martes, 7 de febrero de 2017

San Agustín de Hipona - Sobre las dos almas del hombre (391).

¿Qué quiere decir que el hombre tenga dos almas? San Agustín de Hipona nos ha dicho que el alma proviene de Dios, al ser éste último mucho más divino que la misma alma. En todo caso, este no es un libro que responde a una duda que San Agustín tuviera eventualmente, sino que más bien es una crítica a sus adversarios religiosos de siempre: los maniqueos. Recordemos que San Agustín ya nos decía en otros libros que el bien no podía tener contrarios porque de ser así, entonces Dios no sería omnipotente. Por el contrario, los maniqueos consideran que el bien y el mal son dos sustancias que se enfrentan continuamente. Veamos cómo el santo de Hipona puede acabar nuevamente con el maniqueísmo. 

SOBRE LAS DOS ALMAS DEL HOMBRE

Capítulo I: Definición del pecado y de la voluntad

De acuerdo con la religión maniquea, el alma de los hombres está creada en parte por Dios, en parte por las tinieblas. Así, todo lo que es carne en el ser humano proviene del diablo y el alma pura viene de Dios. 

Para San Agustín, esto ni siquiera podría ser posible porque el mal proviene de la voluntad del hombre. El pecado no se encuentra en lugar alguno, salvo cuando el hombre obra con deliberación. Ahora, ¿qué entiende San Agustín por voluntad? lo siguiente:


''La voluntad es un movimiento del alma, exento de toda coacción, dirigido a no perder o a conseguir algo''

De ahí que Adán y Eva no tuvieran otra razón de pecar que su propia voluntad. Nadie puede ser forzado a pecar ni siquiera por otro hombre, porque que exista la presión del pecado, no significa que el hombre debiera ceder a él.

San Agustín también define el pecado de la siguiente manera:

''Pecado es la voluntad de retener o conseguir algo que la justicia prohíbe y de lo que hay libertad para abstenerse''

De aquí sacamos que el pecado sigue estando en la voluntad del hombre y no en otro hombre. Esto es una refutación a los maniqueos quienes decían que el mal o el pecado eran fuerzas extrañas a la naturaleza del hombre, que lo hacían pecar sin el hombre poder contenerse. 



Capítulo II: Las almas de Dios


El error de los maniqueos es poner el alma ''mala'' como obra de Satanás y no como obra de Dios. Sin embargo, ¿cómo es posible asentir que Dios es la creación de todo y no la creación de esa ''alma mala''? Sin duda que sería algo ridículo. 

Además, todas las cosas que tengan vida las tienen por Dios. Si ésta alma mala tuviera que existir, entonces necesitaría vida; por lo tanto, todo lo que tiene vida está hecho por Dios. 

Alma y sentidos

Así como lo aseguraba Platón en su momento, San Agustín nos dice también que los sentidos están por debajo de las cosas que nos ayudan a percibir el alma. Estas cosas son la inteligencia y la mente. Esto es lo que San Agustín llama ''vida'', es decir, la combinación entre inteligencia y mente. 

Lo contrario de esta ''vida'' que llama San Agustín sería justamente el pecado. De ahí que San Pablo diga:


''La viuda que vive entre deleites está muerta''
(1-Timoteo 5:6)


Aquí tenemos el mejor ejemplo de cómo, a pesar de que la mujer está ''muerta'', ella vive porque el pecado necesita estar vivo para ser tal.  Por lo tanto, cualquier cosa ya sea material o inteligible proviene de Dios. 

El alma mala de los maniqueos

La teoría de este tipo de alma caería en un error si se le preguntara a un maniqueo cómo es que esta alma se puede percibir.  Si dicen que es con la mente, entonces esta alma mala es muy superior a todas las cosas corpóreas de este mundo, incluyendo a la luz. 

Los maniqueos adoran mucho la luz y la consideran sagrada por frente de muchas cosas. No obstante, Agustín dice que incluso si la mosca tuviera un alma, ésta sería mejor que la luz que ellos adoran, pues lo inteligible siempre está por encima de lo sensible. 

Pero hay un problema que puede surgir a todas estas argumentaciones. El vicio sería muy superior también a todas las cosas carnales de este mundo, ya que los vicios son inteligibles y no sensibles. 


