lunes, 15 de septiembre de 2014

Platón - La República (Libro VI: Los filósofos y el conocimiento).


En la última parte del libro anterior, habíamos visto como el conocimiento (Espisteme) se diferencia de la opinión (Doxa) y algunas características que el filósofo tiene en relación con el conocimiento. Solo el filósofo puede conocer el bien en sí mismo, puesto que conoce la verdad y ésta es la única que nos hace libre de las apariencias. Este libro y el siguiente, serán las bases fundamentales del platonismo que se han discutido durante siglos.

Definiciones:

(1) La cosa en sí: Expresión usada posteriormente por Immanuel Kant para demostrar que el hombre no puede percibir lo que son las cosas por sí mismas.

(2) Sofista: Viene de la palabra griega ''sophos'' que significa ''sabio''. Los pre-socráticos (Tales, Anaximandro, Anaximenes, Heráclito, Parménides, etc.) consideraban a los sofistas como sabios; sin embargo, Sócrates los define aquí como pervertidores de la educación de los jóvenes, ya que lo que hacen los sofistas, son solo habilidades retóricas y no necesariamente representan sabiduría.


Referencias:

(1) El desprecio a la muerte considerada como una actitud valiente y alejada de la cobardía. Este concepto se verá mas en detalle en Fedón.

(2) Con esta aseveración, cada vez más nos acercamos al mito de la caverna.

Libro VI

Capítulo I
Sócrates-Glaucón

Como habíamos establecido en el libro anterior, hay un hombre que puede captar la multitud de la belleza y la variedad de estímulos que se le presentan, pero en cambio existen hombres que son capaces de ver ''la cosa en sí'' (1). De alguna manera, existe un mundo sensible que está rodeado de cosas que nos llaman la atención y existe un mundo inteligible que solo es captado por la razón y solo las personas que pueden ver las cosas en si mismas, pueden acceder a éste mundo.

Glaucón pregunta a Sócrates quienes son los que deben ser los guardianes de la ciudad y Sócrates responde que quienes conozcan las leyes y su funcionamiento apropiado. Luego, Sócrates hace una pregunta sobre quienes debieran custodiar la ciudad ¿debieran ser ciegos o tener buena vista?

Sócrates dice que si el que tiene buena vista no puede ver lo que es bello o justo en sí mismo, ni tiene ningún modelo claro en su alma, son tan incapaces como los ciegos de gobernar. Por lo tanto, debemos tener como guardianes de la ciudad a quienes tengan pleno conocimiento del ser.


Capítulo II
Sócrates-Glaucón


Es claro como habíamos dicho que el filósofo debe ser quien se muestre siempre ávido por el conocimiento de todas las cosas. Es quien puede ver las esencias de las cosas permanentes exentas de generación y corrupción, es decir, aquellas cosas que se mantienen siempre como una sola.

El filósofo debe:
  • Ser amante de la verdad en su totalidad y no parcialmente.
  • Ser amante del conocimiento.
  • Ser capaz de percibir la esencia de las cosas.
  • Inclinarse a los placeres del alma y no a los placeres del cuerpo.
  • Tener espíritu de libertad.
  • Despreciar a la muerte (1).
  • Tener buena memoria.
  • Ser mesurado.
Sócrates termina la descripción preguntando ¿Será posible que los filósofos puedan gobernar?


Capítulo III
Sócrates-Adimanto

Sorpresivamente, Adimanto aparece en la escena y discute con Sócrates sobre los filósofos debido a que estos no tienen una buena reputación. Una prueba de ellos es que los filósofos viven en la pobreza extrema (por ejemplo, Sócrates era muy pobre), se dedican al ocio mas que a la productividad y a la abstracción más que a lo práctico.

Sócrates admite todas las censuras que Adimanto hace a los filósofos. Cabe destacar también que estas son las acusaciones de la gente de la época.

Capítulo IV
Sócrates-Adimanto

Un ejemplo que pone Sócrates para contra argumentar la acusación a los filósofos, es el ejemplo del capitán de un barco con sus marineros. 

