jueves, 11 de septiembre de 2014

Platón - La República (Libro III: Los guerreros).


Volvemos con los mismos personajes Sócrates, Glaucón y Adimanto. Ahora examinarán las cosas que son pertinentes a la ciudad y las artes, antes de analizar el problema de la justicia que había quedado pendiente después de el debate con Trasímaco en el primer libro. Muchos de los planteamientos en este libro (y en los precedentes también) difieren totalmente sobre los de Aristóteles, no olvidemos que éste último fue un alumno muy crítico de su maestro, pero volveremos a este asunto más adelante. Concentrémonos en los planteamientos que se sostendrán ahora.

Advertencia: 

Antes de leer este tercer libro, sería muy útil que los textos como ''la Illíada'' y ''la Odisea'' ambos del mismo autor (Homero), sean leídos a causa de que el contexto lo exige así. La mayoría de los ejemplos citados para determinar los rasgos del guerrero, son de éstos dos celebres libros griegos.

Definiciones:

(1) Ditirambos: Composición poética de la Antigua Grecia en honor a Dionisio


Libro III

Capítulo I
Sócrates-Adimanto



Una vez acentuadas las correctas formas de relatar fábulas a los niños y jóvenes, Sócrates se propone analizar las cosas que aluden a al divinidad en la poesía y las cosas que pueden ayudar a los muchachos en la lectura.
  • ¿Deberán formarse jóvenes valientes en la ciudad? Sí
  • ¿Se les moldeará para que no teman a la muerte en absoluto? No.
  • Entonces, es preciso enseñar a los jóvenes que no denigren al Hades, sino que le respeten.
Sócrates nombra una serie de extractos de la Illíada y la Odisea para analizar las partes temerarias de ellas.

No intentes consolarme de la muerte, noble Odiseo. Preferiría estar sobre la tierra y servir en la casa de un hombre pobre, aunque no tuviera gran hacienda, que ser el soberano de todos los cadáveres de los muertos (Homero, La Illíada canto XX). 
Y a los inmortales y humanos la lúgubre casa les mostraba. Que aun en los dioses espanto produce (Homero, La Illíada canto XXIII). 

Conservar la razón, rodeado de sombras errantes. 
 

Y el alma sus miembros dejó y si fue al Hades, volando y llorando su destino y la fuerza y la hombría pérdidas. 
 

Y el alma gimiente se fue bajo tierra lo mismo que el humo. 
 

Como cuando los murciélagos en lo más profundo de una cueva sagrada revolotean estridentes cuando se desprende uno de la hilera y cae de la roca, y unos y otros se agazapan, ya sea para salvar gimiendo.
¡Ay de mi! Por lo visto en el Hades perduran el alma y la imagen, aunque privadas de juventud y vigor.

La intención de Sócrates no es perjudicar a los poetas griegos, ya que esta censura de ninguna manera afecta su valor poético; es decir, estas partes serán censuradas para los niños y jóvenes de dicha ciudad.

Capítulo II
Sócrates-Adimanto



Sócrates advierte que los nombres designados como El Cocito, La Éstige, Los de abajo o los espectros, ya que este tipo de nombres espantan a todos en la ciudad. Se suprimirá de los textos:
  • Los gemidos y las quejas de los guerreros celebres.
Los títulos que posean los guerreros deben considera las siguientes características:
  • No llorar ante los cadáveres como si les hubiera sucedido algo terrible (En virtud de que no sea tan sensible).
  • Alguien que no necesita de los demás.
  • No debe lamentarse tanto (Así aguantará más las desdichas que ocurran).
En la Illíada aparecen muchas lamentaciones que hacen los guerreros. Es claro cuando la madre de Hector se lamenta por la la muerte de éste.

Capítulo III
Sócrates-Adimanto

De este modo, Sócrates dice que los jóvenes no incurrirán en actos temerarios y mucho menos los justificaran a través de los libros de estos poetas. Adimanto asiente la propuesta de Sócrates.

Tampoco se debe exhortar a los jóvenes a la risa, es decir, no se les puede representar a los grandes héroes o dioses en situaciones vergonzosas o que produzcan risa. Por lo tanto, deberemos extinguir el siguiente pasaje de Homero:

El inextinguible nación entre los dioses la risa cuando vieron a Hefesto jadeante pasar delante del palacio. 

