sábado, 13 de septiembre de 2014

Platón - La República (Libro V: Las mujeres).


La primera parte del libro se dedica a revisar la labor de la mujer en la ciudad a construir. Aquí vemos nuevamente como se relaciona a la familia y a las mujeres como propiedad común en la ciudad. Quizás, estos podrían ser los primeros vestigios escritos del Comunismo luego del libro ''La ciudad de Dios'' de San Agustin. La última parte del libro se dedicará a establecer los detalles del conocimiento y sus distintas propiedades.

Referencias:
(1) Los griegos no conciben el cuerpo como un todo integral, sino como una composición de varias partes.


Libro V

Capítulo I y II
Sócrates-Adimanto-Glaucón-Trasímaco


Sócrates se disponía a hablar sobre los tipos de gobiernos que existen una ciudad; sin embargo, Glaucón, Trasímaco (quien se había unido la conversación) y Adimanto, objetaron a Sócrates que un tema no había quedado solucionado: el tema de la convivencia en común.

Es por esto, que los dialogantes interpelan a Sócrates para que este punto quede completo y así proseguir con los tipos de gobierno que era el tema que se proponía desarrollar Sócrates.

Glaucón y Trasímaco le piden a Sócrates responder a todas sus preguntas detalladamente sobre el tema de la convivencia entre el guerrero, su mujer y sus hijos. Sócrates accede de buena forma y comienza desarrollar el tema.

Capítulo III
Sócrates-Glaucón


Sócrates les dice a estos hombres que las mujeres deben seguir la misma educación de los guardianes. Deben instruirse igualmente en la gimnasia y en la música tal y como lo hacen los guardianes. 


Capítulo IV
Sócrates-Glaucón



Ahora, bien reconoce Glaucón que hay una diferencia en cuanto a la naturaleza de los hombres y las mujeres y que por lo tanto se debiera tener trabajos exclusivos para cada uno. Sin embargo, se caería en una contradicción tremenda debido a que habíamos dicho anteriormente que ningún hombre podría diferir en cuanto a educación a las mujeres.

Tenemos una contradicción porque cada ciudadano debe remitirse a lo que su naturaleza le ha asignado hacer. Y es evidente que la naturaleza del hombre y de la mujer difieren.

No obstante, no existe una diferencia en las habilidades para dicho trabajo, es decir, la naturaleza del trabajo no discrimina si el ciudadano es hombre o mujer. Si bien los dos tienen distintas naturalezas, la naturaleza del trabajo no exige expresamente un genero específico.


Capítulo V
Sócrates-Glaucón



Sócrates acepta que existen marcadas diferencias entre los dos sexos, pero que estas no necesariamente tienen que diferir de los trabajos a realizar.

Pero, las mujeres si resultan ser mas diestras en ciertos oficios relacionados con las comidas mientras que el hombre no tanto. La mujer suele ser más débil en oficios relacionados con la guerra, pero eso no significa que no pueda ejercer dicha tarea. Solamente, sería más difícil emprender ese camino, ya que el hombre es mucho más fuerte que la mujer.

Capítulo VI
Sócrates-Glaucón



Se acepta entonces que las mujeres de los guardianes deben recibir la misma educación que estos en cuanto a la música y la gimnasia.

Luego, Sócrates pregunta a Glaucón sobre si existen hombres mejores y peores. Glaucón naturalmente responde que si existen y que estos son los llamados guardianes. 
  • Los hombres instruidos en la música y en la gimnasia serán los mejores guardianes, así como también lo serán las mujeres.


Capítulo VII
Sócrates-Glaucón

Ahora se proponen analizar la situación que habíamos descrito en el libro anterior de La República: las mujeres e hijos en común. Las mujeres no deben vivir privadamente con ningún hombre, ni los hijos tampoco pueden ser privados; todos deben ser comunes.

Naturalmente, Glaucón queda un poco desconfiado de este argumento y dice que traería muchos problemas. Sócrates pide excusarse por esta vez de la explicación de la realización de la convivencia en común en la ciudad, pero adelanta que si traería muchos beneficios en cuanto a una unidad política, que necesariamente necesitará una ciudad.

Capítulo VIII
Sócrates-Glaucón


Sócrates dice a Glaucón que no deben existir en la ciudad relaciones promiscuas que lleven unas a otras a un desastre lleno de lujuria; es por esta razón, que se debe instruir el matrimonio en la ciudad.

Luego, ¿que beneficios traen estos matrimonios que plantea Sócrates? Sócrates comienza con las preguntas:
  • Glaucón ¿No tienes en tu casa unos perros cazadores de buena raza y otras de mala raza? Sí.
  • ¿Te preocupas de que nazcan solo los mejores? Sí.
  • ¿De los más viejos, de los jóvenes o de los que están en la flor de la edad? El tercero.
Así, Sócrates extrapola los cuidados que Glaucón tiene de sus perros a los humanos, es decir, en el matrimonio solo deben existir una unión entre las razas más perfectas. De este modo, se tendrá un rebaño mucho mejor en la ciudad.


