viernes, 10 de junio de 2016

Marco Tulio Cicerón - De oratore ad Quintum fratrem libri tres (Sobre el orador, tres libros para el hermano Quinto) (Libro III) (55 a.C.).

Al finalizar el diálogo que sostenían los personajes del Libro II, una tragedia ocurre, pues Lucio Craso fallece a los pocos días de terminar el diálogo. Marco Tulio Cicerón le da a su hermano Quinto las últimas palabras lúcidas y que el gran orador plasma aquí en su tercer libro sobre el orador. Este es un diálogo donde Antonio no contribuye mucho, pero sí contribuye su colega Craso, quien en el Libro II no estuvo muy participativo teniendo una actitud más bien pasiva. Veamos la tercera parte sobre el orador de Marco Tulio Cicerón.

Referencias:

(1) En latín, y en ese tiempo, las palabras en desuso serían ''prole'', ''posteridad'', ''nominar''.
(2) Todo esto se ve en el libro Poética

De oratore
Ad Quintum fratrem libri tres




LIBRO III
La muerte de Lucio Craso

Con mucho pesar, Cicerón le cuenta a su hermano que Lucio Craso ha muerto días después de terminar el diálogo anterior. Afortunadamente, Cicerón nos deja las palabras más lúcidas de Craso en este tercer libro sobre el orador. 

El gran orador nos cuenta que si alguna vez Craso se mostró lúcido e imbatible en diálogos, pues que sea este el dichoso diálogo. Sin embargo, el Estado romano y la república en general empezó a caer en decadencia. Cicerón asegura que los dioses no le dieron muerte, sino más bien se la regalaron para no ver mal a su república.  

En medio de una arboleda, Craso y sus dialogantes entran en lo que será el nuevo diálogo. 


Lucio Craso y el ornato en el discurso

El ornato es el elemento deleitoso en el discurso que nos hace querer escucharlo mucho. Dicho deleite es diferente con cada discurso y parece difícil distinguir cuál es el placer que nos llega a través de él. 

Es de suponer que si el discurso es de un sólo género, dos discursos del mismo género debieran tener los mismos resultados placenteros, pero sabemos que no es así; pues, son muy distintos Esquilo, Sófocles y Eurípides: los tres nos provocan cosas distintas a pesar que son del mismo género (tragedia). 

Esto se explica porque el estilo de cada orador es distinto, tanto como Marco Antonio es diferente de Lucio Craso. El ornato dependerá totalmente del estilo del orador y no del género en sí. 

Corrección en el lenguaje

Obviamente, no se puede enseñar a ser un buen orador a quien no saber leer, pues lo primero que debe hacer un orador es leer a sus antiguos. 

Por lo demás, tendrá que tener profundo conocimiento de los distintos casos gramaticales del latín. Más importante aún es la entonación del discurso, pues hasta el hombre menos culto podrá vencer a otro en un discurso (en cuanto al ornato) si tiene una voz distinguida. La buena exposición, la cantidad de expresiones y de pensamientos luminosos harán que el orador sea ovacionado por su audiencia. 

Uno de los más grandes oradores en ese sentido del ornato fue Sócrates, sin embargo, fue él mismo quien separó el ornato (si se entiende por apariencia) de la ciencia, pues la ciencia es algo esencial. Luego tenemos a otros filósofos que aportaron en el mundo de la oratoria como Aristóteles. A este le siguieron los cínicos y finalmente lo que se conoció en la república romana (de ese tiempo) como estoicos. 

Filosofías adecuadas para el orador

La filosofía estoica no podría estar de acuerdo con los oradores, pues la opinión de los estoicos, con respecto a la vida, a la retórica y diversos temas, nunca es la misma; es decir, jamás están de acuerdo con la opinión de la gente. 

En fin, la filosofía apropiada será la griega en conjunto y no por separado, mientras que la técnica y el arte del orador se deberá a los propios oradores romanos. 


Lucio Craso y los modos de conocimiento

De acuerdo con Craso hay tres tipos de conocimiento: conjetura, definición y consecuencia. Entremos a definir brevemente cada una de ellas

Conjetura: lo que busca que hay en la cosa.
  • Por ejemplo: ¿Se da la naturaleza en la especie humana?
Esta a su vez se divide en cuatro clases: Consistencia (en qué consiste cada cosa), origen (comienzo de las cosas), causa y razón (el porqué de las cosas) y el cambio (si la virtud desaparece y torna en vicio). 


Definición: expone cuál es la naturaleza de cada cosa.
  • Por ejemplo: ¿Qué es la sabiduría?
En este concepto puede abrirse un espacio a preguntarse cosas específicas; por ejemplo, si un hombre no muy docto merece la sabiduría. 

Consecuencia: lo que sigue de cada cosa.
  • Por ejemplo: ¿Puede un hombre de bien mentir alguna vez?
Aquí hay dos tipos de cuestiones: 

Las sencillas: donde se encuentra lo que debe buscarse y evitarse , lo justo o lo injusto, lo honroso y lo deshonroso (por ejemplo, si los cargos públicos son deseables). 


Las comparativas: donde se encuentran dos términos que pueden ser iguales o distintos (tirano / autócrata). 

Todos estos tipos de conocimientos son un deber del orador saberlos para no caer en contradicción  ni tampoco en inconsistencias. 