Éste capitán era alto y corpulento, pero por otro lado era sordo, corto de vista. Acto seguido, los tripulantes, hartos de la dirección de aquel capitán, lo obligan a que salga del mando argumentando que para la navegación no se necesita ser instruido (cosa falsa, ya que para la navegación se necesita saber la dirección del viento, del mar y el clima que se podría aproximar). Entonces, el jefe queda reducido a una persona sin importancia mientras que los marineros son los que llevan el timón. Lo que quiere decir ésta historia es que la opinión de la gente no siempre es la correcta y siempre se van a dejar persuadir por quienes utilicen genialmente las palabras, o en el peor de los casos la violencia.  

Capítulo V
Sócrates-Adimanto

La naturaleza de los filósofos queda marcada por la búsqueda incansable del ser y su lucha por desenmascarar las apariencias ¿Quién entonces estaría más capacitado en ejercer el mando que el propio filósofo quien es buscador de la verdad? ¿Alguien que no se deja llevar por las apariencias?

Capítulo VI
Sócrates-Adimanto

Si bien hay características buenas en los filósofos, existen también excepciones de corrupción entre ellos. Sócrates nos dice que las mismas cualidades que se le reconocen a un filósofo, son las mismas que lo pervierte o corrompe. 

Este elemento que es capaz de convertir al filósofo en corrupto, es la mala educación. La mala educación en Grecia según Sócrates, se debe a los antiguos retóricos llamados sofistas (2). 

Capítulo VII
Sócrates-Adimanto


Los sofistas multaban a los que no lograban entender sus palabras con castigos, privaciones de derecho y pena de muerte. Este sistema que usan los sofistas para dar educación siempre lleva una retribución, es decir, un dinero a cambio de la enseñanza. Por lo tanto, no deberían los sofistas ser llamados sabios porque como dijimos en los libros anteriores, los filósofos deben solo dedicarse a los placeres del alma y a la verdad. 

Capítulo VIII
Sócrates-Adimanto


Sócrates dice que no existe medio alguno para que el vulgo pueda reconocer lo bello en sí, por lo tanto, el filósofo que pueda ver lo bello en sí será censurado por el vulgo y más aún, por esos particulares que quieren agradar al vulgo (los políticos por ejemplo).

Entonces la solución para que el filósofo no sea censurado por el pueblo, es que su educación desde muy joven haya sido buena. De este modo, la gente lo llenará de honores y lo colmarán de elogios y estos mismos querrán sacar provecho de éste.

Ahora, esto puede traer problemas, puesto que al estar colmado de elogios, puede convertirse en un arrogante que solamente se dedique a obtener riquezas y no a reflexionar. Incluso, si fuera alguien que le hablara con la verdad y le dijera que lo que está haciendo esta mal, tampoco lo escucharía y seguiría con su actitud arrogante (2). 

Capítulo IX y X
Sócrates-Adimanto


Así es como el vulgo se ha dedicado a desacreditar a la filosofía y a la figura del filósofo poniéndolo como alguien arrogante y entregado mas bien los placeres que a la reflexión.


Con todos estos perjuicios, resulta difícil que el filósofo pueda llevar una vida feliz. Siempre el filósofo se podrá mantener a salvo resguardándose de las leyes que hacen los hombres o de las injusticias que comete el vulgo. De todos modos, este camino es uno de los más difíciles. 

Capítulo XI
Sócrates-Adimanto
La filosofía en la ciudad


Adimanto pregunta si existe alguna constitución o tipo de gobierno que se adecue a la filosofía tal y como la habían descrito. Frecuentemente, el alma se corrompe una vez que el filósofo cae en la arrogancia  y deja de lado toda actividad pública por considerarla que no es de su altura. Para que esto no ocurra, la educación en los jóvenes debe ser permanente, ya que si llega a cambiar se corromperá. 

Este es el principio de que la naturaleza que prevalezca más tiempo, será a final de cuentas la que pueda gobernar correctamente, pero si es cambiante a lo largo del tiempo, lo hará de modo incorrecto.


