domingo, 6 de diciembre de 2015

Aristóteles - Ética a Nicómaco (Libro X: El placer y la vida contemplativa).

No hay nada más tentador que el placer y la pasión, aunque ya sabemos que el placer es un proceso y no realmente un fin porque el placer puede ser o bueno o malo. En los libros anteriores hablamos del placer combinado con la amistad y la felicidad, pero ahora hablaremos de placer en sí y lo que nos produce al sentirlo. Cosa difícil es enfrentar el placer cuando aparece tan inexorable. Nos arrojamos como si fuéramos animales guiándose simplemente por los instintos, pero luego vienen las consecuencias. En efecto, el placer parece un arma de doble filo donde podríamos sentirnos muy bien, como en otro momento muy mal. Hagamos una reflexión sobre esto y veamos el último libro de la Ética a Nicómaco. 

Referencias:

(1) Este concepto lo veremos en La Política junto con otro concepto llamado vida práctica o política.
Ética a Nicómaco


LIBRO DÉCIMO: SOBRE EL PLACER

Capítulo I: Opiniones sobre el placer


Estos dos conceptos están muy presentes en la vida de los hombres y sobre todo en la vida de los jóvenes, pues estos deben aprender del placer y el dolor para ser bien educados.

Frente a esto hay opiniones muy divididas porque por un lado tenemos a la gente que dice que es malo debido a que los hombres ruines se dejan guiar por ellos. Otra gente dicen que es justo satisfacerse con placeres porque es la naturaleza del hombre. Veamos estas discusiones más en detalle.

Capítulo II: El placer no es un bien supremo

Según Eudoxo, todos los hombres aspiramos al placer como una especie de fin, esto va tanto para los hombres como para los animales, los dos son susceptibles de tener placeres. El placer para Eudoxo es lo más supremo porque es lo contrario del dolor, que en realidad es lo más aborrecible. 

Según Platón, en palabras de Aristóteles, el placer no es el bien supremo, pues la vida es mejor que esté unida con la prudencia que con el placer. 

Sin embargo, para Aristóteles el argumento de los contrarios (que el placer sea un bien porque el dolor es un mal) no es correcto porque el mal puede ser contrario a otro mal que no es el mismo, y de la misma manera a una tercera especie de mal que es desemejante de las otras dos. Además para que un mal sea contrario a otro mal, el contrario debe tender al bien, por lo que habrá un mal que al mismo tiempo es bien, lo cual es absurdo. 

Capítulo III: Refutaciones del placer como bien supremo

Diferenciemos un poco el bien del placer. El bien es algo indeterminado, es decir, no es susceptible a más ni menos; por el contrario, el placer es algo determinado (susceptible a más y menos). Así también conocemos a gente que es más justa y menos justa que otras, pues la justicia también es afectado por el más y el menos. No obstante lo anterior, existen placeres puros que no aceptan más ni menos, otros aceptan la mezcla. 

Movimiento y devenir en el placer

Hay quienes dicen que el bien supremo es una cosa perfecta y que el movimiento y el placer no lo son; por lo tanto, aquí se encontraría el placer. Pero esto no sería del todo cierto; es decir, es verdad que uno puede verse afectado rápidamente o lentamente por el placer, pero eso no significa que el placer sea rápido o lento.  

Tampoco puede ser devenir porque el placer no es algo divisible, al contrario, es abstracto e indivisible, así como el punto o la monada. 

¿Puede el placer ser un bien? Esto podríamos verlo en el hecho de que la persona que es buena se le elogia, pero la persona que se deja guiar por los placeres es vituperada porque su fin en cuanto a los placeres puede ser malo o bueno. 


Capítulo IV: Naturaleza del placer

La vista es uno de los sentidos por excelencia de acuerdo con Aristóteles; es perfecta, completa y no necesita algo más para ser como es. Justamente esto es el placer, pues es completo y perfecto, no carece de nada y recordemos que es indivisible. 

El placer puede hallarse en los sentidos y mientras más excelso es el sentido, mucho mejor es el placer; por lo que la vista es el mejor de los sentido y el que mayor placer causa. Es también el placer, algo que perfecciona la vida, una esencia que completa la actividad y que es necesaria para la felicidad. 

Capítulo V: Placeres específicos

Existe una diversidad de placeres y es necesario separarlos y analizarlos. Por ejemplo, tenemos tipos de actividades: actividad del entendimiento y actividad de los sentidos. Como estos son dos tipos de actividades, entonces tendremos dos tipos de placeres. 

De hecho, los placeres chocan entre sí algunas veces; por ejemplo, quien sea aficionado a las flautas no podrá tener una buena conversación mientras escuche a un flautista, pues pondrá su atención y su placer al flautista. Lo mismo ocurriría a los aficionados a las conversaciones. Los placeres se excluyen los unos con otros. 

