viernes, 2 de diciembre de 2016

San Agustín de Hipona - Contra los Académicos (Libro I: Sobre la verdad y la virtud) (386)

¿Quienes eran los Académicos? la definición nos lleva inmediatamente a recordar la escuela platónica, pues era la mismísima Academia de Platón. Sin embargo, debemos ver a qué se refería el santo con decir ''contra'' ¿acaso estaba en contra de los discípulos de Platón? ¿o acaso el santo se refiere a otros académicos? Este libro puede ser uno de los primeros que va en defensa de su pensamiento y en contra de las cosas que no tenían lógica para el santo en ese tiempo. Veamos como nos impresiona este filósofo con su primer libro.

Referencias:

(1) Recordemos que Romaniano era un potentado local.
(2) Esto aparece en el libro V de las Cuestiones Tusculanas de Cicerón.
(3) Podríamos decir que hay una inspiración aristotélica, pues el fin de una cosa es el bien de la misma. 

CONTRA LOS ACADÉMICOS


LIBRO I: SOBRE LA VERDAD Y LA BIENAVENTURANZA

Capítulo I: Dedicación a Romaniano(1)

¿Quienes son los académicos?

Los académicos son justamente aquellos que seguían las doctrinas platónicas. Sin embargo, con el tiempo, la perspectiva académica fue cambiando y es justamente la Academia Nueva la que San Agustín crítica, pues ellos estimaban que el ser humano no podía llegar a la certeza absoluta como tampoco a una incerteza absoluta. 

Agustín exhorta a unos de los amigos de su padre que era Romaniano (quien además era quien permitía los estudios del filósofo) que se acerque más a la virtud sin importar la mala fortuna que pueda acaecer. ¿Por qué? porque el propósito de Dios no es en vano, es decir, no se está haciendo nada que no se merezca que se le haga. 

Lo exhorta también a que siga con su vida humilde y que rechace las tentaciones de este mundo. Agustín ya las estaba rechazando para ese tiempo ¿cómo lo hacía? al estar en contacto con la filosofía.

Ocasión de la disputa

La filosofía es tal cosa que puede hacernos olvidar de dichos placeres de la carne. Agustín nos dice que incluso esta puede servir a cualquier edad, pues tiene como alumno a un niño que ya parecer ser filósofo; tanto así que podría poner a este mismo niño como modelo de su padre. 

Para seguir convenciendo a Romaniano del poder de la filosofía, Agustín le dice que lea la siguiente discusión entre Trigecio y Licencio quienes hablan sobre la filosofía y la religión. 


Capítulo II: Felicidad y conocimiento

Agustín está con sus dos alumnos y les pregunta si es conveniente conocer la verdad y Trigecio y Licencio contestan afirmativamente. Luego les pregunta si es posible ser felices sin conocer la verdad y Trigecio nos dice que si estamos felices, podemos abstenernos de buscar la verdad. Por otro lado, Licencio dice que podemos ser felices sin conocer la verdad, pero con la convicción de que se intente buscar la verdad

Trigecio no acepta de ningún modo que la felicidad consista en buscar la verdad. Licencio argumenta que muchos de los sabios de la antigüedad pudieron vivir felices al dedicarse sólo a la búsqueda de la verdad. 

Alipio, un amigo de San Agustín, toma un rol en esta discusión haciendo de juez.

Si pudiéramos ver la discusión a modo general sería así:

Trigencio: Cuando se obtiene felicidad no es necesario conocer la verdad. 

Licencio: Cuando se obtiene felicidad es necesario que se busque la verdad.

Trabajemos bajo estas premisas que nos dejan los dos alumnos de San Agustín. 

Capítulo III: Una objeción...

Cuando se pide a Trigecio que justifique su postura, este dice que el hombre es perfecto y sabio en todas las cosas, y que el sólo hecho de buscar la verdad lo haría imperfecto ¿cómo puede ser feliz el hombre en la imperfección? Ergo, el hombre no necesita buscar la verdad pues él ya es perfecto en sí mismo. 