Capítulo III: Dios y el origen del pecado

San Agustín apoya la teoría de Dios todo creador con esta cita de Juan:

''Todas las cosas fueron hechas por él y sin él no se hizo nada''
(Juan 1:3)

Por otro lado, en contra respuesta bien puede citarse otro verso que contradice el primero en el mismo evangelio de Juan. 

''Vosotros no sois de Dios''
(Juan 8:47)

Para aclarar esto, debemos pensar en algunas cosas previas. Recordemos lo dicho por San Agustín hace un momento; estamos vivos pero si pecamos estamos muertos. Nuestra vida depende de Dios, pero el pecado depende de nosotros, es decir, no somos pecadores por Dios, sino que por el pecado mismo. 

¿Qué quiere decir entonces que no seamos de Dios? No somos de Dios cuando pecamos porque ya que el pecado se hace voluntariamente, voluntariamente nos alejamos de Dios, y es ahí cuando no pertenecemos a él.

El hombre y el pecado

La lógica de los maniqueos para encontrar el origen del mal es básica e intuitiva. Si el mal proviene del pecado ¿de dónde proviene el hombre? si el mal proviene del ángel ¿de dónde provienen los ángeles? Todas estas preguntas nos llevarían a Dios directamente, con la intención de decir que el mal proviene de Dios, pero San Agustín no aprueba esto. 

Recordemos que todo el mundo se hizo a partir del bien y éste bien es Dios mismo. Por lo tanto, debemos decir que el supremo bien es Dios. La verdad es que, como se ha dicho anteriormente, el pecado no puede existir sin voluntad.  

Capítulo IV: El problema del pecado

Uno de los problemas es ¿qué ocurre cuando estamos obligados a pecar? a veces se entiende erróneamente esto de ''obligación'' veamos algunos ejemplos:

  • Si sabemos que alguien nos hará daño y lo recibimos voluntariamente, entonces estaría pecando aquel que sabe que lo van a herir.
  • Si quien quiere pecar no lo logró, bastará la sola voluntad para que se le considere pecador. 

Lo único que podría estar fuera de pecado es que a alguien se le obligue a pecar, pues estará coartado de toda libertad. 

Capítulo V: Definición de pecado


San Agustín define de la siguiente manera el pecado:

''El pecado de la voluntad de retener o conseguir algo que la justicia prohíbe y de lo que hay libertad para abstenerse''

De acuerdo a los maniqueos, el pecado pertenecería al mal y a Dios con el bien. En el principio estaban las dos sustancias separadas y ahora resulta que están mezcladas la una con la otra. Ahora ¿de dónde provino esta mezcla? San Agustín nos dice que es difícil creer en dicha mezcla, es decir, ¿acaso el alma mala se quiso hacer buena mezclándose con la mala?

Existe una contradicción definitiva, pues ¿cómo las almas que pertenecen al sumo mal van a conocer el bien? si quisieron mezclarse con el bien entonces la conocían y por lo tanto, las almas malas conocían el sumo bien lo cual es absurdo, porque pertenecen al sumo mal. Por otro lado, el sumo mal es ausencia de todo bien y la existencia es un bien; por lo tanto, el sumo mal ni siquiera podría moverse o más bien, ni siquiera podría existir. Finalmente, el alma mala de los maniqueos no existe. 

Las almas no son malas por naturaleza

Todo hombre tiene la capacidad de arrepentirse, y el arrepentimiento siempre conviene en cualquier aspecto de la vida. El alma es la que se arrepiente de los pecados y si tiene ésta capacidad, entonces el alma no tiene maldad por naturaleza; por lo demás, si fuera mala por naturaleza, entonces todo lo malo estaría justificado. 

Conclusión

Este es otro de los ataques de San Agustín en contra de la secta maniquea. Por otra parte, también es una obra que trata de completar la definición del pecado que ya en otro libro podría definir. En todo caso, esta alma de la que habla San Agustín va mucho más allá de refutar un concepto maniqueo, junto con esto también supera al viejo Platón quien también concebía dos almas en el hombre en el mito de Fedro. Por otro lado, San Agustín no deja de lado las sagradas escrituras para seguir refutando a quienes no quieren aceptar los mandamientos divinos. Sólo nos queda afirmar que sólo tenemos un alma y ésta es buena. 

1 comentario:

  1. Siempre se espera impaciente lo que diga el Doctor de la Gracia muy bueno Gonzalo

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