martes, 16 de agosto de 2016

Marco Tulio Cicerón - De Natura Deorum (Sobre la naturaleza de los dioses) (Libro II: Existencia de los dioses) (45 a.C.).

Presenciamos en el libro anterior una crítica fulminante a Cayo Velleio, quien defendía la escuela epicúrea. Ahora tenemos que ver qué responde la defensa de la escuela epicúrea luego de las fuertes críticas de Cotta. Por ahora hemos visto un escepticismo irrefutable por parte de la visión estoica. ¿Y cómo no? recordemos las justificaciones inconsistentes sobre dios basado en el epicureísmo. Claramente Balbo tendrá una tarea muy difícil al querer entrar a refutar a la moralista escuela estoica.

Referencias:

(1) No se acierta siempre, pero hay probabilidades de acertar. 
(2) A los dioses se les teme.
(3) Esta idea aristotélica será mantenida muchos siglos después
De Natura Deorum

LIBRO II: EXISTENCIA DE LOS DIOSES

¿De verdad no existen los dioses?


Balbo comienza diciendo que quien es capaz de negar a los dioses, tendrá que ser capaz de negar el mismo sol. Es cierto que el juicio de la gente y la ignorancia que estas llevan, han dejado en el olvido aquellos mitos imaginarios de seres que no existe y nunca han existido (Quimeras, Centauros). 

¿Qué podremos decir de los soldados que han visto a los dioses e las batallas? ¿O que podemos decir de los tributos entregados a los dioses los cuales sirvieron para la guerra y defensa de la República?

Los harúspices son otro tema, pues ellos son los adivinadores de todas las cosas. Claro, algunos han fallado y otros acertado, pero es lo mismo en la medicina; a veces se logra curar al enfermo y otras no y no por eso no creeremos en la medicina. 

Pruebas de la existencia de los dioses

Balbo nos dice que existen cuatro condiciones para probar que los dioses existen:


  1. Conocimiento previo de los acontecimientos futuros(1).
  2. Los beneficios que traen al creer en ellos.
  3. El temor que inspira la naturaleza(2) (rayos, terremotos, etc.).
  4. El movimiento, el orden y la revolución de los cielos. 

En cuanto a la última, es necesario aclarar que el movimiento y todas esas cosas tiene un orden preciso e inalterable. Solo una fuerza muy poderosa podría haberlas puesto ahí en orden (porque el ser humano no pudo ser). 

El calor como principio fundamental

Ya lo decía el mismo Aristóteles en su tercer tratado sobre la naturaleza. El calor es la fuente de toda vida y en efecto, los animales tienen calor porque están vivos, cuando mueren es que están fríos. 

Podemos decir que el calor que tenemos los seres humanos es producido justamente por el movimiento del alma. De hecho, todas las cosas tienen calor por dentro, lo que quiere decir que todas ellas tienen alma (incluyendo los cuerpos celestes). El único que pudo poner el alma en los seres vivos es dios, porque los humanos no tienen esa facultad. 

Esta perspectiva nos indica que los dioses no son ociosos como lo planteaban los epicúreos, sino más bien virtuosos y trabajosos. 

Dios como la totalidad del mundo

Del mismo mundo proviene el calor y es el mismo mundo el que se puede abastecer a sí mismo. En efecto, el mismo mundo da las semillas para que sigan existiendo plantas, da el aire, el calor y el lugar apropiado para que la reproducción de lugar.

Además, ¿a quién podemos atribuir el orden total del universo? pensemos en todas las cosas que tienen un lugar adecuado y que, de alguna manera, están ordenadas incluso matemáticamente. Ningún humano pudo ser responsable de una obra así, más que una sustancia superior a todas. 

La forma circular que representa el mundo es perfecta porque la misma figura de la esfera es perfecta. Es infinita y no tiene partes( lo que la hace perfecta) además de ser el centro del universo(3).

Por último, el plan último de la providencia es el más perfecto de todos, pues en todos puso la semilla de la conservación. Todo animal está preparado para conservar y perpetuar su propia especie para seguir viviendo. 


Conclusión

Bueno debo confesar que es algo inesperado porque pensé que sería una refutación a la no existencia de los dioses, pero sosteniendo que los dioses no existen; es decir, una inexistencia alternativa. No obstante, Balbo hace una apología total a la existencia de los dioses esforzándose todo lo que puede para convencer a los interlocutores. Podemos ver que los argumentos de la existencia de dios son tan verosímiles como los argumentos en contra de la existencia. Sólo falta ver qué respuestas dará Cotta quien responderá en lo sucesivo. 

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