Craso y las palabras apropiadas

Cátulo queda impresionado y elogió a Craso diciendo que incluso es mejor que los sofistas y Sócrates de la antigua Grecia. Ningún romano ha podido superar a los griegos en términos de oratoria, pero Craso si tiene un estilo particular y diferente a ellos. 

Craso trata de reconciliar estas dos posturas entre los griegos y los romanos, ya que en verdad han habido oradores como Pericles, Alcibíades quienes no siendo oradores de profesión, sí lo son a los ojos de los más expertos oradores. 

Arcaísmos y neologismos

Algo que puede lucir perfectamente el discurso son los arcaísmos los cuales son términos que ya están en desuso(1). Por otro lado, tenemos los neologismos que son en realidad la combinación de dos palabras: por ejemplo, ''descorazonar'' o ''tontilocas''. La frecuencia de uso entre los dos debe ser mayor en los neologismos que en los arcaísmos. 

Metáforas

La metáfora es uno de los adornos más brillantes del discurso y consiste en reducir una gran comparación a una sola palabra. También puede utilizarse el símil en dicha metáfora y resultará mucho más adornado. Por ejemplo, el dardo se ''escapó'' de las manos. 

Las metáforas traen al lenguaje un nuevo ornamento, pero que a la vez reemplazan las palabras usadas en el lenguaje oficial. Pareciera ser, nos dice Craso, que cuando se usan palabras de otro idioma el discurso se embellece aún más que si fueran con las del lenguaje oficial. 

Ritmo

Algunos oradores no han puesto verdadera atención al ritmo y lo toman como algo sin importancia. Sin embargo, es esto lo que realmente diferencia a un orador de otro, aunque no solo el ritmo sino que también la entonación de las palabra.  

Ya Aristóteles nos hablaba de que las conversaciones están plasmadas de ritmo como los yambos, los dáctilos o el espondeo(2).

Figuras de pensamiento y dicción

Si hay una diferencia entre la dicción y el pensamiento es que cuando hay una palabra mal escrita (o hablada), la dicción puede corregirla y el error desaparecer, mientras que en el pensamiento la palabra queda ya sea mal o bien escrita (o hablada). Es importante que el pensamiento no influya demasiado en la dicción.

Ejecución del discurso

La ejecución tiene que ver con todo el movimiento delcuerpo junto con la actitud del orador frente a su audiencia, lleva consigo también los gestos que tenga. 

El gesto más importante es el de la cara, ahí se centran todas las miradas del público cuando el orador comienza a hablar. En palabras de Craso, el gesto es el reflejo del alma y el lenguaje del cuerpo. 


Conclusión

Esta síntesis pudo ser la última que Lucio Craso realizó en vida. Considerado por Cicerón como uno de los mejores oradores, Craso nos deja un ''manual del buen orador'' plasmado de referencias griegas y latinas (tardías). Si bien no se aleja de la mirada aristotélica de la retórica, tampoco se queda con ella pues ya hay algunos términos abordados de manera muy distinta a Aristóteles, e incluso a su maestro Platón. Quedará para la posteridad el legado de Craso en este libro de Cicerón para toda la república e imperio romano. 

sábado, 4 de junio de 2016

Marco Tulio Cicerón - De oratore ad Quintum fratrem libri tres (Sobre el orador, tres libros para el hermano Quinto) (Libro II) (55 a.C.).

Seguimos con la segunda parte del diálogo ciceroniano. En el libro anterior quedamos con la opinión de Antonio la cual significaba que el orador debía ser alguien práctico y no tan teórico, como lo proponía Craso. Esta vez, la mayor parte del diálogo se la lleva Antonio, pero no por un arrebato o algo parecido, sino más bien por la permisividad del orador Craso que incluso nos dice ''Estoy feliz de que seas tú el que hable y no yo''. Veamos otro de los diálogos donde Marco Tulio Cicerón no es el protagonista absoluto.

Referencias:

(1) Así como lo dice el mismo Aristóteles en Retórica
(2) Causas judiciales.
(3) Lo que en retórica se conoce como ''commendatio''.
(4) Para ver más en detalle a lo que se refiere Marco Antonio, véase Tópicos.
(5) Una técnica que siempre se ve en los diálogos de Cicerón.
(6) En la Poética de Aristóteles, la comedia es algo que se desprende de lo feo o de la más baja expresión moral. 

De oratore
Ad Quintum fratrem libri tres



LIBRO II
Continuación de la conversación con su hermano Quinto


Cicerón continúa hablándole a su hermanos sobre el diálogo que está relatando, pero también aprovecha de decirle otras cosas que tenían que ver con la familia. Luego de esto, Ciceró se propone continuar con la discusión que aprecia debatirse entre Craso y Antonio. 


Visitantes inesperados

Al día siguiente de la discusión del libro I, dos visitas a cargo de los rumores de Escévola se dirigieron donde estaba Craso y Antonio. Craso estaba un tanto nervioso, pero aún así invito a los dos comensales a disfrutar del debate originado el día anterior. 

Estos dos visitantes eran Lutacio Cátulo, cónsul romano de esa época, y César Estrabón, candidato a cónsul en el año 87.

Marco Antonio y la elocuencia

Antonio nos insiste en que el orador más que teoría tiene práctica, pues el orador no tiene ni siquiera una técnica, sino más bien opiniones. 

Elogio a la oratoria

Marco Antonio se expresa de forma muy distinta a la oratoria y la retórica que en el libro I, definía de forma más técnica. Cátulo le pregunta por qué habla con tanta armonía sobre la oratoria, a lo que Antonio responde que la situación lo ameritaba así, pues debía refutar las teorías de Craso. 