Capítulo IX
Sócrates-Glaucón



Llevarán a los hijos de los mejores a un dispensario donde se encontrarán con otros hijos que tengan las mismas características, mientras los hijos que tengan características inferiores se les pondrá aparte y ocultamente a los primeros.

Las madres de estos hijos solo podrán amamantarlos durante las primeras etapas de su crecimiento. Luego, las ayas y nodrizas tendrán la responsabilidad de cuidarlos. 

Por otra parte, los padres deben concebir a estos niños en la flor de la vida. Es preciso que las madres los tengan a los 20 y el hombre de esta mujer tenga 30 años. Los padres que no lo hagan hasta esa edad serán condenados de impiedad e injustos.

Capítulo X
Sócrates-Glaucón



Todo lo que divida a una ciudad será o que lo lleve a su perdición, en cambio, lo que une preserva su existencia. La ciudad que comparta sus penas y alegrías entre la comunidad, será una ciudad unida, pero la que se apropia los sentimientos y emociones para si, será desunida.

La expresión ''esto es mío'' y ''esto no es mío'' serán las pruebas de unidad que la ciudad debe tener y la que otorgará más unidad a esta.

Del mismo modo, cuando un hombre se golpea un dedo, todo el cuerpo sufre el dolor y es preciso que el alma y el cuerpo busquen la solución a dicho problema (1). La ciudad debiera responder de la misma manera cuando un hombre sufre o se alegra con una determinada situación. 


Capítulo XI
Sócrates-Glaucón



Sócrates continúa con las expresiones que se utilizan en la ciudad para llamar a los ciudadanos y los gobernantes. Sócrates pregunta y Glaucón contesta:
  • En los otros pueblos ¿existen gobernantes y un pueblo como en la nuestra? Sí.
  • ¿Cada uno de ellos se llaman entre sí ''conciudadanos''? Sí.
Ahora las preguntas van dirigidas sobre como llaman a los gobernantes:
  • ¿Como llama el pueblo de las otras ciudades a sus gobernantes? En algunas señores y en las democráticas gobernantes.
  • ¿Como los llamará el pueblo de nuestra ciudad? Salvadores y protectores.
  • ¿Como llaman los gobernantes de otros pueblos a su pueblo? Siervos.
  • ¿Y entre gobernantes? Colegas de gobierno.
  • ¿Y los nuestros? Compañeros de guardia.
Sócrates pregunta a Glaucón si en la ciudad llamaremos de esta forma a los amigos al igual que en otras ciudades, Glaucón responde negativamente, ya que nadie en la ciudad que se va a conformar pueden llamarse amigos o extraños porque todos son familiares, todos tendrían que llamarse o hermanos o hijos en una ciudad de convivencia común.

Sócrates le dice a Glaucón que no solo debe llamarseles por el nombre de parentesco, sino que también se deben comportar de acuerdo a como se les llame; por ejemplo, si es un padre comportarse como tal y si es un hijo lo mismo.


Capítulo XII
Sócrates-Glaucón



Básicamente, debe existir un respeto hacia los mayores y los menores deben obedecer a todas las reglas que se prescriban en cuanto a los ciudadanos mayores. De no ser así, se les castigará severamente por los guardianes de la ciudad que estarán vigilando dichos comportamientos.


Capítulo XIII
Sócrates-Glaucón



Así, todas estas prescripciones y formas de la ciudad conformaran el apropiado modo de vida en el que deban vivir los guardianes, con respecto a las mujeres, su trato será igual a la de los guardianes y los dos vivirán en mutua felicidad habitando en al ciudad.


Capítulo XIV
Sócrates-Glaucón



El arte de la guerra debe suceder en común, es decir todos deben ir a la guerra. Los niños en este caso deben estar presentes en la guerra para que conozcan como son las luchas y para que al mismo tiempo lo guerreros se sientan más animosos a luchar.

Obviamente, Glaucón advierte el peligro de exponer los hijos a la guerra; pero Sócrates le dice a Glaucón que a los hijos también se les debe proveer de seguridad; por lo tanto, si los hijos van a ser testigos de a guerra también se les debe proveer de seguridad para que atestigüen. 


Capítulo XV
Sócrates-Glaucón


Los respectivos honores acordes a la cultura griega se deben otorgar a los guerreros valerosos que hayan tenido la intención de defender con su vida la soberanía del pueblo. A los caídos en batalla también se los honrará como héroes de la ciudad.

En cuanto a la esclavitud es necesario que no haya ningún esclavo griego para que no sea sometido tampoco a mano de los bárbaros. Sócrates aconseja que todos los helenos deben actuar de la misma forma.

Capítulo XVI
Sócrates-Glaucón


Sócrates comienza diferenciando como se dividen estas dos clases de conflicto llamando una: diferencias en lo doméstico (guerras internas) y diferencias en lo ajeno (guerra).

La hostilidad que ocurre en la guerra interna Sócrates la llama sedición y que esta no debiera ocurrir en la ciudad que se va a fundar, puesto que existen guardianes bien educados que no actuarían como promotores de peleas, sino que al contrario como verdaderos moderadores. Ahora, si pasara un disenso interno, los culpables tendrían que pagar con la pena asignada por los dioses y por los jueces.

