lunes, 19 de diciembre de 2016

San Agustín de Hipona - Sobre la música (Libro VI: Dios y los números) (387).

Innegable es que los números poseen un cierto misticismo en cuanto a las cosas sagradas, pues es así que los pitagóricos los adoraban como si fueran dioses. Pero los números no tienen que ver sólo con Dios sino que también con el alma y la sensaciones que recibimos de ellos. Pareciera ser que estos no sólo están en sus ejercicios matemáticos, sino que también están en las cosas bellas y más flexibles como lo son la música y la poesía. ¿Se podrá sostener la máxima de Pitágoras y decir que todo está hecho de números? Una pregunta sin respuesta, pero tendremos que ver.

Definiciones:

(1) Saprofilo: en griego antiguo, alguien que ama las cosas malas. Sapro viene de podrido y filo significa amor. 

SOBRE LA MÚSICA


LIBRO VI: DIOS Y LOS NÚMEROS

INTRODUCCIÓN

Esta introducción en realidad es un exhortación para aquellos que aún no están favorecidos por la iluminación del catolicismo ni por la de la filosofía. Recordemos que Cartago estaba lleno de pecado a los ojos de San Agustín, por lo que estos escritos vendrían bien a quienes aún no eran cristianos. 

PRIMERA PARTE: LAS ARMONÍAS DE LAS ALMAS Y DE SUS ESTADOS

Nociones previas

Para comenzar el Maestro le dice al Discípulo si puede identificar esta oración:

Deus creator omnium / Dios creador de todas las cosas 

¿Dónde se encuentran estas palabras? ¿en quien las emite o en quien las escucha? El Discípulo, no muy convencido nos dice que está en todos lados. 

En este sentido, para ver de donde proviene el verso tenemos cuatro géneros de percepción:

  1. Sonido
  2. Oído
  3. Pronunciación
  4. Memoria


Prescindamos del Sonido, pues lo que buscamos es el sonido mismo. Veamos el sentido del oído ¿acaso el oído tiene impreso en sus sentidos la noción del ritmo? En efecto, una cosa es tener los ritmos impresos y otra poder percibirlos. El alumno dice inteligentemente que el sentido del oído debe tener impreso el ritmo, pues es muy fácil ver que a la gente le desagrada lo que está mal pronunciado y le agrada lo que está bien pronunciado. 

Sin embargo, el Maestro le dice que dichos sonidos, para estar en el oído (sentidos) primero deben ser pronunciados por alguien. Además, este ritmo no desaparece ni en el silencio ni en el bullicio por lo que será mejor investigar los dos géneros restantes

Pronunciación y memoria

La pronunciación de dicho verbo no sólo existe cuando estamos realizando la acción de pronunciar, sino que también cuando estamos en silencio, es decir, podemos pronunciarlo en nuestra mente. 

El Maestro dice que estos sonidos los produce el alma y no otra cosa. Si el alma es capaz de producir estos sonidos, y además de replicar los pulsos de las venas y los latidos del corazón, entonces prescindiremos de la memoria, pues esta sólo almacena lo que es producido. Por lo tanto, la pronunciación del alma va primero que todo y se sostiene sin la necesidad de los otros tres géneros.

Género de ritmos en el juicio natural

La preferencia del alumno por estos cuatro géneros va más por el lado de la memoria. ¿Por qué? porque al almacenarlos los tendremos mucho más tiempo y podemos pronunciarlos cuando queramos. 

No obstante, el ritmo muchas veces no se puede retener en la memoria si no es pronunciado constantemente. Que tengamos memoria no significa que podamos retenerlo todo eternamente. Por lo tanto, hay que seguir la pronunciación del alma y no del cuerpo.

Objeción y observación general

Por supuesto, nada puede ser más magnánimo que el alma y es así como esta debe prevalecer ante el cuerpo. El cuerpo puede padecer todas las enfermedades, pero el alma es el que auxiliará al cuerpo porque sabe que son esas afecciones. Las siente pero no les afecta, y si no las sintiera no podría comprender lo que le pasa al cuerpo lo cual sería ridículo. 