Tipos de elocuencia

Resumiendo y rescatando lo dicho por Craso en el libro anterior, Antonio nos relata qué son para él los tipos de elocuencia que existen: abstracta y concreta.

Elocuencia abstracta: aquella que se desenvuelve en temas generales.  

Elocuencia concreta: aquella que se desenvuelve en temas específicos y bien definidos. 

En este último tipo de elocuencia se encuentran las tres clases de discurso de Aristóteles: epidíctica, demostrativa y forense (judicial). 

Con todo esto, Antonio insiste en que el arte del orador no consiste en mucha teoría, sino más bien en una técnica práctica y concreta ya sea defendiendo, exhortando o consolando. 

Marco Antonio y los deberes del orador

El orador y la historia

Catón comienza diciendo que los modelos a seguir en historia serían justamente los griegos (Tucídides por ejemplo), pero Antonio le advierte que no desestime la labor de los romanos. El mismo Julio César en su campaña en la guerra de las Galias es un ejemplo de una buena oratoria e historia. 

¿Para qué le sirve la historia al orador? Pues, el discurso debe tener una cronología que sólo la historia puede perfeccionar. El estudio del pasado, como la historia lo es, puede darnos la técnica y la estrategia para establecer un orden básico a un discurso. 

Técnica retórica

Ya sabemos de parte de Aristóteles el contenido de la retórica forense en su primer libro de retórica. Antonio, antes de continuar con la retórica forense, explica que el conocimiento del orador necesariamente debe tener un límite; es decir, no puede pretender ser hábil en todas las ciencias. Sólo puede en algunas. 

Por lo demás, una de las habilidades claves del orador es dirigir la simpatía al odio y el odio a la simpatía(1). De este modo, el orador cumple su objetivo fundamental que es manejar el ''pathos'' de su audiencia.

Elementos del discurso

Para entender un poco los componentes primeros del discurso, tenemos tres partes: inicio, desarrollo y conclusión.

Inicio: Captar la atención y recepción de la audiencia. 
Desarrollo: Contar un relato verosímil. 
Conclusión: Rematar con una digresión

Ciertamente no está muy alejado a lo dicho por Aristóteles, con la diferencia de que la verosimilitud sí pertenece al discurso y no a la narración como los antiguos griegos afirmaban.  


Marco Antonio y las cualidades del orador

Antes de describir las cualidades del orador, Antonio establece primeramente el modelo a seguir del orador. 

El aprendizaje para ser un orador no debe ser una cosa rápida y expedita, sino más bien dura y lenta; sobre todo en los menores. Luego, es fundamental conocer muy bien a la figura que se pretende seguir como modelo. Las cosas más fáciles de seguir con las posturas y los gestos, después puede comenzar por imitar exactamente el discurso de aquél orador. 

Oradores griegos y romanos

Antonio reconoce que no hay muchos oradores romanos de lso que seguirse, pues estos no han dejado nada escrito más allá del recuerdo auditivo de sus discursos. 

De los que sí se tiene recuerdo, por supuesto, son los griegos porque los dos primero podríamos nombrar a Pericles, Alcibíades, Critias, Terámenes y Lisias. Todos estos siguieron el ejemplo de Pericles; de hecho, sus discursos están muy empapados de su influencia. Finalmente, tenemos al gran Isócrates que difirió un poco del gran Pericles. 

Lo que se debe aprender

Hay ciertas cosas que no se enseñan en la escuela de retórica en Roma: el aprendizaje de las causas(2). Es decir, el orador debería aprender de ellas:

Estado de cuenta
Declaración de testigos
Parentescos directos y por alianza
Pactos
Contratos y estipulaciones
Providencias del pretor
Dictámenes de expertos

Después de conocer esto podemos entrar a fondo en la causa que envuelve al responsable. 

Naturalmente, en las causas que versa una acusación, la defensa consistirá en negar dicha acusación (siendo las más graves las de concusión). Por otro lado, las causas de deliberación siempre tratarán sobre lo que va a pasar. De acuerdo con lo dicho por Marco Antonio, hay tres tipos de controversia: sobre cosas que pasaron, que puede suceder o que sucederán.

Deberes del orador

El primer deber que debe cumplir el orador es dejar el juicio en manos del juez y del público(3). El segundo deber es cambiar la actitud de la audiencia según la disposición que tenga. 

Luego el orador tiene una tarea un tanto complicada llamara la''fase probatoria'' es decir donde se muestran las evidencias. Esta fase no depende del orador, pues los documentos y los tratados hablan por sí solos y el orador no puede modificarlos: es una de las tareas más difíciles de enfrentar. En segundo lugar está la parte donde todo depende del orador; es decir, su audacia y oratoria podrá revertir la situación en dificultad. 


Marco Antonio y los tipos de argumentos

Para empezar a desarrollar los argumentos, primero que todo debemos analizar los tipos de argumentos. Por lo tanto, lo primero es reconocer tres aspectos.

Agudeza
Método
Diligencia

Los tres aspectos dependen de nosotros, la agudeza está por naturaleza mientras que el método es el arte con que ejecutamos el argumento, y finalmente la diligencia que tiene que ver con escuchar y comprender el argumento del adversario y retenerlo en la mente. 