Capítulo IV
Sócrates-Adimanto



Los jóvenes que se dirigen hacia la educación de un guerrero, seles tendrá que suprimir las partes de los textos que aluden y fomentan los placeres compulsivos como:

Estar delante de las mesas que se ven repletas de carnes y pan y el escanciador extrae de la gruesa cratera el licor y lo vierte en las copas.
Sócrates dice que los jóvenes que necesiten templanza y control de sí mismo, no debieran leer estas partes de los textos griegos, puesto que aluden a los placeres compulsivos.

Lo mismo pasa con Zeus y los demás dioses griegos quienes se ven tentados por las bellezas de las diosas como Hera o Afrodita. O el engaño que hacen los dioses a los hombres.

Capítulo V
Sócrates-Adimanto



Entonces, Sócrates y Adimanto acuerdan que todos estos textos promueven cosas que son falsas.
  • La necesidad de los dioses de engañar.
  • La burla que ocurre de los dioses (en el caso de Hefesto).
  • Las transformación de los dioses en humanos.
  • El lamento exagerado de los héroes.
  • La avaricia y el poder de riquezas de los guerreros.
Una vez examinados los elementos que promueven tales características a los niños, Sócrates se propone examinar las cosas de escritura y significados que tiene la poesía de esos tiempos.

Sócrates dice que no es bueno que los poetas muestren al hombre justo como desdichado y al hombre injusto como feliz, ya que de ser así, esto solo dejaría como enseñanza que la injusticia es buena y aún mejor si se comete sin ser visto.

Contradictoriamente, Adimanto acepta el argumento de Sócrates: el hombre justo no debiera ser desdichado y el hombre injusto sí. Por lo tanto, Sócrates puede volver a retomar el tema de la justicia, aunque antes seguirá determinando los tipos de escritos o narraciones de los poetas.


Capítulo VI
Sócrates-Adimanto


Ahora los que dialogan se atenderán de analizar los estilos de lo que se dice en los escritos. Sócrates explica a Adimanto que existen narraciones que hablan de cosas pasadas, presentes y futuras. Éstas se dividen en caracteres de narración simple (relato del autor sobre la historia) o bien de imitación (se hace creer que el autor es el personaje en cuestión). 
  • En este caso específico de la Illíada Adimanto, Homero sería un imitador, ya que pareciera ser que nos habla el personaje en vez del autor mismo del poema.
  • En cambio, hay partes en que Homero describe los hechos sin recurrir a la imitación de un personaje, eso se llamaría ''narración simple''.


Capítulo VII
Sócrates-Adimanto



Existe un tipo de imitación donde solamente se relata la historia de los personajes, suprimiendo la labor del narrador, es decir, la ausencia completa del que relata a cambio del propio personaje como relator de su historia. Ésta imitación generalmente la tiene la tragedia y la comedia.

Otra narración pertenece a los que hace los propios poetas como es el caso de los ditirambos(1). Aquí el narrador es el relator de la historia sin intervenir como personaje.

Y una tercera que combina los dos métodos, que generalmente se utilizan en los relatos de guerra o epopeyas.

Sócrates, en consideración de lo anterior, pregunta a Adimanto si es correcto que el guerrero sea un imitador. Éste le sugiere que resultaría difícil e incluso imposible, ya que habían establecido que nadie puede estar con más de una profesión y además ser bueno en la propia.


Capítulo VIII
Sócrates-Adimanto



Una vez establecido que los guardianes no deben preocuparse de otro oficio que no sea el suyo, se procede a examinar la imitación.
  • Los guardianes deben imitar desde pequeños a héroes valerosos. De lo contrario, imitarán cosas vergonzosas y que no corresponden a la profesión.
  • La imitación como formadora de una segunda naturaleza hasta volverse como si fuera prístina.
En la dicción de la narración, se cuentan historias relacionadas tanto con hombres buenos y malos. Sócrates dice que el lector que se encuentre con la descripción de éste hombre de bien, el lector no tendrá miedo de imitar tales acciones de las que lee, en cambio, si fuera un hombre malo el que hace las aventuras, entonces el lector no lo imitará, o quizás de una manera muy superficial. 


Capítulo IX
Sócrates-Adimanto


La dicción como la de Homero, sería la apropiada en las narraciones apropiadas para el guerrero de la ciudad. Existe otra dicción mediocre que consta solamente de imitaciones; así, el narrador imitará incluso hasta el viento que se describe en la historia.