El alma toca por el tacto, saborea por el gusto, huele por el olfato y ve por la visión. Pareciera ser de lo más obvio, pero todo lo que siente el alma lo transmite a todos los sentidos y a uno mismo. 

Ahora, existe algo más grande que el alma y eso sería Dios. El alma debe dirigirse a Dios para contemplar lo máximo, así como también superarse, sin embargo, puede caer en los placeres del cuerpo y así alejarse de Dios que sería lo peor. Una vez que regresa a Dios, el alma sufrirá una nueva desazón y esta será volver a perderle.


Los ritmos del alma

Sacando ahora la pronunciación de los géneros precedentes, el Maestro le pregunta a su Discípulo cuál de los géneros restantes son importantes. 


  1. Sonido
  2. Oído
  3. Memoria

Debemos siempre considerar los que están más cerca del alma. Como la memoria es la que queda e último lugar por sólamente almacenar una especie de sonidos, entonces dejaremos el Sonido y el Oído como los más cercanos al alma. Sin embargo, para ver esto más en detalle debemos ver aquellos ritmos que se encuentran en el alma, y distinguirlos de los sonidos del cuerpo. Para eso tenemos que analizar 5 números:

  1. Números de juicio
  2. Números proferidos
  3. Números entendidos
  4. Números recordables (reconocimiento)
  5. Números sonoros

¿Cuáles de estos números son los que corresponden al alma y cuáles al cuerpo?

Proposiciones de los números

Números de juicio

Justamente, para el Discípulo los números con respecto al juicio son los únicos números inmortales, mientras que los demás se destruyen por el tiempo. 

Los números de juicio no están sometidos al tiempo, pues aunque se pronuncien rápidos o lentos, su regla siempre permanecerá igual. Sin embargo, de acuerdo al Maestro, estos números de juicio están sometidos a una especie de límite porque en efecto, para estar en su juicio deben respetar ciertos límites, pues lo ilimitado está fuera del juicio. 

El Discípulo está en desacuerdo con el Maestro, a causa de que si bien los números de juicio necesitan límites para existir, son estos los que más quedan retenidos en la memoria. De esta manera, estos números son los que juzgan si los otros son armoniosos o son confusos. No obstante, el Maestro objeta que el sentido del juicio sólo puede juzgar cosas mortales y sensibles, y no cosas universales. Nosotros somos una parte del Universo y por eso no alcanzamos a comprender las cosas más grandes. 

Números proferidos

Estos números están sometidos al juicio porque debemos utilizar todo nuestro cuerpo para pronunciar versos y palabras. Las articulaciones, no obstante, pertenecen al cuerpo y no al alma, por lo que el alma las comanda para pronunciar todo lo que dice. 

Números entendidos

Estos son los números que se producen por los ánimos y placeres del cuerpo. Estos son valorados en la medida que están en el juicio de la memoria y en consecuencia, los números entendidos no pueden estar en el alma.

Números recordables (reconocimiento)

Quizás, estos números son los más cercanos al alma, pues ¿qué hacemos cuando una vez que entendemos queremos recuperar esos ritmos y números? Debemos recordar. El recuerdo siempre queda en la memoria y es inalterable desde ahí. 

Los demás números nos sirven para producir el sonido o el ritmo de alguna cosa, así como también para que un sonido venga a nuestro pensamiento. Sin embargo, en el recuerdo nosotros no traemos un nuevo sonido, sino que más bien recordamos un sonido que ya fue reproducido. También son los tipos de números que nos permiten re-conocer un sonido determinado. 

Números sonoros

Nada especial se puede decir de los números sonoros, puesto que ellos están sometidos a todos los otros números de igual manera. 

SEGUNDA PARTE: DIOS, FUENTE DE LAS ARMONÍAS ETERNAS

SECCIÓN PRIMERA: LAS ARMONÍAS ETERNAS

Primera proposición: Existencia racional de la armonía eterna

La misma oración que empleamos al principio la captamos con los siguientes procesos:

Oímos por los números entendidos, los reconocemos por la memoria, los pronunciamos por los números proferidos y sentimos placer gracias a los números del juicio. 