La dialéctica juzga y no busca la verdad

Cátulo interrumpe brevemente a Antonio, diciéndole que lo dicho hasta ahora no difiere en nada con lo dicho por Aristóteles en su Retórica

Sin embargo, Antonio añade aún más algo que no se ha hablado aún: La dialéctica. El mismísimo Diógenes de Babilonia había establecido que la dialéctica era el ejercicio de descubrir lo verdadero y lo falso; no obstante, para Antonio lo que se puede lograr con dicha dialéctica no es la verdad, sino más bien modos de juzgar.  


Tópicos

Entre las grandes obras de Aristóteles, Tópicos es un libro que muestra los tipos de argumentaciones y falacias. Uno de esos tópicos pueden ser los que apelan a la misericordia, a la generalidad, a lo específico, a la semejanza, a la diferencia, lo contrapuesto, a la causa, lo mayor o lo menor y lo igual(4).

Marco Antonio nos dice que los tópicos son muy buenos para diferenciar los tipos de argumento, pero también nos dice que con la práctica y el trabajo podemos razonar y discernir cuáles son estos. 

Ethos y pathos 


De acuerdo con Marco Antonio, lo más importante en el discurso es la impresión que se deja en la audiencia; en otras palabras, hacer que el público cambie la opinión que tenía desde un principio.  

La primera medida para una defensa es engrandecer la vida del defendido. Es decir, hablar bien sobre la vida del individuo bajo buenos antecedentes que haya tenido(5). Este ejercicio tiene una efectividad admirable, pues decir que el defendido ha sido una persona honesta, tranquila y que además ha sido víctima de injusticias logra convencer a los jueces. 

Otra de las cosas que hay que tener en cuenta es la disposición de los jueces, pues si las conocemos podremos encauzar su ánimo al convencimiento. 

''La palabra tuerce voluntades y reina de todas las cosas''

En la práctica forense, el discurso sobre desórdenes públicos se vuelve un poco más complejo. En este caso, Antonio sitúa su explicación del ethos y el pathos en las distintas situaciones de desórdenes de la república romana. Sobre todo, aquellas situaciones donde la violencia está conforme al derecho. Para defender estas causas siempre es preferible decir que todo lo ocurrido sucedió por un régimen de excepción, y no por voluntad (en el caso del ofendido). 

La envidia y la compasión

La envidia es uno de los sentimientos que más se deben manejar para tener en claro la naturaleza humana. Los seres humanos siempre sienten envidia tanto a sus iguales como a sus superiores. Obviamente, la dirección para defender a un individuo será decir que tal persona es superior porque todo lo consiguió con esfuerzo, mientras que para acusar se dirá que todo se ha conseguido por corrupción. 

Luego tenemos la compasión la cual debe defenderse diciendo que el defendido sufre de escasez en todos los sentidos, que en definitiva ha sido víctima de la desgracia humana. 

El tono del orador

Se debe saber muy bien que el tono de voz es importantísimo para el orador. Para cualquier tipo de discurso, la entrada de este debe ser pausada mientras que la salida debe ser prolongada. Para los argumentos de convencimiento se debe usar un tono de vehemencia, siempre y cuando las disposiciones sean las correctas; si la audiencia tiene ira, será mejor usar un tono de voz dulce. 


César Estrabón y el buen humor

El mismo Marco Antonio le da el pase a César Estrabón para hablar sobre el humor en la oratoria, pues Antonio también considera que es trascendente hablar este tema. 

Estrabón nos cuenta que gracias a muchos de los estudiosos griegos podemos diferenciar dos clases de humor:

Cavillatio: tener gracia (humor largo)
Dicacitas: ser agudo (humor breve)

En realidad, tener buen humor no tiene una técnica precisa. Estrabón nos dice que armar una frase ingeniosa no tiene mucha dificultad en el discurso. 

Complemento de Marco Antonio

Si bien no hay una técnica para tener gracia (como Antonio acuerda sin miramientos), puede servir en ciertos casos para exasperar al adversario, o al contrario para poner paños fríos a un asunto del defendido. 

Lo risible

Luego de dicha intervención de Marco Antonio, Craso decide colaborar también en el ámbito del humor y para empezar plantean 5 cuestiones básicas para el humor

  1. ¿En qué consiste el humor?

    a) ¿Qué es la risa?
    b) ¿Cómo se provoca?
    c) ¿Dónde radica?
    d) ¿Cómo se provoca?
  2. ¿Dónde toma lugar?
  3. ¿Es propio del orador provocar risa?
  4. Si es así ¿hasta qué punto?
  5. Tipos de gracias

Respuesta a la primera pregunta: La risa es algo espontáneo e incontrolable pues se apodera del hombre, incluso tomando sus pulmones. 

Respuesta a la segunda pregunta: El lugar para la risa se desprende de lo feo y lo deforme(6). En este punto, la risa hace de algo desagradable algo no desagradable. 

Respuesta a la tercera pregunta: Sí, es propio del orador provocar risa, sobre todo para mitigar la tensión, o (como dijo Marco Antonio), para aminorar los asuntos en defensa. 

Respuesta a la cuarta pregunta: Se debe tener mucho cuidado, pues el orador no debe parecer un payaso o un cómico; por lo demás la audiencia puede ofenderse por algún chiste de mal gusto. 

Respuesta a la quinta pregunta: Existen dos tipos de gracia:una basada en la situación; desarrollada en el marco de una anécdota o una imitación, y otra en la palabra(que se basa simplemente en un juego de palabras).