Lo más importante es que los placeres, cualquiera que estos sean, deben tener fines buenos; la actividad placentera bondadosa tendrá un fin bueno y la actividad indigna (pero placentera) tendrá un fin indigno. 

Capitulo VI: La felicidad


La felicidad es una de las causas finales que tienen los hombres, pues su fin es ese, ser feliz. 

Este concepto no puede decirse que es solamente una actividad o movimiento porque si fuera así, entonces el dormir, holgazanear o sufrir penurias serían cosas que forman parte de la felicidad y eso sería absurdo. La felicidad sí es un tipo de actividad, pero una actividad que se inclina hacia el bien y hacia lo deseable, y no deseable por otra cosa sino que por sí misma. 

Por otro lado, la felicidad podría parecer lo que es de agrado para cada uno. Por ejemplo, el tirano se divierte y se alegra con los bufones o las personas que hacen cosas divertidas, quizás para él eso es la felicidad. Sin embargo, siempre lo serio será mejor que lo que causa risa, pues ésto último es sólo para algo temporal, en cambio lo serio se propone para algo importante. Por lo tanto, la felicidad consistirá más en el esfuerzo que en la diversión.


Capítulo VII: La mejor felicidad

De lo anterior se deduce que la felicidad debe estar vinculada con nada más que la virtud. Además, la filosofía también esta relacionada, pues la vida contemplativa hace que podamos ver con mayor precisión los errores que hemos cometidos y enfrentarnos mejor a los venideros. 

Ahora, si queremos tener una vida contemplativa(1) también tendremos que tener autosuficiencia. En efecto, los sabios tienen esta característica de ser autosuficiencia y por lo tanto pueden ser felices. Por cierto, esto no significa que el sabio no deba estar con amistades o acompañado, de hecho, el puede ser feliz de estas dos maneras. 
   
Capítulo VIII: La vida contemplativa

Mucho se discute si en verdad es mejor la acción que la contemplación. El hombre sabio y contemplativo no requerirá de la acción para ser feliz, pero como debe ser también virtuoso, el sabio necesita imperiosamente relacionarse con los demás y darles su consejo, lo que no significa que la acción es totalmente necesaria. 

Hasta ahora queda de manifiesto que la actividad contemplativa es la mejor, pero aún falta agregar un punto y ese es el divino. Claro, los dioses no necesitan de acciones o movimientos porque son perfectos, y como perfectos sólo les resta la vida contemplativa. Por cierto, un dios no puede estar triste ni sufrir dolores; por lo tanto, está en la completa felicidad.

El hombre y los bienes exteriores

Sin embargo, como el hombre no es un ser autosuficiente sólo con la contemplación, éste necesitará de bienes exteriores, pues su cuerpo necesita salud y bienestar (alimentaciòn por cierto). Ahora, no es necesario estar absolutamente lleno de bienes ni tampoco de honores para ser feliz, siempre se debe escoger el término medio y preferir los bienes externos con moderación.


Capítulo IX: La práctica de la virtud

Suficientemente hemos visto lo que significa la virtud, pero no sólo se obra bien conociendo lo que es la virtud sino que también hay que practicarlos una vez que se conoce. 

Hay quienes dicen que los hombres adquieren la virtud por naturaleza, por hábito o por instrucción. En cuanto a la naturaleza, èste tipo de virtud sólo se consigue producto de una herencia u otorgamiento divino. También puede adquirirse por instrucción, aunque muchas veces no basta pues el alma del alumno debe ser virtuosa a través del hábito. Por lo tanto, los hombres, para ser virtuosos, deben tener su alma predispuesta para la instrucción y la única manera de hacerlo es a través del hábito. 

Pero puede ocurrir que un alumno sin ningún tipo de instrucción sea reticente a aprender o escuchar a sus mayores. En ese caso, la legislación debe obligar a los jóvenes a instruirse desde el comienzo, de otra manera, no podrían nunca comenzar con la instrucción. Uno de los deberes de los legisladores es exhortar a los jóvenes a seguir una instrucción digna y virtuosa, premiar al virtuoso y castigar al desobediente. Por medio de las leyes nos hacemos buenos.

Conclusión

Vemos en este libro que Aristóteles no repugna ni enaltece el placer como lo hicieron sus predecesores. Por supuesto que el placer es algo necesario en términos biológicos; si tengo hambre necesito satisfacer esa demanda y cuando lo haga se convertirá en un placer. Por otro lado, hay placeres que nos hacen sentir bien, pero que no son absolutamente necesarios para la supervivencia. Además, hay que agregar a esto la virtud o más bien, hacer que la virtud misma de ayudar a las personas o ser mejor en la vida, un placer. Quizás pueda sonar ascético, pero la idea es ser virtuosos en la vida y lo mejor podría ser de esta forma.

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