sábado, 30 de julio de 2016

Marco Tulio Cicerón - De Finibus Bonorum et Malorum (Del supremo bien y el supremo mal) (Libro V: Crítica a los peripatéticos) (45 a.C.).

No contento con haber refutado el epicureísmo y el estoicismo, Marco Tulio Cicerón se enfrenta a una de las escuelas que tuvo más prestigio en la antigüedad: la Academia. Fundada por Platón alrededor del año 388 a.C., la Academia representó una de las más importantes escuelas de filosofía y ciencia en general. Rescataba por sobre todo las ideas del maestro Platón, poniendo énfasis en las matemáticas (sobre todo en geometría). ¿Qué podría criticar el orador a esta prestigiosa escuela? veámoslo en este quinto libro. 

De Finibus Bonorum et Malorum

LIBRO V: CRÍTICA A LOS PERIPATÉTICOS


Prólogo

Entramos a la nueva crítica de otra escuela muy conocida: La academia. Ya no tenemos a L. Torcuato ni a Catón el viejo para hacer el diálogo, sino más bien a tres personajes importantes en la vida de Cicerón.

Marco Pupio Pisón: cónsul de Roma que tuvo ciertas disensiones con Cicerón

Tito Pomponio Ático (o simplemente Ático): amigo personal de Cicerón

Lucio Cicerón: Primo de Cicerón.


La teoría de los peripatéticos

Cicerón, Ático y Lucio paseaban por la Academia cuando decidieron pasar a ver a su amigo Marco Pupio Pisón. Conversan largamente sobre las cosas que tenía la Academia y sobre los grandes personajes que salieron de allí.

En un momento del diálogo, Pisón le dice a Cicerón que hable sobre su opinión de la Academia, pero Cicerón le dice que sería mejor que él (Pisón) expusiera sobre la Academia, pues Pisón sabe mucho más y ha estado más tiempo dedicada a ella. 

Sin embargo, antes de hablar sobre la escuela platónica, Pisón hablará sobre los peripatéticos para luego hablar sobre la Academia. 

Sistema educativo

El sistema educativo de los peripatéticos se maneja desde tres partes: la naturaleza, el razonamiento y la conducta.

Naturaleza: El aporte de Aristóteles a la naturaleza lo hemos visto en sus tratados de naturaleza como La Brevedad de la vida, donde se explica la alimentación y el modo de vida de los animales. Teofrasto, otro peripatético, contribuyó con el conocimiento de vida de las plantas en general. 

Razonamiento: Los memorables tratados de lógica han sido claro ejemplo de que en la escuela peripatética, el razonamiento está más presente que nunca. 

Conducta: En los libros de política pudimos ver la preferencia de Aristóteles por una vida contemplativa; es decir, esa es la forma y la conducta que se debe tener. 

La felicidad o el supremo bien


Todos buscamos siempre la felicidad y el tema no era ajeno a los peripatéticos. Hay por lo menos tres clases de búsqueda del bien (o la felicidad) a través de las distintas escuelas filosóficas: Unos optan por el placer, otros por la ausencia de dolor y otros por la búsqueda de placer aunque no se consiga

Luego de conocer suficientemente la naturaleza, el hombre se inclinará por adoptar y a entender la virtud. La clave para entender la virtud es que ésta se basta a sí misma para ser feliz; esto será finalmente una persona sabia.

La verdad es que el fin de todo hombre es vivir conforme a la naturaleza, según lo que aclaman los peripatéticos. En efecto, todos los animales se aman a sí mismos, no hay nadie que se quiera a sí mismo. Ni siquiera podemos decir que no nos queremos porque queremos otras cosas u otra gente; es decir, que nos queremos en relación a otra cosa. Por ejemplo, amamos el placer a causa de nosotros y no a nosotros a causa del placer. 

La naturaleza dual

Queda claro que la naturaleza es en parte su alma y su cuerpo, y que este último es menos importante que el alma misma. El cuerpo mismo se adapta a la naturaleza existente, todas sus partes están hechas para vivir en ella (la naturaleza). 

Por otro lado tenemos el alma la cual su parte principal es la inteligencia. Esta tiene dos géneros principales: las virtudes involuntarias (engendradas por la misma naturaleza) y las voluntarias (que son originadas por el hombre). Cuando el hombre se quiere a sí mismo conserva todas sus partes sin despreciar nada.

La inclinación por la naturaleza la podemos ver incluso desde la infancia, pues los bebés siempre necesitan movimiento. Nunca pueden estar quietos y por lo tanto el alma desea el movimiento y no lo estático. Por otra parte, los niños no sólo notan los cambios de la naturaleza, sino que también perciben la moral; por ejemplo, cuando se avergüenzan de un mal acto o de ser vencidos. 

Estas últimas cosas morales siempre se buscan en sí mismas porque la piedad, la bondad, la liberalidad, la benignidad y la cortesía.

Crítica a la escuela peripatética

Luego de terminar Pisón con su exposición sobre la teoría peripatética, Cicerón es convocado a emitir su opinión sobre lo dicho. 

Habíamos dicho que la virtud se basta a sí misma y que por lo tanto la virtud es un bien, pues ésta representa la mismísima moral; esta será una persona sabia. Sin embargo, cuando busquemos al sabio ¿cómo podemos distinguirlo? nadie puede ser más sabio que otro, pues los sabios son sabios y no ''más o menos sabios''. 

Lo que quiere decir Cicerón es que nadie puede ser un poco sabio, o muy sabio, el sabio es sabio (no más ni menos). ¿Qué pasa cuando hay dos héroes que son sabios? ¿Acaso uno lo es menos que otro? 

Por otro lado, ¿qué pasará con un mendigo? Si la pobreza es un mal, entonces ¿el mendigo nunca será feliz aunque sea sabio? Recordemos que lo dicho por los peripatéticos establecía que el hombre siempre busca lo mejor para él, pero ¿qué pasa en esa situación donde el hombre es sabio, pero a la vez mendigo?


Conclusión

No es una crítica muy extensa como lo vimos en libros anteriores, pero sí es fundamental. Al parecer Cicerón no queda contento con el planteamiento de ninguna escuela filosófica de su época (aunque se le conoce por ser más adepto a la filosofía estoica).  La escuela peripatética fue la precursora de la obra de Aristóteles, e incluso intentaron mejorarlo adaptando cosas en la misma línea que el maestro. Esta escuela termina aproximadamente en el siglo III cuando se fusiona con el neoplatonismo. 

Aquí terminamos el último libro de ''De Finibus Bonorum et Malorum''. 

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