Inmediatamente, Licencio le pregunta a Trigecio si la autoridad de los sabios le es digna a la discusión y este dice podrá ser la de Cicerón. El mismo Cicerón decía que nadie puede ser feliz si no conoce la verdad, pues al no conocerla siempre caerá en un error ¿se puede ser feliz cayendo en el error? en otras palabras, refutando a Trigecio ¿se puede ser feliz en la imperfección?(2). 

Pareciera ser que Trigecio se ve en apuros, pero este se rectifica y dice que haber considerado a Cicerón un sabio fue un dicho hecho a la ligera. Licencio admite que el hombre que no es feliz cuando está sólo en búsqueda de la verdad, eso responde a que sólo Dios posee la verdad y que el fin del hombre es buscar la verdad(3)

Sin embargo, Trigecio dice que con mayor razón el hombre nunca podrá alcanzar la verdad, pero lo cierto es que si la puede alcanzar sobre todo cuando somete todas las cosas a su orden, y ahí no sería necesario descubrir ninguna verdad. 

Finalmente, Licencio le responde que vivir en razón es vivir feliz, y la verdad no se puede buscar si no se tiene razón; por lo tanto, si preferimos la razón preferimos también la búsqueda de la verdad y al mismo tiempo seremos felices. 

Capítulo IV: ¿Qué es el error?

Trigecio no está de acuerdo con lo dicho y propone un nuevo camino para la discusión. Nos dice que quien siempre busca y nunca halla jamás podrá ser feliz, pues ese hombre siempre vivirá en el error y nadie puede ser feliz viviendo en el error. 

Licencio le dice que el hombre feliz no puede errar y se hace un largo silencio. Tampoco puede errar el que busca porque tiene que hacerlo siempre con buen método. Pero Trigecio le dice que dicho hombre no se salva del error si finalmente no encuentra lo que está buscando. 

Agustín les dijo que era mejor que definieran el error para que no cayeran paradójicamente en errores. Sin embargo, Trigencio dijo que le costaría mucho hacerlo y dejaron el tema para el día siguiente. 

SEGUNDA DISPUTA

Licencio: definición del error

Se reúnen al día siguiente y es Licencio quien da primeramente su definición del error. Aquí tenemos sus palabras literales:

''El error es la aprobación de algo falso que se da por verdadero''

Así, el hombre que está en búsqueda de la verdad jamás estará aprobando nada porque estar en búsqueda no aprueba ni reprueba. por lo tanto, Trigecio quedaría sin argumentos pues el hombre de Licencio busca la verdad y es feliz porque jamás está en el error. 

Capítulo V: ¿Qué es la sabiduría?

El tema cambia abruptamente, seguramente al ver que Trigecio no pudo rebatir la definición del error. Ahora la atención se enfoca a discutir sobre la sabiduría. 

Trigecio: definición de la sabiduría

Trigecio nos arroja la primera definición de sabiduría:

''Seguir el camino recto de la vida''

A Licencio no le gusta mucho esta definición (incluso se ríe de ella), pero la admite parcialmente para que se comience con el desarrollo del tema. 

Para Trigecio, el camino de la vida consiste siempre en tratar de evitar la muerte. Por ejemplo, cuando un hombre sabe que el camino izquierdo está lleno de ladrones escogerá el derecho ¿podemos llamar a eso sabiduría? el recorrido del buen camino sería justamente la búsqueda de la verdad por lo que Trigecio debería dar otra definición. 

Y así, Trigecio nos da la segunda definición:

''La sabiduría es el camino recto que guía a la verdad''


Sin embargo, esto está aún más a favor de Licencio, pues al decir que es ''el camino'' seguimos diciendo que es la búsqueda de la verdad, aún si no se logra pues no se está diciendo que además hay que alcanzarla. Por lo tanto quien está en ese camino será feliz porque está justamente en la verdad. 

Capítulo VI: Nueva definición de la sabiduría

Ante la disputa generada anteriormente, Licencio arroja una nueva definición de sabiduría contando una pequeña anécdota. 

Hubo un personaje en la historia de Roma llamado Albicerio que en Cartago decía cosas maravillosas y ciertas; era considerado un sabio. Siempre respondía con acierto y precisión a las cosas que se le preguntaban, pues incluso cuando un ladrón robaba, éste decía qué se había robado y dónde se encontraba sin ninguna información de antemano.

