debe colmarlo de elogios al ministro, hacerlo rico, vincularlo a su persona para que le sea siempre fiel. 

Capítulo XXIII: Rehuir a los aduladores

Los hombres corren el riesgo de adular a los superiores con el fin de obtener algún beneficio o protección. Sin embargo, no se dan cuenta de que al mismo tiempo pueden volverse despreciables. Pero el príncipe debe ser muy juicioso y elegir a los hombres que sean capaces de decirles la verdad, pero concediéndoles esta facultad. A estos hombres debe preguntarles también su opinión son respecto a las diversas situaciones que enfrenta el príncipe. En consecuencia, el príncipe debe evitar a los aduladores a toda costa. 

Un ejemplo de ello lo tiene Maquiavelo con el padre Lucca Rinaldi. De acuerdo con este filósofo, Lucca, hombre del emperador Maximiliano, decía que el emperador no recibía consejos de nadie. Sin embargo, una vez que comenzaron a rebelarse contra él, entonces el emperador dejó esta actitud y empezó a escuchar a sus consejeros. 

Así, el príncipe siempre debe estar abierto a escuchar el consejo, pero sólo cuando él quiera. Ahora, el buen príncipe debe reconocer cuáles son los buenos consejos y cuáles son los malos. Una vez que los tome no deberá dar marcha atrás, pues un príncipe que se retracta sufrirá una mala reputación inmediatamente.

Capítulo XIV: Por qué los príncipes de Italia han perdido sus Estados

Las acciones de un príncipe nuevo siempre son más observadas que aquel príncipe que ya es antiguo en el cargo. Esto se debe a que los hombres refuerzan mucho más las ideas presentes que las pasadas. El motivo del por cual los príncipes de Italia han perdido sus Estados es el mismo que hemos estado señalando: poca prudencia, mal manejo de las armas, no imponen su voluntad o se hacen enemigo del pueblo. En otras palabras, no siguen la virtù.

Capítulo XXV: El poder de la fortuna y cómo se le hace frente

Maquiavelo nos dice que todas las cosas están creadas por la fortuna y por Dios y que el hombre no está en condiciones de revertir dicho contexto. Por este razonamiento, muchos dicen que lo que ocurre en realidad pasa por pura suerte, es decir, el hombre no tiene injerencia alguna en los resultados. 

El mismo filósofo, con frecuencia, piensa de la misma manera pero añade un punto: las acciones y sus resultados conllevan un 50% de suerte y un 50% de nuestro esfuerzo. 

Para Maquiavelo, la suerte es como un gran torrencial que amenaza con destruirlo todo y en efecto lo hace. Pero eso no obsta a que el hombre pueda precaverse construyendo diques o represas para contener ese torrencial; lo mismo pasa con la suerte. Por lo tanto, el príncipe que basa todo en la fortuna está destinado a perecer

Un ejemplo de ello ha sido el papa Julio II quien siempre fue impetuoso y decidido. No espero que la suerte lo acompañara, sino que hizo posible que todas las cosas fueran a su favor por medio de sus acciones. El hombre tiene que tomar riesgos, tiene que ser impetuoso más que cauto, o, mejor dicho en palabras de Maquiavelo:

''Es mejor ser impetuoso que ser cauto, porque la fortuna es una mujer y es necesario, si uno quiere sujetarla, golpearla y golpearla''

Es por eso que la suerte es amiga de los jóvenes ya que estos siempre son arriesgados, impetuosos y le dan órdenes con más audacia. 

El gobernador debe servirse de la suerte, es decir, no todo es la virtù, no es infalible, también se necesita suerte (o fortuna). En efecto, la fortuna es la diosa que rige nuestro destino y de la que uno no se puede librar. Sin embargo, el mismo Maquiavelo nos decía que podía llegar a ''domar'' a esta diosa. 


Capítulo XXVI: Exhortación a ponerse al mando de Italia y liberarla de los bárbaros

De acuerdo con Maquiavelo, la situación en Italia es destrozada. En sus propias palabras, está más esclavizada que los judíos en Egipto. Falta de manera urgente un nuevo príncipe que enarbole una sola bandera y pueda unir a Italia. Recordemos que en tiempos del filósofo toda la región de Italia estaba dividida en potentados (ciudades Estado).

Para que Italia pueda seguir el ejemplo de las grandes empresas de los hombres pasados, lo primero que tendrá que hacer es tener su propio ejército. ¿Para quien van estas palabras? para la familia Médici, pero directamente al papa León X quien además era un Médici. El papa debe utilizar a los ejércitos italianos para construir una sola nación vencedora. 

Conclusión

Estas pueden ser las recomendaciones más directas que Maquiavelo podría plasmar en este corto texto. El príncipe debe proteger no solo sus intereses sino que los del Estado, a través de los medios apropiados (no de cualquier medio). Es fácil ver entonces que la frase ''El fin justifica todos los medios'' no es propia del filósofos florentino, sino que en efecto de Napoleón Bonaparte. Pero aún más, lo que Maquiavelo quiere decir es que se tiene que lograr un fin, pero siempre con los medios apropiados. 

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