Entonces las clases de dicción se dividen así:
  • Primera dicción: Invariable, uniforme y en una sola armonía. 
  • Segunda dicción: Variable, existe toda clase de armonías y ritmos.
Para la formación de la futura ciudad, Sócrates adhiere a la imitación pura de lo bueno. Si existiera una persona que pudiera combinar estos dos tipos de dicción, se tendría que ir de la ciudad puesto que ésta está compuesta de hombres que solo lleven una profesión. Como habíamos dicho anteriormente, nadie puede hacer más de lo que le está predeterminado hacer.


Capítulo X
Sócrates-Adimanto-Glaucón



Sócrates, Adimanto y Glaucón se proponen ahora analizar los métodos musicales. Existen 3 elementos de los que se compone la melodía:
  • Letra
  • Armonía
  • Ritmo
La armonía y el ritmo deben acomodarse a la letra y no se deben aceptar tonalidades que promuevan la molicie y la pereza. Una de estas tonalidades es la llamada tonalidad lidia, que representa las lamentaciones.



Tampoco deben aceptarse las armonías propias de la embriaguez como las jónicas y también parte de las lidias.


No debieran entonces considerarse tales armonías que incitan al guerrero a la lamentación o a la pereza, sino a la valentía, al respeto por los dioses y el velar por la paz. Sin embargo, Sócrates al no saber lo suficiente de música, no es capaz de establecer las armonías exactas para la ciudad, pero si acuerda con Glaucón que no deben tener variabilidad, sino que solamente uniformidad.

Por otro lado, se necesitarán instrumentos musicales como la lira y la cítara por su uniformidad en cuanto a las armonías.


Capítulo XI
Sócrates-Glaucón


Sócrates esta vez se ve un poco complicado debido a que sería muy difícil determinar los ritmos apropiados, así como lo hicieron con las armonías. Por esta razón Sócrates hace las siguientes preguntas:
  • La gracia de los gestos ¿depende del ritmo que se tenga? Sí.
  • El buen sentido de ritmo y la carencia de el dependen de la dicción.
  • Lo mismo pasa con lo armónico y los disonante.
  • Las palabras y la dicción dependen del modo de ser del alma.
Cuadro de dependencia:

↑: Dependencia.

Alma

Dicción

Ritmo

Gestos



Entonces, la gracia gestual, el buen ritmo y la buena dicción son causas de la buena disposición del alma. Es así que los guerreros y jóvenes de la ciudad debieran poseer tales características.


Capítulo XII
Sócrates-Glaucón


Sócrates y Glaucón aceptan que la música es uno de los elementos más importantes en la educación de los guardianes.

Sócrates dice que el guardián, si tiene una buena disposición del alma, solo amará a la persona que pertenezca a su misma armonía, mientras que a los de armonía inferior no la amará. Sin embargo, Glaucón objeta a Sócrates que tal vez, este guardián no amará a la persona de armonía inferior en términos de espíritu, pero que es posible que la ame en cuanto al cuerpo; y aquí es cuando Sócrates comienza con las preguntas:
  • ¿Tiene algo en común el desborde de placer con la templanza? No.
  • ¿Y entre este placer y la virtud en general? Si.
  • ¿Entre este exceso y la incontinencia? Sí.
  • ¿Un placer mas vivo que el placer amoroso? La locura.
  • ¿No consiste el amor en aquellos que es bello y ordenado? Sí.
  • Entonces no se debe relacionar el amor a nada que sea desordenado e incontinente.
Así, concluyen Sócrates y Glaucón que la música encuentre su fin en el amor a la belleza.


Capítulo XIII
Sócrates-Glaucón


Luego de la música, es pertinente comenzar con la gimnástica y los cuidados del cuerpo para la educación del guerrero. Sócrates pregunta y Glaucón responde:
  • ¿Es el alma la que concede al cuerpo todas sus perfecciones? Sí.
  • Entonces le conferiremos al cuerpo los cuidados que necesita considerando que el alma esta bien dotada.
Así, Sócrates dice que nada que conduzca a la embriaguez o a los vicios debe ser considerado en la educación de los guardianes y esto se aplica también a los cuidados del cuerpo. La alimentación en este sentido es clave.