En este respecto tenemos dos cosas que afirmar porque Albicerio era un sabio en cuanto sabía cosas humanas (donde se encontraban los objetos perdidos o robados), pero también cosas divinas pues la adivinación no es algo humano sino que algo que pertenece a los divino. Por lo tanto: aquí tenemos la definición por Licencio. 

''La sabiduría es la ciencia de las cosas humanas y divinas''

Ahora que esta definición está explicada por el santo, ahora toca defenderla. 

Capítulo VII: Defensa a la definición anterior

Trigecio nos dice que la definición dada por Licencio es insuficiente pues este supuesto sabio también decía cosas falsas. Por otro lado, Trigencio no acepta que la adivinación sea una cosa divina, sino que más bien humana pues todos pueden hacer una predicción acertada sin ningún esfuerzo (así como también se dicen erróneas. 

Capítulo VIII: El adivino y el sabio

Sin embargo, Trigecio y Licencio están divididos pues uno cree que el sabio es el que sabe cosas humanas (Trigecio), mientras que el otro (Licencio) cree que es el que sabe cosas divinas y humanas. 

Para licencio, el adivino no es totalmente sabio, pues siempre es más sabio quien tiene en cuenta las dos cosas. Trigencio no esta de acuerdo pues el hombre no alcanzará nunca una cosa divina por ser hombre. Sin embargo, Licencio dice que el hombre es igualmente dichoso cuando quiere alcanzar a Dios quien es el poseedor de la verdad. Así, el sabio será feliz buscando la verdad. 

Capítulo IX: Conclusión

Al ver la actitud reflexiva de Trigencio, San Agustín decide intervenir hablándole a Licencio. 

San Agustín está de acuerdo con Licencio sobre la sabiduría porque Trigecio ya había perdido la discusión con tan sólo no poder definir el error. Por otra parte, si vamos a fondo podremos ver que Trigecio el hombre no puede ser feliz al solo poseer razón y que la verdad sólo estaría en las cosas divinas. No obstante, aquí estaría diciendo que el hombre sólo puede buscar la verdad, pero si ese es su fin, entonces el hombre será feliz y por lo tanto, el hombre que busca la verdad es feliz. 

El hombre si puede alcanzar la felicidad siempre y cuando se acerque a las cosas divinas. No sólo puede tener razón humana, sino que también puede conocer las cosas de Dios. Si Dios es dichoso, ¿la búsqueda de la verdad acaso no será dichosa? ¿Cual será estas cosas divinas que busca el hombre? pues nada más y nada menos que la virtud es una cosa divina. ¿Por qué? si Dios es virtuoso (porque sería ridículo decir que no lo es) el hombre entonces también será dichoso cuando posea la virtud. Finalmente, si se posee una cuestión divina se posee la verdad. 

Sin embargo, Licencio se queda con su posición diciendo que la felicidad consiste solamente en la búsqueda de la verdad y no necesariamente en tenerla. 

Conclusión

Extrañaba realmente estas conversaciones platónicas donde se va buscando la verdad. Sin duda que esta conversación deja en claro el pensamiento agustiniano donde los hombres pueden llegar a la verdad cuando contemplan a Dios en su totalidad. La razón por sí sola es insuficiente para alcanzar la verdad, pues el hombre debe aproximarse a Dios porque Dios es la verdad. Sinceramente, esto se aleja de todas las proposiciones de los filósofos vistos anteriormente, sobre todo de Plotino quien decía que el Uno (equivalente a Dios) no puede tener ningún atributo, pues de nada necesita la virtud si es el bien en sí mismo. 

3 comentarios:

  1. Es la búsqueda de la verdad lo que da sentido a la propia vida. Tanto mejor si partimos de la insuficiencia de la propia razón y, siguiendo el ejemplo de San Agustín, nos fiamos plenamente del testimonio de Cristo Jesús, camino, verdad y vida a la par que Hijo de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero.

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    1. Muchísimas gracias por su comentario. En efecto, San Agustín fue un hombre de mucha sabiduría con respecto a la búsqueda de la verdad.

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  2. Hola, no me queda claro si el hombre es perfecto o no ya que Trigencio inicia diciendo que el error es causado por la imperfección cosa que niega.

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