Ejemplo de humor con palabras:  

Avanza un testigo bajito. Y Filipo pregunta: 

"¿Permiso para interrogarle?" 

Entonces el presidente del tribunal: 

"Con tal de que sea breve". 

Entonces Filipo: 

"No tendrá que llamarme la atención: interrogaré por lo bajito"

Nuevamente, es importante que el orador no quede como bufón; así como dice el diálogo. 


''Pues en efecto, lo adecuado del momento, la moderación

y templanza en la mordacidad misma, y lo espaciado

de sus gracias distinguirá al orador del bufón''.

En efecto, el humor sirve para sacar provecho de una situación y no solamente para hacer reír (que es la labor del bufón).

Ambigüedad en el humor

Lo ambiguo sucede en el humor agudo y no en el situacional. No da lugar a muchas risas y sin embargo es un humor a considerar. En realidad, la ambigüedad provoca más asombro que risa, pues la agudeza requiere de mucha precisión y ''técnica''.

Humor basado en la situación

Este es el tipo de humor que causa más risa, pero que a la vez es el más difícil. La narración del humor tiene que ser algo bien planeado y pensado; un ejemplo de esto son las fábulas que causan humor. Otro ejemplo para mantener el humor por situación es acudir a la ironía, y también fingir que no se sabe sobre un tema determinado. 

Uno de los humores de situación que también da resultado es el que tiene su verdadero mensaje escondido. Por ejemplo, Un siciliano buscaba a su mujer porque ella había cometido adulterio. La mujer se escondió subiéndose a una higuera y cuando el siciliano la encontró le dijo ''dame unos esquejes de ese árbol para plantarlos''. 

Por último, el humor que se basa en lo que no puede ser también es muy efectivo en la audiencia. Por ejemplo, Marco se encontraba descansando en el campo y dijo ''Me gustaría que trabajar fuera esto.

Marco Antonio y la persuasión


Luego de que César terminara de hablar sobre el humor, Antonio seguirá hablando de las cosas que el orador debe saber. Una de ellas, la persuasión.

Más que un método general, Antonio nos va diciendo qué hace él cuando trata de persuadir. Primero, se debe afirmar del argumento más favorable y más útil, mientras que con los más débiles e inútiles hay que alejarse. Segundo, no responder a argumentaciones difíciles o capciosas, pero no con la actitud de escape o huida, sino más bien con la actitud de tomar una posición frente a un ataque. 


Marco Antonio orden y disposición del discurso

Tres cosas hace el orador frente a su audiencia para hacer la opinión del público a su favor. Primero debe informar, luego conciliar y finalmente influir en sus sentimientos. 

La primera parte del discurso debe ser la más sólida de las partes, pues es la primera impresión frente al público. Sin embargo, no se debe ser violento ni belicoso al comienzo del discurso, sino más bien se debe deleitar al público; éste no quiere violencia, quiere deleite. Además, en palabras de Antonio, lo más vistoso siempre es la primera parte del discurso, más que la argumentación central. 

Lo que sigue es el preludio el cual debe estar fuertemente conectado con lo dicho al principio. 

Luego tenemos la argumentación donde se deben exponer los preceptos, aunque estos no deben ser largos, sino más bien breves. Sin embargo, en la narración se debe contar como sucedieron las cosas sin omitir nada, y esto hace que pueda extenderse. 

Género deliberativo y demostrativo

Por supuesto, ningún discurso está exento de los géneros demostrativos y deliberativos. En estos, para que exista la persuasión, siempre se debe recurrir al deber moral de los seres humanos. 

Con lo que hay que tener mucho cuidado son con los cambios de humor del público. Estos pueden deberse a un fallo en el discurso, o con arrogancia y sordidez, fuertes rumores o excitación de las masas por el miedo. En esos casos no hay nada mejor que el humor para alivianar la disposición de la audiencia. 


Conclusión

Una notable influencia de los griegos podemos ver en este libro, sobre todo la influencia aristotélica en cuanto a sus libros de retórica y lógica. Por fin vemos palabras como ''tópicos'' (lugares) y argumentaciones lógicas propias de la filosofía griega, sin mencionar a los aportes romanos. Marco Tulio Cicerón fue un admirador de Marco Antonio y de Craso (claro que es Antonio quien realmente se apodera de éste diálogo). Seguimos con la tercera parte de esta introducción antigua a la oratoria ciceroniana. 

martes, 24 de mayo de 2016

Marco Tulio Cicerón - De oratore ad Quintum fratrem libri tres (Sobre el orador, tres libros para el hermano Quinto) (Libro I) (55 a.C.).

Sin duda, el amor que Marco Tulio Cicerón tenía por su hermano Quinto Tulio Cicerón era inmenso. Esto lo podemos ver claramente en el siguiente diálogo dedicado exclusivamente a su querido hermano, pues el subtítulo de éste lo dice. Las circunstancias de este escrito siguen siendo el regreso de Cicerón del exilio y su período de ocio (otium) para escribir sobre su filosofía de vida. Más que un discurso o un tratado, este libro es un diálogo entre Cicerón y dos grandes oradores: Marco Licinio Craso y Marco Antonio. También aparecen otros personajes llamado Publio Sulpicio Rufo, Quinto Mucio Escévola y Gayo Cota.Vamos a ver que entendía por oratoria uno de los más grandes oradores de la historia.

Definiciones:

(1) Otium: En latín significa ''ocio''. 

