lunes, 11 de julio de 2016

Marco Tulio Cicerón - Brutus (Bruto) (46 a. C.).

Marco Junio Bruto es una figura muy conocida en el mundo romano. Fue un político que vivió en la última parte de la existencia de la república romana, aunque es más conocido por liderar el grupo de asesinos de Julio César. Este es un libro es muy parecido a su libro anterior que también trataba sobre oratoria llamado De optimo genere oratorium, donde se habla de los mejores oradores (el cual Marco Tulio Cicerón nos dice que son los áticos). Con este llevamos tres libros de oratoria faltandonos solamente uno, y luego pasamos a los libros de oratoria.  

BRVTVS


La muerte de Quinto Hortensio

Para Cicerón, Quinto Hortensio era casi como su padre, su muerte le trajo mucha pena, pues Hortensio era un colega de Cicerón. Muchos pensaba que eran enemigos, pero la verdad es que el orador nunca lo considero así. 

Con este lamento por la muerte de Hortensio, Cicerón comienza a relatar a ático (su mejor amigo) un diálogo que sucedió entre Marco Bruto y Tito Pomponio. 

Diálogo
(Bruto, Pomponio, Ático y Cicerón)

Luego de algún intercambio de opiniones sobre los grandes oradores y algunas guerras sucedidas. Bruto y Cicerón comienzan a conversar sobre la oratoria. 

Bruto nos dice que todos los buenos oradores deben seguir su recta razón y por lo tanto ser sabios para obtener la elocuencia. A esta concepción, Cicerón responde que quienes obtienen la victoria  por medio de la sabiduría no se vuelven elocuentes. Con esta discusión comienza el diálogo.

Oradores de Grecia

Los primeros generales e intelectuales de Grecia se les consideraron oradores; por ejemplo, Tucídides, Pericles, Solon, Alcibíades o Terámenes. Sin embargo, los verdaderos oradores (es decir, los que realmente se dedicaron a la oratoria) fueron: Gorgias, Protágoras, Leontino, Trasímaco de Calcedonia y Hipias de Elea por nombrar algunos. 

Con la llegada de Sócrates, muchos de estos oradores se vieron envueltos en problemas al tratar de defender la oratoria. Sin embargo, Brutus pide que no se siga hablando de los filósofos y se continúe con los oradores.

Finalizando con Grecia, Isócrates fue uno de los más importantes oradores, pues creó la estructura y la construcción de las palabras en la oratoria. 

Oradores de Roma 

Uno de los primeros se podría decir que fue Lucio Bruto, pues este político tenía elocuencia en sus discursos. Apio Claudio también fue otro político con elocuencia y además fue buen político. Cayo Flaminio es considerado orador con elocuencia por la ley que promulgó para dividir los campos en Roma. 

Luego tenemos a uno de los oradores más magníficos de Roma llamado Marco Cornelio Cetego. Tuvo una importante labor en la segunda guerra púnica y en el senado de la república romana. 

Sucediendo a Cetego viene Catón el viejo, quien fue orador, político y escritor romano. Luego vendría Sexto Elio y sucediendo a este Tiberio Graco.

Brutus y Cicerón hablan con más detalle de Servio Sulpicio Galba. En verdad Galba nunca había escrito de oratoria, pero solamente queda el recuerdo de quienes lo escuchaban. Cicerón nos dice que no es necesario haber tenido escritos para ser elocuente. 

Los hermanos Cayo Fannio: Marco y Cayo también fueron muy buenos oradores. Los dos hermanos eran dedicados a la vida política y uno de ellos seguía mucho a Publio Escipión, el Africano. 

Los mejores oradores

Uno de los mejores oradores que Cicerón recuerda fue Cayo Escribonio Curión quien escribió sobre el incesto. Además, éste era muy amigo de Cicerón, pues fue uno de los que lo ayudó en desmantelar la conspiración de Catilina. 

Cayo Sempronio Graco fue otro de los oradores buenos que incluso vivía en tiempos de Cicerón. Su muerte fue lamentable porque antepuso el amor de su hermano por delante de la patria. Un orador que es especialmente para los niños, de acuerdo a Cicerón.

Conclusión

Este libro representa una mirada subjetiva de alguno de los oradores de la antigua Grecia y la antigua república romana. obviamente para los romanos nunca habrá comparación entre sus oradores y los de Grecia, aunque sí admiten la superioridad en términos de mantener una sola escuela de pensamiento: epicúreo, estoico, cínico, etc. Aún nos queda un diálogo más sobre oratoria llamado sobre el orador. 

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