domingo, 9 de abril de 2017

San Agustín de Hipona - Las confesiones (Libro VI: Fin de la adolescencia) (397).

Muy importante fue para San Agustín de Hipona su relación con San Ambrosio, pero aún más importante fue la relación con su madre. De alguna manera, el filósofo de Hipona fue ingrato con su madre en los primeros períodos de su vida, pero su madre nunca se rindió al pedir por él todos los días. Los valores católicos de San Agustín han entrado profundamente en su pensamiento y desde ahora dedicará su vida a defender a la Iglesia Católica, con los argumentos apropiados para alejar todos los cismas posibles.

Las Confesiones
LIBRO VI: SAN AMBROSIO Y SANTA MÓNICA

Mónica en Milán

Como decíamos en el libro anterior, Mónica sentía que algo grave pasaba con Agustín. En efecto, San Agustín, aparte de estar con fiebre pasaba por una crisis de identidad al dejar la secta maniquea y desconfiar de la Iglesia Católica. Sin embargo, cuando Mónica se enteró de esto era suficiente para que comenzará a sentir cierto alivio. 

La voluntad que tenía mónica para con él maravillaba al filósofo. A Mónica le estaba prohibido entrar a Milán para dar ofrendas a los mártires caídos y cuando lo supo, obedeció con tal actitud. Además, Mónica ponía toda su fe y esperanza en el obispo San Ambrosio quien la ayudaría para que finalmente San Agustín se convirtiera. 

La relación entre San Agustín y San Ambrosio

Agustín tenía una admiración completa por San Ambrosio, quien recitaba y enseñaba a sus alumnos con una retórica admirable. El obispo nunca tenía tiempo para leer los libros que él quisiera, al contrario siempre andaba preocupado de sus clases lo que no le dejaba tiempo para seguir estudiando. 

De todas formas, Agustín se sentaba cerca de él para escucharlo. Siempre quiso saber más de él, pero lamentablemente, el obispo siempre estaba muy ocupado para hablar con Agustín, por lo que no pudieron hablar mucho.

Es en esta parte de la vida de San Agustín en que comprende la diferencia entre la lectura literal y lectura interpretable. Como dice el Corintios 3:6 ''La letra mata, más el espíritu vivifica'', lo que quiere decir que la lectura literal de la biblia es inservible para entender la profunidad de lo que quiere decir. 

Alipio y la felicidad

Agustín estaba arrepentido de todo lo que había hecho y le contaba a sus amigos que debían dejar las locuras. Agustín se sentía de algún modo tranquilo cuando creía saber estas verdades de los maniqueos, pero en realidad es que tenía muchas dudas que lo angustiaban. Aquí es cuando se compara con un mendigo, quien, al recibir unas pocas monedas está feliz, pero con una felicidad temporal. Al menos la felicidad del mendigo fue alcanzada y la felicidad de Agustín no era alcanzada.

Alipio, un amigo cercano de San Agustín, era un libertino en la ciudad de Cartago. Se divertía con todo tipo de entretenimientos, pero San Agustín nunca lo siguió. De hecho, Alipio asistía regularmente a las clases de San Agustín, pero luego el filósofo tuvo problemas con el padre de Alipio y no pudo volver a asistir a clases.

Pasado el tiempo, Alipio pudo reencontrarse con Agustín y escuchar ciertas lecciones del filósofo. En ese momento, Agustín aprovechó de darle una lección sobre los mejores tipos de vida: la libertina o la cristiana, a lo que Alipio quedó convencido de que la segunda era muchísimo mejor que la primera. Desde esa clase, Alipio cambió su forma de ser. 

Angustia y desesperación de Agustín 

Luego de enterarse de que Ambrosio estaba muy ocupado como para ayudarlo, San Agustín cayó en una desesperación por conocer la verdad de la vida. 

No obstante, sea con o sin la ayuda de Ambrosio, Agustín aceptó la fe católica y comenzó a responder a las preguntas inquietantes que tenía. 

Una de aquellas era acerca de la muerte Si Dios no está aquí y lo vemos una vez estemos muertos ¿por qué vivir entonces? porque el cuerpo que es creación de Dios no es algo a aborrecer. Todas las creaciones provienen de Dios y por lo tanto, el cuerpo y la materialidad deben amarse tanto como las inteligibles. 


Pretensiones de casamiento

El mismo Alipio trataba de persuadir a San Agustín de que no se casara pues así nunca podrían ir en busca de la verdad como se habían prometido, ya que San Agustín no tendría tiempo para hacerlo. 

San Agustín, por su parte, le decía que no tenìa nada de malo casarse, que incluso habían hombres muy doctos que tenían tiempo tanto para sus estudios como para su familia. A pesar del argumento presentado por el filósofo, Agustín no estaba muy convencido de lo que había dicho pero el hecho es que sólo quería casarse. 

Finalmente, San Agustín decide casarse con el consentimiento de su madre, quien pensaba que por fín Agustín podría liberarse del pecado a través del bautizo. Sin embargo, las cosas se complicaron un poco porque en el Imperio Romano,la regla del matrimonio consistía en esperar dos años antes de tomar como esposa a la mujer. En este tiempo, Agustín dejó a la esposa con quien se casaría y buscó otra mujeres.

Conclusión

Aún no podemos ver la conversión al catolicismo de San Agustín, aunque debemos considerar esta etapa de San Agustín como un período de lascivia y pecado, pues con estos acontecimientos acababa su adolescencia. De hecho, así nombra a su adolescencia San Agustín: ''merecedora del olvido y el reproche''. En efecto, la adolescencia es un período difícil en todo niño que busca su identidad en las numerosas culturas y subculturas que eventualmente pueden existir en una sociedad. A partir del siguiente libro, veremos un Agustín maduro y con ganas de encontrar la verdad. 

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