Referencias:

(1) Antigua ciudad de los montes albanos.
(2) Orador y adversario político de Craso.
(3) Muy parecido a la dialéctica socrática. 
(4) Apolonio de Alabanda era aún conocido retórico de la antigua Grecia. 
(5) En la retórica de Aristóteles se le llama''forense''.
(6) Se opta por imitar, ya que la naturaleza de la voz es considerado por Craso como un don. A los otros no les queda más que imitar la voz de alguno. 

De oratore
Ad Quintum fratrem libri tres



LIBRO I
Saludos a su hermano Quinto

Aparte de saludar afectuosamente a su hermano Quinto, Cicerón le comenta los apacibles que son los años en que se encuentra, pues se retira un poco de la vida pública para dedicarse al otium(1). Por otro lado, el orador pretende hacer un tipo de introducción a las artes que en ese tiempo se tenían por fundamentales: filosofía, gramática y oratoria. En las dos primeras ya se ha hablado mucho, pero no en oratoria. 

Oratoria en Roma y Grecia

Cicerón admite que Grecia (y sobre todo Atenas) es la que más se ha ocupado del tema de la oratoria. La influencia e inspiración de oradores romanos como Brutus proviene claramente de la antigua Grecia. 



Componentes para la oratoria

Imprescindible es para la retórica el ejercicio de la palabra y la gramática en general. El conocimiento del derecho es otra de las cosas que hay que saber y también la postura y la gesticulación al hablar. El tono de voz debe ser severo sobre todo si se habla de las leyes. 

La memoria es un ejercicio que no se puede permitir, pues la oratoria es necesariamente algo que fluye con rapidez. Como diría el mismo Cicerón

''No se debe ser guardián de lo que se tiene que decir''

De esto, los griegos han sido los que más han enseñado el arte de la oratoria y Cicerón lo sigue recalcando. 

El diálogo de Lucio Licinio Craso

Lucio era un político y orador romano que junto a Marco Antonio se marcharon a Túsculo(1) por algunas complicaciones políticas en Roma (sobre todo con Filipo(2)). Junto a ellos también se encontraba otro destacado orador llamado Escévola. Éste último le pidió que conversaran tal como Sócrates lo hizo con sus discípulos en el Fedro. Se dispusieron a sentarse y realizar el método dialéctico los tres con Craso como guía. 

Craso: La elocuencia y el orador

Craso nos dice que no hay nada más beneficioso que el uso de la retórica, pues este mueve a la gente dependiendo del control del mismísimo orador. La oratoria es una capacidad que nos distingue profundamente de los animales porque solo la puede ejecutar un ser con inteligencia. 

De hecho, Craso nos asegura que la oratoria es la única disciplina que ha podido reunir a los hombres para formar una sociedad. Claro, la oratoria sirvió para convencer a otros hombres de formar una sociedad de leyes. Además, el orador es un hombre adentrado en todas las discusiones y temas que se pueda hablar. 

Escévola: respuesta a Craso

Tal como en los diálogos platónicos, Escévola manifiesta sus dudas a Craso diciendo que No podía creer estas últimas dos cosas:

  1. Que los oradores conformaron la sociedad
  2. Que el orador puede hablar de cualquier tema. 

En efecto, Escévola nos dice que la sociedad se conformó más bien con personas sabias y prudentes, más que elocuentes y oradores. ¿Habrá sido Rómulo un rey elocuente? ¿Acaso los grandes gobernadores y reyes han sido también oradores? Esto realmente se pone en duda. 

En cuanto a la segunda aseveración, sería tremendamente difícil que el orador se manejara en todos los temas posibles, pues cada escuela (estoicos, peripatéticos) refutaría a un solo orador. Es decir, las escuelas juntas podrán derrotar en cualquier debate al orador. 

Craso: Contrarespuesta

Ciertamente, Craso acuerda en algunos puntos con Escévola porque los oradores siempre se les ha mantenido apartados de las cosas de gobierno. Craso nunca estuvo de acuerdo con estas medidas, ni tampoco con la mirada academicista de Platón en su diálogo Gorgias, donde recordemos, el trabajo del orador queda como un trabajo engañoso. 

Sin embargo, el orador no debe ser alguien que hable por una cuestión de imitación de otro, sino más bien por el aprendizaje de dicha materia; por ejemplo, si el orador aprendiera de arte, él podría hablar mucho mejor de arte que el mismo artista. Y, obviamente, si el orador no aprende la disciplina señalada, no podrá hablar con elocuencia ni podrá convencer a nadie. Por lo tanto, el orador sí puede hablar de cualquier tema, siempre y cuando se instruya debidamente en él. 

Escévola: su respuesta

Su amigo, en un tono irónico se burla de Craso, diciendo que dicho orador solamente podría ser él, pues en la práctica es casi imposible que existiese un orador así. Inmediatamente, Craso responde que las cualidades de dicho orador no son las suyas, pero que sí son las que debiera tener todo orador. Por otro lado, Craso también critica el poco énfasis que se ha dado en educación en el tema de la oratoria y la retórica. 

Marco Antonio: Intervención

Marco Antonio estaba de acuerdo parcialmente con Craso pues, el orador debería tener esas cualidades. Sin embargo, no sólo dichas habilidades del orador sino que también necesitan la instrucción de la filosofía. Esto lo dice en cuanto a que en La Academia, todos quienes discutían sobre diversos temas no dejaban de expresar su pensamiento dentro de los temas, entrando en polémica con todos los demás. Por eso, el estudio de la filosofía es un elemento fundamental en la formación académica del orador. 