Un modelo a seguir para los guerreros serían los grandes atletas, pero Sócrates objeta que el régimen de estos atletas siempre induce al sueño y esto podría traer penosas consecuencias. Ahora Sócrates dice que el régimen de los guerreros debiera ser más flexible.Los guerreros no deben sufrir daño alguno y para esto, Sócrates piensa en el texto de la Illíada de Homero donde a los soldados se les alimentaba solamente con carne asada. Deben abstenerse eso si de los condimentos, la pastelería ática, las comidas de Siracusa.


Capítulo XIV
Sócrates-Glaucón


Existen situaciones ignominiosas que describe Sócrates como la dependencia de alguien más para solucionar problemas propios. Por supuesto, el guerrero jamás podría recurrir a estas cosas incluso en el ámbito de la medicina, a menos que sea que se enferme por una epidemia o algo por el estilo (algo inevitable).

Éste capítulo en realidad habla sobre las preocupaciones y cuidados del cuerpo que tiene que tener el ciudadano en general. La ciudad que está construyendo Sócrates, no puede valerse de ciudadanos que no cuidan su salud entre si, ya que en la ciudad hay ocupaciones y no están pensadas para que alguien se enferme y tenga que cuidar de su enfermedad y de su oficio simultáneamente.


Capítulo XV
Sócrates-Glaucón



Como se había dicho anteriormente, no hay tiempo para los ciudadanos de enfermarse y si ocurriera que se enfermara, el artesano, por ejemplo, si le prescriben en la receta que debe estar largo tiempo en cama, éste despedirá al médico y continuará su labor hasta el final. Esto se debe a que pasar una vida enfermo y sin trabajo, no vale la pena.

Sócrates menciona a Focílides quien decía que cuando se contaba con todas las necesidades básicas, los ciudadanos se tenían que dedicar al ejercicio de la virtud. Pero no se adentra más en el tema, ya que no quiere disputar nada contra Focílides.

Por otro lado, Sócrates y Glaucón se ven en un problema debido a que si existiera el ejercicio de la gimnasia, se solaparía con los oficios y deberes que debe ejercer el ciudadano. Es entonces cuando entra la doctrina de Asclepio que postula que el ciudadano con una enfermedad interna y crónica no se le debiera prolongar la vida, a modo de evitar el sufrimiento y la descendencia que pudiera obtener de dicha enfermedad.

Capítulo XVI
Sócrates-Glaucón


Glaucón añade que en la ciudad debieran haber médicos que sean buenos en su profesión. Sócrates, por otro lado, dice a Glaucón que los médicos que serán virtuosos en su profesión, serán aquellos que hayan estado más tiempo en presencia de cuerpos defectuosos; por lo tanto, si lo han estado en presencia desde niños, mucho mejor.

  • No es el cuerpo quien cuida al cuerpo, sino el alma.
En contraste, el juez gobierna las almas por medio del alma, pero el juez no debería haber estado desde pequeño con almas defectuosas, es por eso que el juez a diferencia del médico tiene que estar rodeado de almas puras para él también mantenerla así.

Entonces, el juez es un hombre de bien y un hombre justo; en cambio, los hombres malos se muestran hábiles y rápidos solamente cuando están con los de sus mismas características, pero cuando están en frente de un hombre de bien, se comportan estúpidamente.



Capítulo XVII
Sócrates-Glaucón


Sócrates dice que los médicos y jueces de la ciudad deben ser como los anteriormente descritos; es decir:
  • Deben dejar morir a los que poseen un cuerpo crónicamente enfermo (En el caso de los médicos).
  • Deben matar a los ciudadanos de alma incorregible (En el caso de los jueces).
Luego se proponen ahondar en las dificultades que trae dedicarse solamente a un aspecto de la educación en la ciudad, la gimnasia o la música.
  • Quienes se dedican solamente a la gimnasia se embrutecerán.
  • Quienes se dedican solamente a la música se volverán más delicados.
Es por esto que Sócrates, dice a Glaucón que las dos dependen de la disposición del alma. Por mucho que se dediquen a la gimnasia  embellezcan su cuerpo, su alma estará descuidada y puede llegar a al embrutecimiento. Sin embargo, si existe una buena disposición del alma, el cuerpo será usado de manera sensata y correcta. Lo mismo pasa con la música.