Capítulo XII
Sócrates-Adimanto
Sobre el gobierno del filósofo


Sócrates y Adimanto concuerdan en que sería muy difícil que un filósofo pueda gobernar debido a su austeridad en los temas públicos y encima, a su desprestigiada vocación. Sin embargo, solo el gobierno de estos puede llevar a la ciudad a una manera justa de gobierno, puesto que ellos son los que conocen el bien, la justicia y lo bello en sí mismo. Lamentablemente, siempre habrá un ambicioso de poder que quiera apoderarse de este a través de la opinión del vulgo y además, a costa de la filosofía.

Capítulo XIII
Sócrates-Adimanto
Sobre el diseño de la forma del gobierno por el filósofo


Cuando los filósofos reciben estas acusaciones por parte del vulgo, ellos no pueden atacar de la misma manera y rebajarse a ese nivel, ellos solo deben mirar las cosas más elevadas y contemplarlas en sí mismas. El filósofo, finalmente, es un ser divino y ordenado que ha alcanzado la contemplación de las cosas únicas y permanentes (Mundo del conocimiento) y que no puede estar ocupado de lo múltiple y cambiante (Mundo de las apariencias).

De este modo, si el recto filósofo gobernará en vistas del bien y la verdad en si mismas, el pueblo no tendría por qué abuchearlos y desprestigiarlos, puesto que no se puede hacer tal cosa con un amante de la verdad y del ser.

Capítulo XIV y XV
Sócrates-Adimanto
Sobre las pruebas que deben sortear los filósofos gobernantes


Ya que se ha convencido al pueblo de que los filósofos son amantes de la verdad y del conocimiento, se deben sortear otro tipo de obstáculos que pueden perjudicar al filósofo.

Se había dicho que para ser gobernante se debía pasar por un tipo de pruebas relativas a los placeres, peligros, trabajos, ejercicios, y el que resultara vencedor sería elegido para gobernar mientras que al otro no. Por otro lado, también se necesita la combinación de dos tipos de ciudadano, puesto que el espíritu vivaz dejará de lado lo que son los estudios, mientras que el culto dejará de lado los deberes del cuerpo. 

Por lo tanto serían muy pocos los que podrían ser eventualmente elegidos para tomar el mando de una ciudad.

Capítulo XVI
Sócrates-Adimanto
Sobre el conocimiento del bien


Sócrates le hace recordar a Adimanto los 3 aspectos del alma: 
  • Aspecto cognoscible: relacionado con la sabiduría.
  • Aspecto de la templanza: relacionado con el deseo.
  • Aspecto del valor: relacionado con lo irascible.
Sin embargo, dice Sócrates, no hay nada más importante que la idea del bien. Si los 3 aspectos del alma no están orientados hacia la idea del bien, no serviría de nada que existan, puesto que es el ''bien'' lo que las hace útiles.  Recordemos que es en el bien donde se encuentra el conocimiento y el mal donde está la ignorancia.

Capítulo XVII
Sócrates-Adimanto
Sobre el placer como el bien supremo


Para algunas personas el bien consiste en el placer y para otras consiste en el conocimiento. Sin embargo mucha gente llama bien a lo que se les muestra en apariencia y creen que ese es el bien en sí mismo. Por eso es que mucha gente considera el placer como el máximo bien, pero deben reconocer también que existen placeres malos, entonces, ninguna de estas personas podría llevar a cabo la labor de gobernar una ciudad. 

Capítulo XVIII
Sócrates-Adimanto-Glaucón
Sobre la percepción del bien en sí mismo


Adimanto, luego del dialogo, pregunta  a Sócrates la opinión que el tiene sobre el placer, puesto que el dice que el bien es el conocimiento, si es así, entonces ¿que son los placeres? a lo que Sócrates dice que la opinión que el tenga de tales asuntos , no interesa en lo más mínimo porque como habíamos visto, la opinión es un conocimiento inconsistente y que no está dirigido directamente al conocimiento sino que en medio de éste y la ignorancia.