El mismo Marco Antonio nos ofrece una definición de orador y de elocuente para diferenciar las dos disciplinas:

Orador: quien es capaz de hablar con agudeza siguiendo la opinión del público y con un auditorio de personas corrientes. 

Elocuente: quien puede engalanar admirablemente y espléndidamente cualquier tema, sin olvidar su esencia y recordar todos los aspectos de aquel. 



Intervención de Gayo Cota y Publio Sulpicio

Luego de que Marco Antonio hablara de esta manera tan excelente, Sulpicio y Cota le piden a Craso que se explaye un poco más en el arte de la oratoria. 

Craso parece molestarse un poco pues no es tan fácil hablar de eso como si fuera Gorgias del diálogo de Platón. Sin embargo, aceptará explayarse sobre el tema al ritmo de que todos resuelvan lo que es la oratoria(3)

Craso y la oratoria

Lo primero que nos dice Craso es que el arte de la oratoria necesita principalmente de naturaleza y talento, lo que significa que no puede traspasarse (pues los dones de la naturaleza son intransferibles). Esto lo supone Craso, pues el timbre de voz, la soltura de lengua, los pulmones y el vigor físico son algo constitutivo del ser humano; propio de ellos. 

No obstante, Craso no quiere decir que quien no tenga estas cualidades no podrá ejercer la oratoria; de hecho, muchos políticos romanos con poca gracia, una vez que se instruyeron un poco en la oratoria pudieron conseguir cierta simpatía con sus ciudadanos y pares. 

Intervención de Marco Antonio

Marco Antonio expresa su opinión favorablemente a Craso porque se necesita cierta naturaleza para ser orador. El mismo Apolonio de Alabanda(4) despedía de sus clases a quienes no tenían esa naturaleza para ser orador. 

Para Marco Antonio, el orador tiene la combinación de varias profesiones:

  1. La agudeza de un sofista
  2. La profundidad de un filósofo
  3. La palabra de un poeta
  4. La memoria de un jurisconsulto
  5. La voz de un tenor
  6. Los ademanes de un buen actor

Sin estas cualidades no es posible encontrar un buen orador en la opinión de Marco Antonio. 

Craso: componentes básicos de la oratoria

Los primeros conceptos que nombra Craso nos traen a la memoria los tipos de retórica de Aristóteles:

  1. Deliberativum (demostrativo): cuando se usa la exhortación.
  2. Iudiciale (Judicial(5)): donde se busca la justicia (defendiendo o acusando).
  3. Demonstrativum (demostrativo): hechos del presente y el futuro.
Por otro lado (y por parte de otros oradores) existe la orationis partis que se divide en cinco aspectos:

  1. Invención (Inventio)
  2. Disposición (Dispositio)
  3. Elocuencia (Elocutio)
  4. Memoria (Memoria)
  5. Acto (Actio)

Obviamente, todo esto tiene un orden que sería el siguiente nombrado aquí abajo:

  1. Exordio (Exordium)
  2. Narración (Narratio)
  3. Argumentación (Argumentatio)
  4. Epílogo (Epilogus)

A pesar de todo este conocimiento de la oratoria, Craso lo pone en duda diciendo que ''casi'' nos pueden ayudar para ser un buen orador. 

En efecto, para Craso, la elocuencia sólo se puede lograr mediante la naturaleza (es un don), pero la retórica si se puede lograr mediante la práctica. Como dice Craso, la retórica se consigue por la elocuencia, pero no al revés. 

Craso y la retórica

Sulpicio le pide encarecidamente a Craso que hablen más en detalle sobre la ''técnica'' del a elocuencia, la retórica.

Escritura: primer elemento

Lo mejor para un buen retórico es la escritura, es decir, escribir el discurso antes de pronunciarlo. Por lo tanto, quien no escribe su discurso antes será un mal orador, pues la escritura precede a la retórica. Otra técnica imprescindible es la traducción de los más ilustres oradores y filósofos, lo importante es no dejar de escribir.  

Oración y audición: segundo elemento

En el entrenamiento de la voz es importantísimo considerar a quién se va a imitar como orador. En efecto, se debe empezar imitando los discursos de los mejores oradores(6). Por lo tanto, la memoria de los discursos debe ser sólida en todos los aspectos si en algo nos queremos parecer. 

Lectura: Tercer elemento

Por último, no sólo se debe escribir y traducir a los grandes oradores, sino que también se debe leer de historia filosofía y poesía. Conocer la práctica de la ciencia política y el derecho serán fundamentales, pues es ahí donde se encuentran los componentes esenciales de la retórica. 



Craso y la importancia del derecho

Imprescindible es para el orador considerar el aspecto del derecho. Quizás, la oratoria sea una de las condiciones primordiales en dicha disciplina. 

Sin embargo, Antonio, que no es abogado es un magnífico orador sin tener conocimientos sólidos del derecho. Por otro lado, a los que no tienen conocimientos del derecho y no obstante se creen oradores, a estos solo les espera la ignominia y la embaucación.

Que no se ignore la ciencia del derecho 

Cuando un ''orador'' intenta usarla retórica sin saber de derecho recurre a un arte externo parecido a la filosofía. Craso nos dice que justamente son estos los malos oradores y que la idea es impregnarse de la ciencia del derecho. 