A estos procesos, el Discípulo tiene una objeción, ya que el número de juicio debería estar relacionado con la razón y no con el placer. De hecho, el Discípulo nos dice que los números del juicio comandan tanto la razón como el placer. No obstante, el Maestro le dice que es el alma quien maneja el cuerpo y le hace a éste pronunciar los ritmos; por lo tanto, todos los otros números están sometidos a la dirección del alma. 

Segunda proposición: Dominio de la razón sobre las armonías

La atracción que producen las armonías es innegable, sobre todo aquellas que son iguales y siguen un ritmo adecuado. Existen sonidos desiguales que nos perturban y nos causan aversión, aunque también hay unos que pareciéndose a las armonías iguales, de todas formas nos deleitan. Incluso, comprendiendo que no son iguales siguen impresionando. Sin embargo, nada escapa a la perspicacia de la razón, pues ésta será siempre la que nos dice si una armonía es buena o mala. 

Primera conclusión: Orientación al orden eterno

Así, podremos concluir en primera instancia que todo lo que lleve a la igualdad es parte del alma. Cuando el cuerpo quiere conocer el placer, es el alma quien lo guía a través de este placer pues nada está fuera de ella. Todo lo que sea inmóvil y no represente cambio alguno será aquello eterno y digno de ser considerado por el alma. 

El orden universal

En palabras del Maestro, el orden universal es todo aquello que tiende al bien. El mal comportamiento del hombre será sucedido por una buena obra para redimirse. Cuando comete algo injusto y fuera de la ley, será tiempo que cometa algo justo y que además lo guíe la ley. 

Por otro lado, es difícil no dejarse caer por las fallas de la memoria. La memoria nos falla cuando queremos recordar las cosas más importantes. Para el Maestro es difícil explicar de dónde nos salen estos recuerdos, sobre todo los recuerdos de la gente que ya esta muerta. Para diferenciar entre los recuerdos verdaderos y los falsos, el Maestro le dirá a su Discípulo que esos recuerdos verdaderos se llamarán fantasía y los falsos fantasmas.

Segunda conclusión: Dios y el orden natural

No pensemos que porque el cuerpo pertenece al mundo sensible, tendremos que despreciarlo pues Dios concede que el cuerpo tiene su propia belleza, aunque esta está sometida a la temporalidad. Su misericordia siempre estará para tendernos una mano y guiarnos a través de las cosas eternas. 

El trato que el hombre tiene con el mundo sensible el maestro lo llama carne, para integrarlo como concepto filosófico a la discusión. La carne lucha contra el esopíritu para finalmente llevar al hombre a pecar. Es así que el apóstol Pablo dijo:

''Por el espíritu sirvo a la ley de Dios, más por la carne a la ley del pecado''

Como habíamos dicho, una vez que el hombre peca tiene la opción de redimirse y servir a la ley de Dios para alejarse de la carne. 


SECCIÓN SEGUNDA: DIOS, ORÍGEN DE LAS ARMONÍAS

El alma recibe de Dios las armonías eternas

¿Cómo es que se puede hacer una aseveración como ésta? por medio de las preguntas, es decir, cuando olvidamos lo aprendido o las cosa que nunca supimos, las preguntas despertarán ese conocimiento innato que sólo Dios pudo dejar en nuestro interior. 

Primera proposición: Dios y las armonías inferiores

¿Qué necesidad o qué lleva al hombre a contemplar las cosas inferiores y no las superiores? sabemos que es el alma el que lo tira hacia las cosas más divinas, sin embargo, muchas veces se inclina por las más bajas. 

En cualquier caso, es el alma del hombre la que se inclina por estas cosas. Esto es evidente porque el alma puede conducirlo por tres cosas:

  1. Guiarlo por cosas de igual valor que el alma
  2. Guiarlo por cosas superiores al alma
  3. Guiarlo por cosas inferiores al alma

Por supuesto hay quienes buscan lo hermoso de las coas del alma, así como también hay quienes buscan las cosas inferiores. A estos los griegos los llamaban vulgarmente saprófilos(1). Pero son las cosas que demuestran igualdad las que nos debieran atraer para contemplar finalmente a Dios. 

Siempre buscamos lo que nos conviene según nuestra naturaleza, y por eso escogeremos mejor cuando optemos por las cosas del alma. Todas ellas, por supuesto, hechas con igualdad e inmortalidad siempre. Lamentablemente, el amor por las cosas placenteras y las del cuerpo apartan al alma de la contemplación divina. 