Esto causa un poco de disgusto a Sócrates y propone a Adimanto y a Glaucón ver el problema desde otra perspectiva recordando todo lo que habían visto previamente, Sócrates pregunta:
  • ¿No es verdad que existen cosas bellas en si mismas y buenas en si mismas? Sí.
  • ¿No decíamos que lo múltiple era visto pero no pensado? Sí.
  • ¿No decíamos que las ideas son pensadas pero no vistas? Sí. 
Una vez aclarado esto, Sócrates interroga sobre los órganos y sus percepciones:
  • ¿Con que sentido vemos lo que es visto? Con la vista.
  • ¿Con que sentido escuchamos lo que es escuchado? Con la audición.
  • ¿Existe alguna cosa ademas del oído para oír, los ojos para ver? No.
Sin embargo, cuando uno ve y es visto se necesita algo más. Sócrates responde que es la luz. En efecto, sin la luz no podríamos vernos a nosotros mismos, ni a los que nos están viendo.

Capítulo XIX
Sócrates-Glaucón
Sobre la idea del bien


¿Quien hace que podamos ver la luz en la tierra? El sol lo hace. Éste sol, dice Sócrates, está directamente relacionado con dios. Si bien no es parte de los órganos de los sentidos, es necesario para que podamos ver.

Por lo tanto, cuando el sol permite ver al ojo los objetos como son en realidad, entonces los comprendemos, los reconocemos y esto es lo que finalmente se llama inteligencia, pero si el ojo fija su atención en algo oscuro, no podrá concebirlo y lo único que se podrá formar de él, es la opinión. Finalmente pasa a alejarse de la inteligencia.

Aquí tenemos el primer elemento del bien: El sol.

Capítulo XX
Sócrates-Glaucón
La alegoría de la linea


Sócrates comenta a Glaucón que existen dos mundos: el mundo de lo visible, y el mundo inteligible y en ellos reina el bien y el sol. Para explicarlo, Sócrates le pide que trace una linea vertical y una los elementos de cada mundo.

El sol
El bien
Mundo visible
Mundo inteligible
Imágenes
Cosas materiales
Objetos lógicos, matemáticos
Ideas
Imaginación

(Eikasia)
Creencia

(Pístis)
Razón discursiva

(Dianoia)
Inteligencia

(Nóesis)
Opinión (Doxa)
Conocimiento (episteme)

 Así, se nos presenta que el sol es el mundo visible donde se encuentran:
  • Las imágenes que nos acercan a formular una representación no muy clara de las cosas que llamaremos imaginación.
  • Las cosas materiales donde ya se puede tener una aproximación más clara; dicha aproximación llamaremos creencia.
Mientras que en el bien, que está presente en el mundo inteligible se encuentran:
  • Los objetos matemáticos que nos brindan el pensamiento.
  • Las ideas que nos brindan y potencian la inteligencia.

Capítulo XXI
Sócrates-Glaucón
Sobre las cuatro operaciones del alma


Es preciso entonces que el ser humano se desplace desde el más pequeño conocimiento, hasta el más profundo que sería alcanzando el mundo inteligible.

Los 4 modos del alma coinciden con los 4 grados de conocimiento que vimos en la alegoría de la línea.

Grados
Niveles del alma
El primero (y el más elevado)
Inteligencia
El segundo
Pensamiento
El tercero
Creencia
El cuarto
Imaginación

Conclusión

Dura y esforzada vida la de los filósofos quienes deben soportar las calumnias de un pueblo cuando gobiernan. Difíciles son los requisitos que un filósofo debiera tener para gobernar e incluso para ser llamado filósofo. y tomar en consideración todas las disposiciones del alma.

Toda la teoría que hemos visto anteriormente, es la antesala para analizar una de las más celebres alegorías que tiene la teoría del conocimiento, ''La alegoría de la caverna''. Esta, no solo ha influido en el campo de la filosofía, sino que también en el ámbito psicológico y pedagógico. Hay que aceptar que también se ha criticado fuertemente la alegoría. En el análisis de libro  ''El elogio de la locura'' de Erasmo de Rotterdam, hay una referencia a este mito y encima una crítica. Insisto, el Libro VI es fundamental para comprender la teoría platónica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario