domingo, 29 de noviembre de 2015

Aristóteles - Ética a Nicómaco (Libro VII: Examen sobre los vicios).

Hemos hablado bastante ya sobre las virtudes éticas y dianoéticas. Falta hablar y analizar ahora sobre los vicios y cosas que son contrarias a la virtud, en efecto corresponde que se investigue primero las cosas que nos parece buenas para luego analizar las cosas que son contrarias y por lo tanto, malas. Todos quisiéramos evitar las malas acciones y quedarnos solamente con las virtudes, pero suele ocurrir que no podemos contenernos con respecto a dichas acciones. La incontinencia es una de ellas, pues la ira nos hace cometer actos ilícitos que son penados por la ley. ¿Qué haremos con estos vicios que no nos permiten hacer el bien? Veamos que nos dice Aristóteles sobre los vicios.

Definiciones:

(1) Incontinencia: referida a no poder soportar la atracción de los placeres.

Referencia:

(1) Aunque alguno de ellos son brutos por enfermedades. 
(2) Este nombre lo he puesto yo, ya que quise abreviar el nombre tan largo que tiene.
(3) Parece ser que Aristóteles considera la homosexualidad como una enfermedad.



Ética a Nicómaco


LIBRO SÉPTIMO: EXAMEN DE LOS VICIOS

Capítulo I: Vicios y sus contrarios


Luego de analizar todas las virtudes debemos decir las cosas que se necesita evitar: el vicio, la incontinencia y la brutalidad (o bestialidad). Sus contrarios son la virtud, la continencia y la sobriedad. 

Realmente es difícil encontrar a un ser que se conciba en extrema virtud, quizás en ese caso deberíamos hablar sobre Dios mientras que para hablar sobre el vicio en extremos podríamos hablar de los bárbaros(1).  

Capítulo II: El hombre incontinente(1)

Suele ocurrir que un hombre que puede juzgar correctamente se deje llevar por la incontinencia. Este parecer ya lo objetaba Sócrates, pues él nos decía que nadie puede ser incontinente con respecto a cosas que sabe que no es bueno ser incontinente, de hecho, afirmaba que la incontinencia no existe porque nadie puede obrar contra lo bueno a sabiendas de que es bueno, sino por ignorancia.

El hombre incontinente pareciera más que tener ciencia tener opinión porque finalmente es vencido por los placeres. Sin embargo, si fuera así tendríamos que decir que la pasión es más poderosa que la ciencia. Sólo la prudencia puede aplacar las pasiones de la incontinencia, pero un hombre no puede ser prudente e incontinente a la vez. 

Aunque por otro lado, si hay pasiones buenas la prudencia sería mala pues estaría deteniendo a dichas pasiones. Ahora, cuando el hombre está enfadado y sabiendo que hay cosas buenas hace una mala, podríamos decir que a sabiendas de lo bueno comete lo malo. Por lo tanto, en esos casos podríamos decir que la incontinencia se puede cometer a sabiendas. 


Capítulo III: Incontinencia

Detengámonos un poco más en la incontinencia. Si decimos que el incontinente se deja llevar por la opinión y no por el conocimiento, en verdad es ambiguo porque quien comete una incontinencia cree que la opinión que tiene es verdadera y por lo tanto sumo conocimiento. 

En todo caso, la incontinencia muchas veces nos lleva a pensar que es un estado de locura, así como el sueño o el delirio. Pero difiere de alguna manera

La incontinencia dentro de la lógica

Como habíamos dicho la opinión es algo que está dentro del incontinente, si es así entonces el incontinente puede tener dos clases de opiniones como por ejemplo, la negativa que dice ''No todo lo dulce es placentero'' y por otro lado la positiva que dice ''Todo lo dulce es placentero''.

Estas dos opiniones son universales, pero también hay una opinión particular que sucederían a las dos universales: ''esto es dulce''. como resultado tendríamos dos premisas alternativas:

Proposición Universal: Todo lo dulce es placentero
Proposición Particular: Esto es dulce

Proposición Universal: No todo lo dulce es placentero
Proposición Particular: Esto es dulce

Si vemos entre ellas dos cuál opinión universal es verdadera, tendremos que decir que es la segunda, pues no todo lo dulce es placentero. Debido a esto, más que una opinión sería un conocimiento y los deseos van en contra de la razón, por lo tanto, el incontinente probará lo dulce a pesar de conocer la premisa de que ''no todo lo dulce es placentero''. 

La segunda premisa ''esto es dulce'' (la que es particular) corresponde al deseo porque ésta frase es la que nos moviliza a probar aquello que es dulce. 