Segunda proposición: el orgullo aparta de Dios

Una de las primeras cosas que hace separarnos de Dios es la soberbia y sucede cuando el hombre quiere imitar a Dios, al creerse el dueño de la verdad. Así lo dice el libro Ecclesiasticos de la biblia:

Ecclesiasticos 12:14: ''El principio de la soberbia es apartarse de Dios''.

Cuando el alma es soberbia se ''hecha'' al exterior, se hincha para desligarse de Dios. Una vez que el alma es soberbia, esta empieza a buscar a otras almas racionales que se les unan para formar una unión en común y separada de Dios. Estas almas persuaden a otras de manera muy convincente, sin saber ellas que están siendo conducidas por otros caminos. 

¿Qué consecuencias trae este planteamiento? que el alma no tiene real conciencia de lo que está siguiendo ni tampoco puede distinguir la verdad cuando está realmente persuadida. No conoce lo que debe establecerse ni como poder establecerse. 

Tercera proposición: Por la caridad a Dios y las cosas eternas

Si el alma puede caer en el vicio, entonces se debe buscar la forma para que el alma se acerque a la divinidad. La forma de hacerlo es primeramente aceptar a Dios en el corazón. Es decir, hay que amar a Dios y no a las cosas de este mundo, pues es así como dijo el apóstol San Juan.

Juan 2:14-45: ''No améis el mundo porque todo lo que hay en él es concupiscencia en la carne y concupiscencia de los ojos y ambición del siglo''.

El amor por las cosas corporales hace que el hombre voltee su mirada a los placeres. Aquí el alma pierde su orden y comienza a ser relegada a las órdenes del cuerpo lo cual es ignominioso. Los goces del cuerpo en realidad son goces y placeres que nos seducen, son verdaderos goces pero perecen y esa es la gran diferencia con los goces del alma; estos son imperecederos.

El orden y su amor en el alma

Es preferible siempre amar el orden, aunque este venga por defecto un vez que el hombre haga el mal. Todo lo que está mal finalmente se hace bueno con el tiempo porque ya no tiene otra forma de ser. Quien no ama las leyes queda sometido a ellas, más quien las ama no está sometido a nada pues no habrá molestia. 

El alma y las virtudes cardinales

*Para conocer las virtudes cardinales dirigirse al cuarto libro de  la República de Platón de éste blog. 

El camino para que el alma pueda llegar hacia Dios es el camino de las virtudes cardinales:

Templanza: es lo principal para acercarse a Dios, pues evitará que no entremos en los extremos.

Fortaleza: para no temer a la muerte ni a la adversidad. 

Justicia: para que alma no caiga en la soberbia porque un alma racional sólo puede dominar una alma animal. 

Prudencia: para que el alma sepa cuál es su lugar en las hipóstasis, no debe estar ni por sobre Dios ni por debajo de lo cuerpos. 

Estas virtudes cardinales no se encuentran en el mundo de la carne sino que moran en el cielo para siempre. De hecho, si estas virtudes son lo que son, entonces deberían estar en el cielo eternas, más que ser sensibles en este mundo. 

Cuarta proposición: Destello universal de las armonías

El hombre puede caer en la más baja de las bellezas como también puede lograr la más alta. Eso sí, nunca podrá acabar con la belleza por más bajo que caiga porque Dios es quien le ayuda a subir. Si no pudiera haber belleza, entonces nunca podría subir lo cual es absurdo. 

Nada puede nacer de la nada, por lo tanto todo tiene un principio único que sería la unidad, lo Uno. Ninguna de las armonías del músico, o las obras del artesano se hacen de la nada; todo proviene de una unidad y esa unidad la da Dios. 

Conclusión

Un repaso por toda la filosofía agustiniana y cristiana. Terminamos con este tratado sobre la música con unas últimas reflexiones sobre Dios y su inmutabilidad y perfección. Este puede ser uno de los libros sobre la música que más difiere del resto, pues esto fue más filosófico que aleccionar sobre un tema en específico. De todas formas, un libro a considerar para ver los tratados que siguen que serán los del alma. 

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