Por otro lado, Sócrates añade el concepto de civilización entre los griegos, es decir, que una vez que haya sido atacado un pueblo bárbaro, los guerreros no deberían quemar casa ni apropiarse de campos. Solo deberían privar de sus frutos al pueblo vencido y retirarse. Eso correspondería a la clase de guerreros que se quiere formar.

Capítulo XVII
Sócrates-Glaucón



Lo que se ha conversado y visto hasta acá, han sido las características principales de la ciudad que Sócrates propone a los oyentes. Todo esto con el fin de contestar a la pregunta que incluso en el primer libro ya estaba postulada que se trataba de la justicia.

El hombre justo, dice Sócrates, no se diferenciará de la justicia, sino que será semejante a ella. Sin embargo, Sócrates admite que esto puede no resultar que exista un hombre así completamente. Se ha descrito al hombre justo pero no quiere decir que en efecto exista, Sócrates nos dice que lo mismo puede pasar con la ciudad, su planteamiento está ahí pero puede que su realización no llegue a concretarse aunque no significa que no pueda llegar a existir.


Capítulo XVIII y XIX
Sócrates-Glaucón



Sócrates reconoce que todo el entramado que se ha construido de la ciudad aunque ésta esté gobernada por filósofo, no podrá llegar nunca a la felicidad ni en el ámbito publico o privado. 

Se comienza con el concepto del amor. Un enamorado no puede amar específicamente una parte de lo que ama, sino que su totalidad. Los que aman la sabiduría en su totalidad son los filósofos y quien la ame solo de manera parcial, no lo es. Por lo tanto, los filósofos solo se dedicarían a la sabiduría y no al ejercicio de gobernar puesto que este ultimo o no lo aman, o lo aman en parte.

Capítulo XX
Sócrates-Glaucón



Para explicar el conocimiento y la opinión, Sócrates expondrá 3 ejemplos de distintas personas de la ciudad:
  • Los aficionados a los espectáculos o a las artes.
  • Los hombres dotados para la acción.
  • Los verdaderos filósofos.

Tipos de hombres
Aficionado a los espectáculos
Verdadero filósofo
Características
Gustan de buenas voces, sonidos, colores y formas.
Amante de la verdad y la sabiduría.
Percepción
No pueden percibir lo bello en sí mismo.
Puede percibir lo bello en sí mismo.
Estado
Ensoñación.
Vigilia.
Razonamiento
Se funda en la apariencia.
Se funda en el conocimiento.

El primero no puede ver lo bello en sí mismo puesto que su razonamiento se funda en apariencias y está en un estado de ensoñación porque solo reconoce una parte de lo que es bello, que es la parte de la apariencia. Mientras que el filósofo, al tener su razonamiento basado en el conocimiento, puede captar lo bello en sí mismo. 

A esto hay que agregar algo: 

  • Lo que se conoce existe y lo que no se puede conocer, en realidad no existe.

Pero Sócrates dice que hay algo entre la existencia y la no-existencia.


  • Sobre lo que se conoce: hay conocimiento e ignorancia.
  • Sobre lo que no se conoce: hay un intermedio entre estas dos.
Esto que existe en medio del conocimiento  e ignorancia, Sócrates lo llamará ''Opinión'' (Δόξα). 

Capítulo XXI
Sócrates-Glaucón



Sócrates define así las capacidades: 

''Es un genero de realidades gracias a las cuales podemos hacer lo que hacemos, y lo mismo que nosotros, cualquier otra cosa que posea también dicha facultad''
En estas capacidades no se distingue forma ni color, ni ninguna de las cosas que eran mencionadas en las características del aficionado a los espectáculos. La capacidad es un elemento en el cual yo me sirvo para acometer ciertos objetivos.

Así, el saber y la opinión serían capacidades, pero cada una va por destinos distintos; por lo tanto conocer y opinar no son lo mismo. 

Se conoce lo existente y no se conoce lo que no existe y se opina de lo que existe como también de lo que no existe.

Capítulo XXII
Sócrates-Glaucón


El aficionado a los espectáculos siempre verá la multitud de cosas bellas que se le presentan, pero no será capaz nunca de captar lo bello en sí mismo porque como habíamos dicho anteriormente, su conocimiento se funda en las apariencias. Y puesto que no puede captar lo que no conoce, lo único que puede esbozar sobre lo bello en sí mismo es la opinión y a este mundo donde se presenta la multitud de cosas bellas, se le llamara mundo sensible y lo bello en sí mismo mundo inteligible (que solo puede ser captado por la razón).

Conclusión

Sin duda, otro libro interesante de Platón donde se ve el rol de la mujer en la ciudad y como ella puede favorecer al guerrero y viceversa. Muy contrario a su alumno Aristóteles quien decía que la mujer no debía tener derecho a una educación y mucho menos a la que reciben los hombres. La última parte del libro esboza ya algunos de los elementos cruciales para entender el mito que veremos en el Libro VII de La República llamado ''El mito de la caverna''. Queda resuelto el tema de la justicia (aunque no con mucho conformismo) y falta resolver lo que atañe a los filósofos y el conocimiento.

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