Finalmente, pareciera ser que Sócrates tenía algo de razón, pues deseo va en contra del conocimiento de la premisa universal, pero sí está en acuerdo con el conocimiento de la razón particular, en otras palabras, el conocimiento sensible.


Capítulo IV: Especies de incontinencia

Es claro que tanto en la continencia como en la incontinencia existen los placeres porque uno placeres son necesarios y obligatorios, y otros son apetecibles y voluntarias pero que pueden causar excesos.

Placeres necesarios y obligatorios: son los que tienen que ver con la alimentación, las relaciones carnales (reproducción) y otras necesidades corporales. 

Placeres apetecibles y voluntarios: son las que tienen que ver con el honor, la victoria, la riqueza y otros bienes. 

Incontinencia de prestigio(2)

Cuando la incontinencia tiene que ver con las riquezas, el honor y la victoria, no la llamamos simplemente incontinencia, sino que ''incontinencia en cuanto a las riquezas, a la victoria y el honor''. Los hombres que se dejan llevar por este tipo de incontinencia no son censurados, pues nada con relación a estos bienes puede ser censurado. 

Incontinencia per se

Los hombres que se dejan llevar por los placeres y encima se dejan llevar por los excesos de aquellos, y que además no soportan el hambre, la sed, el calor, el frío o el dolor se les llama netamente incontinentes y sin ningún agregado.

Incontinencia de prestigio en extremo

También puede ocurrir que un hombre quiera llevar su prestigio de honor y riquezas más allá de todo límite. Un ejemplo puede ser la fábula llamada filopater dónde un hombre quería tanto honor que quiso enfrentarse con los mismísimos dioses. 


Capítulo V: Brutalidad

Hay un tipo de placer que no resulta de un tipo de naturaleza, sino más bien de un tipo de perturbación del discernimiento en el hombre. Esto puede ocurrir por falta de buena costumbre o por una mala naturaleza.

Brutalidad en las costumbres

Para ejemplificar la brutalidad, Aristóteles menciona algunos casos como la partera que se comía a los bebes cuando una madre lo daba a luz. Por otro lado, también menciona a las tribus que vivían a orillas del mar negro, quienes tenían la costumbre de comer carne humana (tanto niños como adultos).

Brutalidad por enfermedad

La brutalidad puede ocurrir también por medio de la enfermedad o la locura. Aristóteles nuevamente menciona algunos ejemplos como un hijo que dio en ofrenda a su propia madre en sacrificio, o como un esclavo que se comió el hígado de su compañero. Existen otros ejemplo como comer tierra, comer carbón, comerse las uñas o tener relaciones sexuales entre hombres(3).



Capítulo VI: Incontinencia de la ira y del deseo

La incontinencia que está relacionada con la ira es menos deshonrosa que la de los placeres. 

Cuando el hombre es presionado por la ira, éste escucha los dictámenes de la razón, pero no es capaz de hacerlos. En cambio, la de los placeres sólo se guía por la sensación inmediata de la razón. 

Además el colérico incurre en la violencia de manera franca, es decir, su ira nunca es guiada por la traición; la ira no es algo que se expresa ocultamente, sino de manera manifiesta. El deseo siempre nos lleva a la traición, pues nos atrae y nos persuade a engañar por el mero deseo de cierta cosa. 

Capítulo VII: Incontinencia con respecto al dolor y al placer

Con respecto a los placeres tenemos dos clases de hombres: los continentes (que no caen en los excesos) y los incontinentes (que sí caen en los excesos); también hay dos clases de hombres para los dolores: los débiles y los resistentes. 

Seguimos estableciendo que es mucho peor dejarse llevar por los deseos que por la ira; por ejemplo, es mucho peor golpear a alguien por deseo que por enojo, porque el primero es ya deliberado. 

Continencia y resistencia

Sin restarle mérito a la resistencia, la continencia es mucho más importante porque la resistencia consiste en la constancia de enfrentar retos y dolores, mientras que la continencia significa vencer. 

Quien no puede resistir en los dolores que todo mundo puede resistir lo llamamos débil o afeminado. Pero es digno de compasión que alguien no resista a dolores que son casi mortales como la mordedura de una serpiente u otro animal venenoso. 

Capítulo VIII: Licencioso e incontinente

Una de las diferencias entre estos hombres es que el licencioso nunca estará arrepentido de lo que hizo, mientras que el incontinente si muestra arrepentimiento en sus acciones. El hombre licencioso no puede ser curado (o es más difícil de curar) y por otro lado, el incontinente si puede serlo. 