Capítulo XVIII
Sócrates-Glaucón



Así, la dedicación por separado de estos dos conceptos, llevaría a un exceso y por lo tanto, a un mal.
  • La sola dedicación a la música nos daría como resultado un guerrero débil
  • La sola dedicación a la gimnasia nos daría como resultado un guerrero irascible.
Pero si se lograran combinar las dos cosas, podría formarse un guerrero hábil y fuerte; inteligente y poderoso. Es por esto que Glaucón y Sócrates llegan a la conclusión que el guardián o el guerrero de la ciudad debe recibir una educación donde estos dos elementos se relacionen mutuamente y no por separado.


Capítulo XIX
Sócrates-Glaucón


Sócrates y Glaucón comienzan a establecer las características que debe tener todo gobernante:

El gobernante:
  • Anciano por su sabiduría y experiencia.
  • El mejor en el oficio que desempeñe.
  • Debe rehusar todo lo que no esté relacionado con la ciudad.
Debido a esto, Sócrates considera necesario vigilar a este tipo de gobernantes en todas sus edades para asegurarse de que estos no caen en excesos o en tentaciones. Esto Sócrates lo explica a través de las opiniones que los ciudadanos emiten; estas pueden ser voluntarias o involuntarias:

Voluntarias:
  • Renunciar a las cosas malas.
Involuntarias:
  • Renunciar a las cosas buenas.
*Puede que no se entienda muy bien esto de las cosas voluntarias e involuntarias, pero más adelante se verá con mucha más claridad.




Capítulo XX
Sócrates-Glaucón



La selección de guardianes se describe de la siguiente forma: 

Se vigilarán desde pequeños a dichos guardianes y se seleccionarán:
  • Quienes tengan buena memoria.
  • Quienes sean difíciles de embaucar.
  • Quienes soporten más dolores.
  • Quienes no sean asustadizos.
  • Quienes se comportan bien en cuanto al ritmo y la armonía.


Capítulo XXI
Sócrates-Glaucón


Sócrates cuenta a Glaucón el mito de fenicio sobre la naturaleza de los hombres, o como es también llamado, El mito de los metales.

Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis en la ciudad -les diremos siguiendo con la fábula-; pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente ocurra que cada clase de ciudadanos engendre hijos semejantes a ellos, puede darse el caso de que nazca un hijo de plata de un padre de oro o un hijo de oro de un padre de plata o que se produzca cualquier otra combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o hierro, el gobernante debe estimar su naturaleza en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima conmiseración, a la clase de los artesanos y labradores. O al contrario, si nace de éstos un vástago que contenga oro o plata, debe apreciar también su valor y educarlo como guardián en el primer caso o como auxiliar en el segundo, pues, según un oráculo, la ciudad perecerá cuando la guarde el guardián de hierro o el de bronce.»

Acorde al relato, pareciera ser que cada hombre esta predestinado a ser un metal y a comportarse como tal. Si era un metal como el bronce o hierro, era un ciudadano malo y que nunca debiera gobernar la ciudad. Sócrates advierte que este relato no es más que una mentira.


Capítulo XXII
Sócrates-Glaucón


El régimen de vida de los guardianes se establece por vía común, es decir, todo es compartido, incluso, la habitación en que ellos vivan. Deben vivir en común, de lo contrario, se volverán administradores déspotas que solo querrán bienes para ellos y no a la comunidad en la que viven. 

*Este planteamiento de Sócrates recibió muchas críticas en el libro La Política de Aristóteles. De hecho estas serían quizás los primeros relatos que hablen sobre una ciudad donde debía existir las propiedades en común. Puede ser un primer acercamiento al Comunismo.


Conclusión

El régimen de vida de los guerreros y su educación dependen de muchos factores. Muchos de ellos coinciden con nuestra sociedad actual y de hecho son las bases de toda convivencia a excepción de la doctrina de Asclepio, la función de los médicos y los jueces, el mito de los metales y la propiedad en común. Es interesante ver como se plantea la dualidad mente/cuerpo por medio de conceptos llamativos como lo son la gimnasia y la música. Sin embargo aun queda mucho por recorrer en estos aspectos del alma. El tema de la justicia aún no ha sido del todo resuelto, aunque cierto atisbo pudimos ver en este libro.

3 comentarios:

  1. Excelente sinopsis de los Diálogos de Platón. Gracias por compartir tu trabajo. Un abrazo.

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    1. Graciasa ti por comentar en el blog compadre, un abrazo también

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