La filosofía, en este caso, no podrá ayudarnos tanto (al contrario de lo que decía Marco Antonio), en el ámbito de la oratoria como si lo haría el derecho; por eso, el estudio de las Doce Tablas es imprescindible y más que cualquier otra obra filosófica.

Marco Antonio y su punto de vista

Escévola y Sulpicio no quedan conformes con todo lo dicho por Craso. Necesitan más detalles y aclaraciones sobre el orador; para ello, ya no será Craso quien seguirá hablándonos del orador, sino que será Marco Antonio. Por supuesto, Antonio trata de refutar lo dicho por Craso. 

Definición de orador: contrarespuesta

Para Marco Antonio, el modo correcto de saber sobre una profesión es empezar por su definición. Antonio no está en absoluto de acuerdo con la definición de orador de Craso, pues para Antonio no puede ser que el orador sea quien maneje absolutamente todas las ciencias. 

La definición de orador para Marco Antonio sería la siguiente:




''El orador es quien en las causas que comúnmente surgen en el
foro es capaz de utilizar tanto palabras placenteras al oído
como pensamientos adecuados a la persuasión''

Por lo demás, el orador no es quien posee todas las ciencias, sino más bien las oye, las reproduce, pero no le pertenecen. Es capaz de hablar igual que un médico, pero no es un médico. 

Además, tampoco está de acuerdo con que se deje la filosofía de lado, pues es justamente esta la que habla de las palabras y del derecho mismo (además de cuestionarlo algunas veces). 

Antonio: en cuanto al derecho

Marco Antonio nos dice que el estudio del derecho no es necesario para ser un buen orador. En efecto, también hay muchos buenos oradores que no necesitaron conocer el derecho civil. Es verdad que nunca estaría demás estudiar derecho civil para ser un orador informado sobre dichos temas, pero no es indispensable para serlo. 

Finalmente, Antonio nos dice que ser orador significa ser diestro en el arte de persuadir, y que nos debemos limitar a esa definición. 

Comentario final de Craso

A Craso le parece que el orador de Antonio es más bien un orador ''practicón'' que no tiene más que la técnica y no la teoría de la oratoria. El orador de Antonio parece un filósofo que puede persuadir a cualquier de cualquier tema, ignorando la verdadera esencia del orador. 

Conclusión

Una acalorada discusión entre dos grandes de la oratoria de la antigua Roma. Aunque parece que Craso queda más indefenso en este diálogo, aún se deben ver los tres siguientes libros que faltan. Aquí no vemos la opinión de Cicerón, así como tampoco sí vimos la filosofía de Platón a través del diálogo de Sócrates. Más bien, aquí nos encontramos con una discusión de la cual uno puede quedarse con una postura u otra; sin ninguna dirección más que la dicotomía del orígen del orador: Naturaleza/práctica. ¿Cómo creen uds que se llega a ser orador? 

martes, 17 de mayo de 2016

Marco Tulio Cicerón - In Pisonem (Contra Lucio Calpurnio Pisón) (55 a. C.).

En este escrito conoceremos el concepto de ''invectiva''; un discurso agresivo en contra de una figura de autoridad. La verdad es que este discurso tiene mucha polémica entre lso expertos, pues se dice que tiene muchas imprecisiones de parte de Marco Tulio Cicerón. Puede ser que la ira en contra de este personaje haya calado en este escrito, como ya lo ha hecho en otros nombrandolo someramente en otros publicados. Específicamente, en el discurso De Provinciis Consularibus se nombra a Pisón junto a Gabinio en una larga crítica sobre sus consulados. Veamos que tiene que decir ahora el orador. 

IN PISONEM
EN CONTRA DE LUCIO CALPURNIO PISÓN


Acusación

El discurso comienza con un ferviente ataque a la persona de Pisón, tal cual lo hizo con Catilina. Sus cargos fueron conseguidos por sus influencias y no ciertamente por sus méritos. 

Pisón estuvo involucrado indirectamente en la conjura con Catilina, y Cicerón se lo dice cara a cara. En realidad, Pisón fue testigo de cómo se reunían la armas para hacerla conspiración contra la república. Fue un colaborador indirecto pues se quedó en silencio para que la conjura pudiera desarrollarse sin problemas, es por eso que Cicerón lo culpa de inmovilidad frente a estos hechos. 

Comportamiento 

Una de las cosas más terribles que se le acusan es su reprochable comportamiento, pues un pretor no puede eructar o emborracharse en las reuniones con los demás magistrados. Era bien sabido que Pisón decía tener una medicina (la cual era vino) que lo hacía emborrachar inmediatamente. 

Celebraba las fiestas de manera excesiva junto con sus secuaces e incluso festejaba cuando no había nada que celebrar. Su mala administración dentro de su consulado dejó los tesoros públicos agotados y con un ejército hecho a su capricho. 

Conclusión

Esta no fue una acusación tan grave como la de Verres o Catilina, pues no involucra un jurado o algo así. No obstante, la carga emocional y la indignación de Cicerón no tienen límites para tratar a su enemigo de la peor forma. Sabemos que los grandes enemigos del orador eran Catilina, Clodio, Gabinio, Marco Antonio (éste último lo veremos después) y Pisón, el cual, quizás, no se lleva la peor parte, pues la causa de muerte de este último no se sabe. Muchos dicen que muere en combate, pero sigue siendo un misterio su muerte.