En un sentido absoluto, la incontinencia no es un vicio propiamente tal, pues podemos diferenciarlo en otro tipo de incontinencia. Tenemos la incontinencia ciega que no escucha la razón y la otra que sí la escucha, evidentemente, es peor la primera porque es llevada por algo externo del individuo, sin elección. En camio la segunda incontinencia tiene elección pero no la toma, por lo tanto es peor que la anterior.


Capítulo IX: Obstinación


El hombre obstinado es el que persevera en su postura sin cambiarla por ninguna cosa. Estos mantienen una cierta semejanza con los continentes, pues estos tampoco difieren de su parece y no se dejan llevar por los placeres. 

La diferencia entre estos dos es que el continente se dejará persuadir por la razón y no por los placeres, mientras que el obstinado no se dejará convencer por la razón y sí en ciertos casos por los placeres.

El obstinado sigue su propio carácter ya sea por molestia o por deseo, sobre todo si hay algo que le impide llevar sus cometidos. En este sentido sí son parecidos a los incontinentes porque se dejan llevar por los placeres, aunque el incontinente no persevera en la razón.

Hombre continente: Se deja guiar por la razón y no por los placeres

Hombre obstinado: No escucha la razón y se deja llevar por los placeres.

Hombre incontinente: Escucha la razón, pero se deja llevar por los placeres.

Hasta el momento tenemos estas diferencias en cuanto a los hombres y sus disposiciones. 

Capítulo X: Incontinencia y prudencia

El hombre prudente es aquel que sabe y práctica aquello que sabe y el hombre incontinente es el hombre que sabe, pero que no practica lo que sabe. Esto nos dice que no por saber o tener entendimiento estamos exentos de ser incontinentes. Los incontinentes no perseveran como los continentes y se dejan llevar por los placeres más fácilmente. 

Capítulo XI: Opiniones sobre el placer

Aristóteles reúne en este capítulo algunas opiniones que se tienen sobre el placer.

  • El placer no es bueno, puesto que no es posible que el bien sea placer de manera absoluta.
  • Sólo algunos placeres son buenos, la mayoría son malos.
  • Aunque todos los placeres fueran buenos, no es posible que el bien supremo sea un placer.

En cuanto a la primera opinión, los que así opinan dicen esto porque convienen en que los placeres son llevados a través de los sentidos. 

La segunda opinión se funda en que los principales placeres nos llevan a enfermedades y actos vergonzosos.

La última opinión se funda en que creen que el placer no es un fin en sí mismo (ya que el bien sí lo es), y sí es un proceso. 

Capítulo XII: Los placeres como bienes

Hemos visto a lo largo de este libro que hay placeres absolutamente malos, pero existen otros que nos causan un placer bueno; dichos placeres corresponden a los que se relacionan con la salud; por ejemplo, el placer de que una herida sane.

En todo caso, mientras el hombre se va desarrollando, va encontrando que los placeres buenos son los más dignos, mientras que los más jóvenes aún les cuesta asimilar los buenos. 

Los placeres son procesos sin impedimentos que pertenecen a nuestra naturaleza. Como bien dicen las opiniones no es un fin.

Capítulo XIII: El placer y el bien supremo

El placer es algo contrario al dolor y por lo tanto sí es un bien. De acuerdo con Aristóteles, no hay ningún impedimento para que el placer se posicione como un bien supremo, aunque hayan muchos placeres malos. 

Para ser felices por medio del placer se tendría que estar en un estado placentero no sólo con las cosas que respectan al cuerpo, sino que también externas como la riqueza. Sin embargo, la riqueza en exceso y los bienes del cuerpo en exceso nos guiarán al desastre. Todos buscamos el placer y quizás todos tenemos un concepto diferente de la felicidad como placer, aunque hay muchas convergencias en dichos conceptos. 

Capítulo XIV: Placeres corporales

Estos placeres son los que más atraen a los hombres y si se toman con exceso los llevarán a la ruina. No obstante, si se llevan con moderación se considerarán (y así será) como virtud. El placer es malo si se toma en exceso. 

Conclusión

Una completa y profunda descripción del hombre en sus distintas disposiciones (sobre todo de los vicios), además del uso de la lógica para resolver ciertas cuestiones. Después de esto no nos puede quedar duda de cómo evitar los placeres que nos llevan al exceso. Desde el comienzo podríamos pensar que Aristóteles es un estoico o algo por el estilo, sin embargo, estoicos como Marco Tulio Cicerón o Lucio Anneo Séneca consideraban el bien, no como un término medio, sino como un extremo y  así tiene que ser (para los estoicos). Con este libro terminamos lo relativo a las virtudes y vicios en el hombre. Ahora nos enfocaremos en la amistad.

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